No hay un plazo fijo ni exacto para poder ofrecer una cifra pero, en la práctica, desde la aprobación definitiva de un PSIS (Plan Sectorial de Incidencia Supramunicipal) hasta la finalización de las obras de construcción de viviendas, en Navarra suelen pasar cerca de 10 años, según la complejidad, fases, litigios y retrasos del proyecto. Una vez aprobado un PSIS no se construye de inmediato, hay que redactar y aprobar proyectos de urbanización y reparcelación, llevar a cabo expropiaciones, hacer frente a litigios por esas expropiaciones u otras reclamaciones, obtener licencias, urbanizar el suelo y luego edificar. Una vez urbanizado y con licencia, en su fase final, un bloque de viviendas suele llevar cerca de dos años de construcción entre cimentación, estructura, cerramientos, instalaciones y acabados. Todo esto además si no se atraviesa de por medio una crisis financiera que reviente la economía.

En el caso de la propia Sarriguren, no lo que propone ahora Chivite sino lo ya construido, el PSIS se aprobó en 1998 y no fue hasta entre 2005 y 2009 que las 5.500 viviendas (mayoritariamente VPO) ya empezaron a estar terminadas y ser habitadas. Es decir, hablamos del orden de 7-11 años desde la aprobación de un PSIS hasta un desarrollo avanzado o terminado en buena medida.

Por supuesto pueden darse casos más lentos o llegarse al punto de quedar bloqueados. Echavacoiz (ligado al AVE) lleva entre 15-20 años de atasco entre aprobaciones, modificaciones y alegaciones. Otros desarrollos grandes también acumulan retrasos por cambios de planeamiento, informes sectoriales, litigios, viabilidad económica o dependencias de infraestructuras. Con carácter general, desde que un suelo se declara urbanizable hasta ver los pisos terminados pueden pasar unos 10 años de trámites.

En el famoso caso de Guenduláin, el PSIS se aprobó en 2010 y, tras convertirse en un campo de batalla político, estamos como estamos en 2026. Seguramente esto no va a pasar en Sarriguren porque de entrada Chivite no va a tener que afrontar una batalla política como aquella en una carrera llena de obstruccionismo, ahora que sus socios son la “coordinadora del no”. No obstante, por todo lo expuesto, es evidente que Chivite se pone ahora a presumir de las viviendas que construye (una gota de agua en el océano y después de pasarse la vida la izquierda asegurando que no hacía falta construir) porque llegan las elecciones. A lo mejor a Chivite no le importa mucho el día en que pueda hacerse la foto delante de las casas construidas, sino poder hacerse la foto unos meses antes de las elecciones, para presumir durante la campaña de impulsar la vivienda, sólo que las viviendas prometidas ahora están a lo mejor a 10 años de empezar a ser habitadas. Lo importante es que la foto delante del plano es ahora. ¿Quieren viviendas ahora? Pues haber empezado a planificarlas hace 10 años. Pero hace 10 años el discurso era que no hacían falta viviendas y que invertir en ladrillo era favorecer a los especuladores y los mafiosos. A la vista están los resultados, la oferta de vivienda, la demanda actual y los precios resultantes de la una y la otra. A ver si al menos en Sarriguren no empiezan a aparecer sobrecostes, paralizaciones y complicaciones judiciales de todo tipo al no estar de por medio Servinabar. Claro que Alzórriz, aunque sin querer, ya nos explicó que venimos de una etapa en que todo estaba paralizado en Navarra hasta que llegaba a repartir los fondos europeos Cerdán con Alonso y Servinabar.