Es alucinante la poca solidaridad que hay en el tema de la vivienda y es un problema de forma generalizada, pues no se salva casi nadie ni casi nada. Es una cultura anti vivienda que paradójicamente necesita más vivienda que nunca. Es como el tema de la natalidad que nos quejamos de que no nacen suficientes mocetes, pero enseguida a quien se anima le dicen “no te compliques la vida”. Curiosamente la persona habitual que desanima a las madres de tener hijos sue ser una mujer jubilada de 70 años, que es la que debería querer que la gente tenga niños para que su pensión se pueda pagar. La cultura antinatalista está muy arraigada en la sociedad, pero (a juzgar por las quejas o pegas que paralizan o postergan proyectos habitacionales) la cultura antivivienda está muy arraigada en la sociedad actual.
Nasuvinsa pretende adquirir por 507 millones VPOs de un fondo de inversión (fondo buitre según la consejera podemita) que saldría de media a 100000 euros el piso. ¿Por qué no los venden a ese precio en exclusiva a gente sin vivienda? Porque los políticos no creen en la propiedad privada, tampoco en la de los pobres ciudadanos sin vivienda, pero sí en la propiedad privada de los podemitas. Además no van a vender a ese precio cuando pueden sacar un pellizco enorme en impuestos. He aquí la verdadera especulación. Nunca lo harían por culpa de la maldita ideología.
El parlamentario de Bildu Mikel Zabaleta acusó al fondo de inversión de «hacer negocio con la necesidad de la gente» añadiendo que «Detrás de todas estas cifras hay personas con nombres y apellidos». Vale, estos fondos que manejan un porcentaje ínfimo de viviendas son malos negociando con la necesidad de gente con nombres y apellidos, son malos, pero los gobiernos que provocan la escasez y encarecimiento de la vivienda, y que en sus manos está mejorarlo en vez de poner trabas a la construcción tampoco son los buenos de la película. Es hipocresía cuando el gobierno de Navarra (Bildu desde la barrera) tiene en sus manos proporcionar mucha más vivienda que este fondo inversor afectando a mucha más gente y no lo hacen. Y es hipócrita que el mayor pellizco del precio de la vivienda no sea el de los fondos inversores, sino el que se llevan las administraciones en impuestos buitres. Mal unos por negociar un pequeño porcentaje de viviendas con la necesidad de la gente y peor otros por criticarles y negociar (impuestos mediante) con un enormemente mayor porcentaje de viviendas llevándose mayor tajada (y de mucho mayor porcentaje de viviendas) afectando a mucha más gente. Sobre estos parlamentarios mis abuelas dirían que son unos granujas o tunantes y yo unos canallas manipuladores.

De nuevo veo una noticia de vecinos, esta vez en Mendillorri (Pamplona), opuestos a que se levanten pisos en su solar vecino. Supongo que no es lo mismo verlo como vecino afectado al que le vayan a poner un bloque de sombra junto a su vivienda que un ciudadano preocupado por la falta de vivienda. En principio me inclino por apoyar al ayuntamiento de Pamplona que promueve los pisos porque estamos en una gravísima crisis inmobiliaria por escasez de inmuebles. La gravedad es tal que es difícil no considerar insolidarios a los vecinos de Mendillorri actuales. Y hay que aceptar que hay que hacer algún esfuerzo o sacrificio para aliviar la situación habitacional.

El mismo espíritu de exigencia inflexible parece impregnarlo todo en la edificación de vivienda consiguiendo en el proceso que no se ejecute, que se prolongue el proceso ad infinitum, o se encarezca. Construir vivienda es caro para los constructores por la ristra de impuestos acumulados, que añadiendo a los múltiples que paga el comprador, acaban por las nubes. El nivel de exigencia de alturas, huella de carbono o cualquier otro elemento fiscal que se le pueda ocurrir a la administración tira el precio más arriba si cabe.
Y ahora, por si no fuera suficiente, otro de los proyectos que podían contribuir un poco más a rebajar la presión inmobiliaria con 400 viviendas viene la UPNA y empieza a poner pegas. No vale todo a cualquier precio, pero parece que siempre hay algún impedimento para que no se lleve a cabo la necesidad imperiosa de construir (y rehabilitar) viviendas inmediatamente. Ser excesivamente exigentes encarece el precio y atrasa la construcción. No construir está mal, pero atrasar el proceso de construcción también.
Si queremos abaratar los precios de la vivienda, hay que combinar la construcción de viviendas, con la rehabilitación y con la adecuación de locales para vivienda. Existe un derecho a tener una vivienda, no a tener un local para negocio u ocio. Tampoco existe un derecho a que la vivienda tenga todos los accesorios, eficiencias energéticas…sino a ser digna. No digo que no se pueda tener ocio o negocio. Simplemente si un local lleva tiempo cerrado, se eliminan o reducen los trámites y burocracia que impide que sea vivienda. Si hay una sociedad gastronómica en uso, se deja tal cual, pero si no tiene uso, se incentiva al propietario a que lo convierta o a que deje convertirse en vivienda. Si es un local de jóvenes no acondicionado se procede de la misma forma. Los locales de este tipo hay que procurar convertirlos en viviendas, sean para un número mayor o menor dependiendo de los metros cuadrados. Pero tienen que entrar en la bolsa de vivienda para contribuir a bajar los precios dando acceso a la vivienda al mayor número de personas posibles.
Y si hay ayuntamientos contiguos a la Cuenca de Pamplona demográficamente a la baja (Urroz Villa, Unciti…) pues se construye allí y así ganan población y más tienen acceso inmobiliario.
Aritz Lizarraga Olascoaga