Las 5 veces que atacaron la casa de Lourdes Goicoechea y la anormalidad democrática que existe en Navarra

La comisión del investigación del Parlamento de Navarra sobre las andanzas del mandatario socialista Santos Cerdán y el influyente conseguidor nacionalista Antxon Alonso ha vivido un nuevo y llamativo episodio. Lourdes Goicoechea, consejera de Economía, Hacienda e Industria del gobierno de UPN hasta 2015, compareció ayer para dar explicaciones sobre unos hechos que de ningún modo podían afectarla. Tirando del hilo de los comienzos de Mina Muga, es evidente que los partidos gobernantes han intentado extender la mancha de la corrupción hasta el gobierno anterior, aunque la cruda realidad es que Servinabar se constituyó en septiembre de 2015, casualmente justo después de cambiar el gobierno, y cuando Lourdes Goicoechea había salido del gobierno en julio de 2015.

Lo que no dejó de preguntar Lourdes Goicoechea durante su comparecencia es qué hubiera tenido que sufrir ella si sobre ella y su consejería hubieran recaído las mismas sospechas y preguntas que ahora recaen sobre el gobierno de Chivite y los responsables políticos de la buena fortuna de la empresa de Alonso y Cerdán. En este sentido la ex consejera de Economía y Hacienda denunció que, aparte de otras amenazas, le pintaron cinco veces la fachada de su casa particular.

El secretario de organización de VOX en Navarra denunciaba también en una entrevista en las últimas horas el acoso al que viene estando sometido en su vida particular desde que ha empezado a significarse políticamente.

Las propias víctimas de ETA tienen que padecer el seguir siendo acosadas y humilladas como si no fuera suficiente haber sido asesinados sus padres. Además hay que hacerles la vida imposible hasta expulsarlas o hacerles ver cómo se pasea en procesión la imagen del asesino de su padre.

Llamar normalidad democrática a esto es puro cinismo. El amplio espacio existente entre ya no matar y la normalidad está lleno de actuaciones amenazantes e indignas. Para ser nacionalista o de izquierdas no hace falta ser valiente. Oponerse a la izquierda y el nacionalismo es peligroso. Esto no sólo pone en evidencia una vez más la anormalidad democrática y el plano inclinado en el que vivimos sino de dónde viene esa violencia y quiénes son los violentos. Si para lo que hace falta ser valiente y jugársela es para oponerse a la izquierda y el nacionalismo, entonces los violentos son ellos.

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