Si te rompes una pierna en Estella, procura que sea antes de las tres de la tarde y en día laborable

Cerrar servicios médicos en toda Navarra, eso si lo hace bien el gobierno progresista de María Chi. Una carta firmada por 84 profesionales del Hospital García Orcoyen de Estella denuncia la situación que se avecina en la zona ante el inminente cierre de las urgencias de traumatología. El servicio quedará desatendido desde las 15 horas, cuando acaba la jornada ordinaria, además de tampoco estar disponible fines de semana ni festivos. La idea es que la gente se rompa la pierna en día laborable y a poder ser antes de las tres de la tarde. ¿Qué hacemos entonces con las Maricarmenes que se caigan por la noche levantándose al baño? Como denuncian los profesionales esta medida repercute además en la acumulación de desplazamientos evitables de pacientes a Pamplona y la consiguiente ocupación de ambulancias de soporte vital básico para traslados, pudiendo llegar a dejar al área de salud de Estella sin atención durante horas. Hablamos de más de 60.000 personas en toda la zona que perderán la posibilidad de recibir atención ante una urgencia de traumatología en el Hospital Garcia Orcoyen, con todo lo que esta decisión conlleva. Los firmantes denuncian además que esta decisión no es hecho puntual, sino parte de un proceso de degradación de los servicios que afecta a todo el hospital, como el servicio de radiología que ya sólo se ofrece en días alternos.

Obviamente esta decisión no se produce en el vacío, sino en un marco en que las listas de espera se encuentran en máximos y la valoración ciudadana de la sanidad pública cae por el contrario a sus mínimos.

No es tampoco sólo lo que sucede en Estella, el colapso de la sanidad pública es generalizado en Navarra. Asistimos a un constante goteo de noticias de recortes, anunciados o ejecutados, en los servicios nocturnos de urgencias de múltiples localidades, desde Fustiñana hasta Olite, así como las urgencias de pediatría de tarde incluso en Tudela. Las cartas al director de los medios navarros reflejan constantemente el malestar y desamparo tanto de los pacientes como de los profesionales del sector sanitario.

Llama la atención la complacencia de Chivite y sus socios, así como la de sus medios afines, cuando hace 11 años la sanidad pública navarra era la primera de España y el problema que abría portadas era una panecillo quemado, un pelo en la sopa de algún paciente, o que una tortilla era demasiado o demasiado poco amarilla. Menos mal que a cambio la seguridad, la corrupción, la vivienda o la educación van todo como una moto.

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