Cuando la izquierda está en el gobierno no le gusta la libertad. En general, al gobierno no le gusta la libertad, a ningún gobierno. Por eso un estado de derecho es o nada o un estado en el que se limita el poder del gobierno. Si a los gobiernos en general no les gusta la libertad, a los gobiernos actuales de progreso en particular mucho menos todavía, y el caso de María Chivite no es la excepción. Hace ahora cosa de dos años la presidenta de Navarra anunciaba que ya no iba a tolerar que cualquiera pudiera responder a lo que publicaba en su cuenta de X. Sólo iban a poder contestarle las cuentas a las que ella mencionaba o seguía, lo que en aquel momento limitaba el número a 4.246 personas.
Esta semana he decidido limitar los comentarios en mis publicaciones porque no voy a consentir que utilicen mi nombre, el del Gobierno o el de Navarra como altavoz para transmitir odio. Por eso he decidido limitar los comentarios en mis publicaciones. Aquí explico los motivos: pic.twitter.com/bAfD7cq1sF
— María Chivite / ❤️ (@mavichina) May 16, 2024
Aquello hace dos años eran sin embargo los buenos y viejos tiempos. De unos tuits a esta parte, a la chita callando, Chivite ha endurecido todavía más su postura. Ahora ya ha impuesto como norma el veto general a responder a sus tuits. Irónicamente, la censura a las respuestas se corresponde con un uso cada vez más frecuente de su cuenta para hacer propaganda política más que para ofrecer asépticamente información institucional. Cuanto más propagandístico y discutible el contenido, mayor censura y menor posibilidad de cuestionarlo o enriquecerlo y contrastarlo con otros datos.

Esto se suma a la cantidad de personas a las que además pueda tener silenciadas y bloqueadas, que como en el caso de Oscar Puente pueden ser media España o como en el de Asirón media Navarra. En cualquier caso esto denota una actitud. Ordeno y mando. O mejor dicho ordeno, mando y cobro de los que reciben las órdenes y bloqueo o impido hablar. Paga y calla. Al gobierno sólo se le puede escuchar.