Mal que bien España y Navarra crecen en los últimos años, aunque sea de una forma un tanto ficticia. Ficticia porque buena parte de ese crecimiento deriva de la inyección de fondos de financiación europeos y del crecimiento de la población a causa de la inmigración. Es por esto, por otro lado, que los ciudadanos captamos un claro desfase entre lo que nos cuentan las estadísticas y la realidad percibida. Por un lado porque el empobrecimiento general a causa de la subida de los precios es absolutamente real, y por otro porque la riqueza per capita se encuentra hace tiempo estancada. En ese estancamiento una parte de la responsabilidad es el ajuste de la riqueza real a los precios. Si antes teníamos 100 monedas y ahora 120, pero lo que costaba 100 ahora cuesta 125, en realidad somos más pobres. Y si antes eramos 100 y teníamos una tarta de 100 kilos, y ahora somos 120 y tenemos una tarta de 110 kilos, en realidad tocamos a menos tarta aunque el tamaño de la tarta haya crecido.

Tampoco es que las cifras oficiales mientan, o no por completo. Es decir, tenemos manipulaciones como las de los datos del paro. Desde la reforma laboral ya no computamos como parados a los trabajadores temporales en paro. Esto significa que la realidad es la que es, pero tenemos 1 millón de parados más que los computados. El gobierno presume de unas cifras de paro que se encuentran claramente manipuladas, o por lo menos maquilladas con mucho descaro. Otrotanto podría decirse de los datos de ocupación. Tenemos más ocupados que nunca, tampoco muchísimos más ocupados que en 2007, pero con la diferencia que en 2007 había 45 millones de habitantes y ahora tenemos casi 50. O sea, en 2007 teníamos 20,4 millones de ocupados y 45 millones de habitantes. Ahora tenemos 22,4 millones de ocupados pero 50 millones de habitantes. Es decir, tenemos 5 millones más de habitantes pero sólo 2 millones más de ocupados. Por eso el crecimiento de los ocupados no se traduce en una sensación de aumento de la riqueza. Las cifras oficiales no mienten descaradamente, pero una cifra oficial aislada puede ofrecer una impresión equivocada. El conjunto de las cifras oficiales no ofrece un panorama tan optimista como pretende el gobierno.

Llegamos así al factor con el que comenzábamos la noticia. Desde 2021 Navarra crece, con todos los matices expuestos en los párrafos anteriores y algunos más, pero crecemos menos que el conjunto de España. Esto no es lo que pasaba históricamente en Navarra. Antes de 2021 podríamos decir más bien que sucedía lo contrario. Normalmente era Navarra la que crecía más que el conjunto de la nación. Por eso estábamos muy por encima de la media, porque veníamos de crecer durante mucho tiempo más que los demás. Y por eso mismo deberíamos estar preocupados ahora.
📊 #Gráficodelasemana
— Institución Futuro (@ifuturo) January 15, 2026
✈️Mientras #aeropuertos cercanos como ##Bilbao o #Zaragoza crecen en pasajeros, el de #Pamplona-Noáin sigue sin despegar
⭐️ La falta de conectividad aérea penaliza la competitividad de #Navarra. No es un lujo, es una necesidad
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Desde el segundo trimestre de 2021, o sea cuatro años y medio, no ha habido ni un trimestre en que Navarra haya crecido por encima del conjunto nacional. El súper conglomerado de progreso encabezado por Chivite no ha sido capaz en cuatro años y medio de batir el crecimiento medio nacional. Esto significa como poco dos cosas. Primero que Chivite y su gobierno están gestionando peor que la media. No es que no sean los mejores, es que no llegan a la media. En segundo lugar esto también significa, evidentemente, que perdemos terreno. Y no son unos semestres perdiendo terreno, son cuatro años y medio sin tregua perdiendo terreno. Es cuestión de tiempo y de seguir teniendo a los gobiernos más progresistas del mundo que Navarra deje ser puntera para pasar a ser una comunidad promedio. Y a ver lo que cuesta después darle la vuelta a eso.

Buscando las causas del flojo comportamiento económico de Navarra siempre llegamos a lo mismo. Una fiscalidad que es anti competitiva. Donde antes éramos percibidos como un lugar al que venir por la baja fiscalidad, ahora somos percibidos como un lugar a evitar. Todos los días vemos cómo las grandes empresas e inversiones se asientan a nuestro alrededor. No en nuestra comunidad, sino alrededor. Por otro lado, tenemos un gobierno sustentado en partidos que odian a los inversores y a los empresarios. Esto se traduce, aparte de la mencionada fiscalidad, en normas y regulaciones hostiles, fruto de una actitud hostil. Además la hostilidad constante produce un marco cambiante y cambiante a peor. Nada odian más los empresarios e inversores que la inseguridad jurídica y regulatoria en un lugar. Bastantes riesgos tiene el mercado ya de por sí para añadir el riesgo regulatorio y político. Navarra además está rodeada de lugares donde se acoge a los empresarios e inversores con los brazos abiertos, como para esperar que haya codazos por venir a un lugar donde las fuerzas en el poder te insultan por invertir.