Uno de los actos que tienen lugar estos días durante las fiestas de muchos de los pueblos navarros es la colocación del pañuelo a los niños nacidos en la localidad el año pasado. Diario de Navarra, por ejemplo, no sólo publicaba la noticia el domingo en el caso de Falces sino que detallaba los nombres de los niños.
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Más allá de los festivo, folcrórico y anecdótico, lo cierto es que la noticia tiene mucha más enjundia de la que parece. Porque la anterior lista de nombres, respecto a Navarra, es algo más que una lista: es un diagnóstico y también un pronóstico.
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Lo primero que podríamos decir es que hay pocos niños. Falces es una población de casi 2.500 habitantes en la que el año pasado nacieron sólo 26 niños. Esto obviamente no es un problema de Falces sino algo que caracteriza la sociedad que estamos construyendo, o destruyendo, o lo que quiera que estemos haciendo con ella. Tenemos un problema de natalidad y por tanto un problema literalmente existencial. Dos hijos por pareja tan sólo garantizan el mantenimiento de la población. Un hijo por pareja significa que la generación de los hijos tendrá la mitad de miembros que la de los padres y la de los nietos la cuarta parte de la de los abuelos. Esto es algo más que hablar de una España vaciada en el sentido de que la gente haya ido de un lugar a otro, dejándolo vacío pero llenando el otro. Esto es hablar no del traslado de la población sino de la desaparición de la población y de la extinción.
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Frente al relato del “calentamiento global” la realidad es que Europa afronta un invierno demográfico. La baja natalidad y el envejecimiento poblacional son cada vez más acuciantes. España tiene una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo 1,24 hijos por mujer. (4/6) pic.twitter.com/DD1Kuoni72
— Teófilo Hispano (@TeofiloHispano) July 22, 2022
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Adicionalmente, resulta inevitable fijarse en lo que nos dicen sus nombres de las nuevas generaciones de falcesinos. Salta a la vista el origen inmigrante de gran parte de los niños nacidos el año pasado y que además la gran parte de esa gran parte corresponde a nombres árabes. Esto no implica un juicio al respecto, sino la descripción de un hecho objetivo. La población de Falces dentro de unas décadas no se va a parecer mucho a la de Falces hace unas décadas. En primer lugar no se va a parecer mucho ya por el mero aspecto físico, que es lo de menos, pero quizá tampoco por los valores, religión, cultura y tradiciones. La experiencia de otros países indica respecto al futuro tres posibles escenarios: la integración, la división o la asimilación. Es decir, con la población inmigrante puede ser que se integre y abrace nuestro modo de vida, puede ser que no se integre y se generen dos sociedades paralelas, o puede ser que los asimilados seamos nosotros en su cultura. En tal caso, conforme pase el tiempo, la sociedad resultante se parecerá cada vez menos a la sociedad a la que los inmigrantes llegaron y más a aquella de la que vinieron. Por eso la noticia de los niños del pañuelo de Falces, que no nos habla sólo de Falces, es un diagnóstico pero también un pronóstico. La valoración de ese pronóstico, por supuesto, la dejamos a cargo de su criterio. Por otro lado no hablamos de un futuro que ya esté escrito y que resulte inalterable sino que todavía lo estamos escribiendo. La pregunta es qué futuro queremos.
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