Este análisis aborda la construcción de la identidad histórica de Pamplona desde una perspectiva crítica, cuestionando la narrativa que prioriza el componente vasquista sobre las evidencias arqueológicas y las raíces compartidas con nuestro vecino aragonés.
La construcción de un mito: El nombre de la ciudad
La imposición de Iruña como el nombre «original» o «primigenio» de Pamplona es un anacronismo que ignora la documentación histórica. Si bien es innegable que en la Edad Media existía la denominación Irunia para referirse a la ciudad en vascuence, elevar este término a nombre fundacional frente a las evidencias romanas y prerromanas es una distorsión pedagógica que se hace en las escuelas navarras, estén los niños estudiando euskera o no.
La arqueología y la numismática ofrecen datos más sólidos y antiguos que la épica romántica. Las cecas de «Bengoda» (o Beinkota), datadas en el siglo II a.C., aparecen como el testimonio más cercano a una denominación indígena de la zona antes de la llegada de Pompeyo. Bengoda representa la realidad de un núcleo de población vascón organizado, con capacidad de acuñación, mucho antes de que el término «Iruña» (que genéricamente se le atribuye el significado de «la ciudad») se consolidara en el registro escrito. Ignorar Bengoda para enseñar Iruña como origen absoluto es sustituir la historia por la ideología. Afirmar que Pamplona originalmente era Iruña, Irunia o cualquier variante es falso y por eso se ha intentado construir un relato adicional a partir de la mano de Irulegui. Llamar a Pamplona “la vieja Iruña” no es que sea una forma de celebrar lo auténtico, sino de faltar descaradamente a la verdad de que los términos Pamplona o Bengoda son los que están documentados bastante más antiguamente.
La mano de Irulegui se encontró cerca del castillo homónimo que defendía la entrada a Pamplona como lo hacían los castillos de Garaño y Tiebas. En los nombres de estos castillos tenemos ejemplos en la Cuenca de nombres de los que no todos son eusquéricos, pues Tiebas es la versión navarroaragonesa del nombre de la ciudad griega que en español conocemos como Tebas.

El uso político de la Arqueología: La Mano de Irulegui
El fenómeno de la Mano de Irulegui es un ejemplo de cómo un hallazgo excepcional se convierte en una herramienta de ingeniería social. Se presenta como una prueba de «vasquidad» exclusivista, omitiendo deliberadamente el contexto geográfico y tipológico.
1. Conexión de la España Oriental: Lo que no suele mencionarse en los libros de texto (o los libros que recomiendan los profesores para hacer un trabajo concreto de días sueltos) sesgados es que no existen manos metálicas similares en el actual País Vasco (CAV). Sin embargo, sí han aparecido piezas análogas en territorios que antiguamente hablaban lengua vascona e ibérica en lo que hoy es Aragón. Esto vincula a los vascones del Pirineo central no con un eje atlántico, sino con una corriente cultural que fluye hacia el valle del Ebro y el Mediterráneo. Navarra es parte de la España del este y así lo ha sido desde siempre. No es cuestión política sino de la madre naturaleza, después de todo, incluso los fenicios entraron a invadir Pamplona por el Mediterráneo navegando el Ebro y el Arga, no por el más cercano Cantábrico.
2. Instrumentalización: Al presentar la pieza como «la cuna del euskera», se busca crear una continuidad política artificial entre la Navarra actual y la comunidad vecina del oeste, borrando los matices de una sociedad vascona que estaba profundamente integrada en la dinámica de los pueblos íberos y celtíberos del noreste peninsular y que los propios mapas (incluyendo los mapas de los libros sobre Irulegui) de las culturas prerromanas contradicen la tesis vasconavarra frente a la navarroaragonesa.
La hermandad olvidada con Aragón
La narrativa dominante se empeña en mirar hacia el oeste, forzando una unión con las provincias vascas que históricamente ha sido mucho más tenue que la relación con Aragón. Los antiguos vascones no eran un bloque encerrado en las montañas vizcaínas o guipuzcoanas; su territorio se extendía por lo que hoy es Navarra y gran parte de las provincias de Zaragoza y Huesca.
Pamplona nació y creció mirando al Ebro igual que todos sus ríos. El Reino de Pamplona y el posterior Reino de Navarra se forjaron en una simbiosis constante con Aragón, compartiendo reyes, fronteras móviles, lenguas romances paralelas (el navarroaragonés) y una estructura social común. Separar hoy el destino identitario de Pamplona de sus raíces navarroaragonesas para diluirlo en un proyecto vasquista no solo es históricamente injusto, sino que supone una mutilación de la memoria colectiva.
No podemos olvidar mencionar la enormidad de apellidos navarros (también los eusquéricos) que tienen las tres provincias de Aragón.

Conclusión
Enseñar que Pamplona es «Iruña» por encima de su legado romano y su probable origen como «Bengoda», o usar Irulegui para trazar una frontera con Aragón, es un ejercicio de analfabetismo histórico voluntario. Una educación honesta debería reconocer la pluralidad de capas de la ciudad: desde los vascones que comerciaban con el valle del Ebro hasta la capital romana y el corazón de un reino que siempre tuvo en los aragoneses a sus hermanos naturales de sangre y de historia. A los mapas de los vascones que incluían únicamente a la Navarra actual y al condado de Aragón nos remitimos.
Aranguren y Aragón
En Mutilva (capital de Aranguren, ayto. donde se dio el hallazgo y separado de Pamplona por una calle) la mano de Irulegui es un símbolo, simplemente porque los vasquistas se han empeñado que lo sea, a pesar de las ambigüedades que plantearon sus descubridores. Lo que no saben muchos es que hasta en eso en que nos quieren diferenciar de Aragón realmente lo compartimos Navarra y Aragón, pues las únicas otras manos de metal que hay cerca están en Aragón, no en el País Vasco. Por algo los vascones estarían en los actuales Aragón y Navarra, pero no en el P. Vasco.
El libro sobre la famosa mano de Irulegui no desmiente en los mapas prerromanos que Navarra tiraba ya para Aragón y el Mediterráneo como los ríos que riegan el 90% de nuestro territorio. Pero no menciona, quiero pensar que por desconocimiento, que también es allí donde se encuentran otras manos metálicas y no en el País Vasco.
Irulegui es la localidad por la que los vasquistas han causado tanto revuelo por la manica de metal de la que ya se ha hablado largo y tendido. La manica de Irulegui no tiene nada parecido en la CAV, pero sí en Aragón, y más de una.
Curiosamente cuando dices Aranguren rápido suena a Aragón si no entiendes bien. De hecho, buscando en Google el nombre “Aranguren” en relación con las elecciones me salía “Aragón” en dos de los cuatro resultados. Y encima Aragón aparece en los dos primeros resultados, que son los únicos repetidos.

En las elecciones locales mutilveras los nacionalistas de Bildu perdieron por goleada, y sin embargo por medio de funcionarios (frecuentemente nacionalistas vascos que han llegado por la ventaja del euskera) quieren hacer del valle una población bilingüe que no es y un centro de peregrinación del vasquismo.
En la entrada del ayuntamiento en Mutilva hay una réplica gigante de la mano navarrica y otra pequeña en otra parte del zaguán. Son muy cansos y esperan que desde Bilbao y San Sebastián se decida lo que la gran mayoría de Navarra detestamos.
Desde el primer día que salió publicado lo referente a la mano de Irulegui hubo quien sacó a la luz la enorme similitud con la mano de Puyalcalá en Alcubierre, Huesca, y así empezaron a insultarle. Obviamente no fueron insultos porque el que lo señaló mintiera, sino por informar de la incómoda verdad de las manos metálicas aragonesas. La cruda realidad no es que solo haya una mano metálica en Aragón, sino varias y ninguna en el País Vasco. El descubrimiento de la mano pretendía ser todo menos una bienvenida, sino necesariamente una advertencia, una ostentación de poder o posesión. Pero la mano en sí realmente ha acabado siendo un símbolo de la identidad común navarroaragonesa, no la vasca. Hay muchas dudas que no se han abordado o más bien no se han querido abordar, pero hay una gran certeza de que manos metálicas solo se han hallado en Navarra y Aragón, además de alguna en Arabia.
Aritz Lizarraga Olascoaga