El «lawfare» que retrata al PSOE

Cada día que pasa, se conocen más detalles sobre el entramado corrupto que salpica a las actuales estructuras dominantes del PSOE. Como bien sabido es, todo pivota en torno a Pedro Sánchez, presidente del gobierno, y su círculo más cercano tanto en el plano familiar como en el amistoso y partidista. Podría hablarse de una notoria ramificación que puede salpicar a algunos de sus subordinados ministeriales (algunos, han sido lanzados a los «patios de leones» de elecciones autonómicas con mayorías absolutas de la derecha).

A lo largo de las últimas semanas, se ha tenido conocimiento de varias condenas judiciales contra figuras como José Luis Ábalos, Koldo García, David Sánchez («Azagra») y Miguel Ángel Gallardo. De igual modo, se ha evidenciado el miedo a que Begoña Gómez, cónyuge de Sánchez, tenga facilidades de convertirse en una prófugo de la justicia, como ocurriese con Luis Roldán (ex director general de la Guardia Civil) y con el ex presidente catalán Carles Puigdemont.

Lo normal hubiera sido que, ante estas situaciones, al menos desde los planos más institucionales, hubiera habido una combinación entre el lamento, la burda reiteración de la «buena fe», el «y tú más» y la confianza en las instituciones judiciales (sin perjuicio de invocar, cuando corresponda, al derecho a la presunción de inocencia, el cual está recogido en el mismo articulado constitucional que entró en vigor en el año 1978). Pero no ha sido así, ya que la sutileza dialéctica de figuras como Pedro Sánchez y su aprendiz Félix Bolaños se han excedido ocasionalmente, de manera considerable.

La politización del poder judicial en España ya trasciende la posibilidad de meros repartos posicionales puntuales entre los acreedores de la «mayor proporción de la tarta» de la partitocracia española. Con el absoluto beneplácito pasivo de la eurocracia soviética bruselense, se está perpetrando un secuestro institucional sin precedentes, que trasciende la mera idea de la hipertrofia progresivamente problemática del estatismo socialista.

El Tribunal Constitucional y la Fiscalía General del Estado se han convertido en meras extensiones operativo-logísticas del PSOE. Además, con la complicidad «pactista y no confrontativa» de Núñez Feijóo y de González Pons, tienen cierto margen de maniobra potente en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). De hecho, más de una decisión y proposición ha podido estar orientada a la salvaguarda de los intereses del entramado izquierdista y sus estrategias de ganancia de poder (ocurrió así en lo relacionado con el caso de los ERE, con la ratificación de la «cultura de la muerte» y con ciertas operaciones de acoso contra políticos del PP).

Como se puede observar en los excesos policiales desproporcionados de las manifestaciones cívicas contra la mafia pesoística de Moncloa (frente a la poca diligencia ante altercados violentos como los de la etapa final de La Vuelta Ciclista de 2025, en Madrid), existe una idea evidente de consolidación de una «policía política». Sí, tal y como ocurre en regímenes narcocomunistas hispanoamericanos (los mismos que se vinculan a las turbias implicaciones del «mentor político» de la dictadura posmoderna socialista actual, Zapatero) y aconteciese, en su día, en la Unión Soviética y en el Tercer Reich. De hecho, se ha intentado hacer lo mismo con la Guardia Civil, al intentar aniquilar a la muy profesional Unidad Central Operativa (UCO) y acosar por represalias a ciertos agentes que se han atrevido a investigar la corrupción socialista.

Pero no hay que olvidar al entramado propagandístico de la mafia. No solo se trata de un empleo de los medios de comunicación estatal, que no deben de existir en sí por cuanto y en tanto contravienen la libertad de expresión. También de periodistas que pueden estar muy subvencionados, aunque hay otros que, personal, libre y concienzudamente están dispuestos a darlo todo por los políticos en cuestión. Además, entienden que es mejor seguir manipulando a las masas para evitar que «la derecha tome el poder». Sí, aunque la corrupción sea simultánea a un progresivo proceso de tercermundización económica, debido al estrangulamiento normativo y la elevada presión fiscal, de carácter confiscatorio.

La intimidación es evidente, además, yo, personalmente, no descartaría que algunos soñasen con el clima kirchnerista, en el que los críticos de aquel régimen corrían el riesgo de ser «suicidados» (especialmente, aquellos funcionarios del poder judicial y empleados de los cuerpos de seguridad estatales que puedan hacer prevalecer la independencia, la isonomía y la independencia de criterio). Esto podría trascender la idea de la muerte civil. Un caso muy característico de Argentina fue el asesinato del fiscal Alberto Nisman, que investigaba el atentado contra el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).

De todos modos, hay que reconocer que la mafia socialista y pesoística se siente incómoda, porque durante años, junto a sus secuaces, han tenido un férreo control de las instituciones estatales. La oposición a la misma simplemente se limitaba a «victorias de un bloque centrista» que cada vez ha sido menos favorable a deshacer los proyectos destructivos de la izquierda. Además, hace décadas, el miedo a ser señalado como «facha» o a enfrentarse al nuevo Frente Popular era mucho mayor que ahora, al margen de la irrupción de VOX.

Hay jueces, agentes y periodistas que se atreven a procesar y reportar como corresponde las distintas malas artes. La dispersión descentralizada intrínseca a la red de redes ha facilitado que, por medio del social media, se tenga acceso a análisis y enfoques distintos a la «verdad oficial» (de ahí que haya tanto miedo al «fango» y a la «bulocracia de los influencers«). Los jóvenes pasan de la «televisión convencional» y no están siendo efectivos de cara al adoctrinamiento «woke» de los planes curriculares y ciertas plataformas de ocio. De hecho, me atrevo a aseverar que en la Academia hay miedo ya que la imposición socialista-relativista que se da en incluso en algunas universidades privadas comienza a resquebrajarse.

Con lo cual, se puede decir que el miedo y las acusaciones desproporcionadas de la izquierda (liderada por la PSOE, aunque cuente con colaboradores como SUMAR, PODEMOS y la ETA política) son una señal de que la Verdad no les favorece. La fuerza de la naturaleza, conforme al orden espontáneo, facilita el desengaño. Además, el tiempo pone a cada cual en su sitio (encima, deben de dar gracias a que la derecha sociológica aún no se moviliza lo suficiente).

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