La Renta Garantizada (RG) y el Ingreso Mínimo Vital (IMV) han evolucionado para dejar de ser solo un «rescate» y convertirse en un puente hacia la autonomía, pero dependiendo del estado. Si alguien en esta situación busca la autosuficiencia, el sistema actual permite que los esfuerzos por generar ingresos no supongan la pérdida inmediata de la ayuda.
Las ayudas sociales (especialmente la renta garantizada) para quienes buscan la autosuficiencia, sin negar que hay quien realmente está muy limitado en su capacidad de meter horas o no puede trabajar.
Existe un sector de beneficiarios atrapados en la Renta Garantizada que desearía acceder a un empleo digno para abandonar la dependencia institucional, pero se topan con un sistema que incentiva la proliferación de «minitrabajos» orientados a maquillar las cifras del paro. Si bien la flexibilidad horaria es necesaria para personas con discapacidades severas, en las plantillas hay trabajadores capaces de dar el salto a la independencia total que acaban convertidos en dependientes forzosos.
La solución para promover la jornada completa y salarios decentes no debería pasar por la subida del salario mínimo por decreto, que sobrecarga al empleador, sino por un mecanismo fiscal donde el Estado baje los impuestos a la empresa en proporción directa a la subida salarial que esta aplique. De este modo, se fomentaría la creación de puestos autosuficientes en lugar de perpetuar la ayuda social como un complemento crónico a empleos precarios.
Impacto de las cotizaciones en la jornada completa
El principal obstáculo para pasar de un «minitrabajo» a una jornada completa es la cuña fiscal. En España, el coste que asume el empresario va mucho más allá del salario neto que recibe el trabajador.
* Coste empresarial: Por cada euro que aumenta el salario bruto, el empresario debe pagar aproximadamente un 30-33% adicional en concepto de Seguridad Social (contingencias comunes, desempleo, formación, FOGASA).
* El salto de tramo: Al pasar de media jornada a jornada completa, el coste total para el empleador se duplica o triplica, lo que desincentiva la creación de puestos de 40 horas si la productividad no aumenta en la misma proporción.
* Barrera de entrada: Para un empleador pequeño, contratar a alguien a jornada completa supone un compromiso financiero que a menudo prefiere evitar troceando el puesto en dos contratos parciales, lo que mantiene al trabajador vinculado a la Renta Garantizada. En el fondo sucede igual a un gran empleador porque tiene lo mismo a gran escala.
Modelos de exenciones fiscales por subidas salariales
Frente a la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) por decreto, que puede asfixiar a sectores con poco margen, existe la alternativa de la incentivación fiscal progresiva:
* Bonificaciones vinculadas: El Estado podría reducir la cuota patronal a la Seguridad Social en la misma medida en que la empresa suba el salario base por encima del convenio.
* Impuesto de Sociedades: Permitir que las empresas deduzcan de su cuota impositiva una parte del gasto extra derivado de transformar contratos parciales en jornadas completas de calidad.
* Resultado Neto: Con este modelo, el trabajador cobraría más y el empresario mantendría su margen de costes, evitando que la subida salarial se traslade a los precios o provoque despidos. El Estado «deja de ingresar» en impuestos directos, pero ahorra en el pago de Rentas Garantizadas.
Brecha de empleabilidad: Parcialidad vs. Autonomía
Existe una desconexión entre la oferta de empleo actual y el perfil de quien busca la autosuficiencia total:
* Maquillaje estadístico: El sistema actual genera contratos de muy pocas horas que sirven para que el trabajador figure como «ocupado», pero cuyos ingresos son insuficientes para vivir sin la ayuda social.
* La trampa de la parcialidad: Muchos contratos actuales están diseñados para tareas mecánicas o de refuerzo. Para quien quiere independencia, estos puestos no ofrecen itinerarios de crecimiento ni formación interna, perpetuando la figura del «trabajador pobre».
* Necesidades del trabajador autónomo: Quien busca autonomía necesita una estabilidad horaria que le permita planificar su vida y, en su caso, reinvertir sus ahorros. Los «minitrabajos» suelen tener horarios irregulares que impiden compatibilizar el empleo con la formación necesaria para dar el salto definitivo fuera del sistema de subsidios.
Aritz Lizarraga Olascoaga