El preservativo no vale para nada

Afirmar que el preservativo no sirve para nada puede resultar un tanto grueso, pero no lo decimos nosotros, lo dicen los datos. Lo dicen incluso, sin querer, los partidarios del reparto masivo de preservativos. Mónica García, la ministra de Sanidad, dice que los preservativos sirven para evitar enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados, y que por tanto la sanidad pública va a dedicar sus recursos a financiarlos porque las enfermedades venéreas están disparadas. ¿No se da cuenta de que está diciendo una cosa y la contraria al mismo tiempo?

Empecemos señalando que la apuesta por el preservativo no es una idea novedosa que se le acaba de ocurrir a Mónica García. Llevamos literalmente décadas apostando por el uso del preservativo y financiando desde el presupuesto el uso del preservativo. ¿Cuál es el resultado? Lo está diciendo la propia ministra: las enfermedades de transmisión sexual se han disparado. ¿Y los embarazos no deseados? Ahí están las cifras de abortos para ilustrarlo. El aparente descenso de los últimos años, aunque leve, es además resultado de la píldora abortiva del día después y no de una reducción efectiva, siquiera ligera, de los embarazos no deseados.

La realidad de los hechos es por tanto que el preservativo ni está reduciendo las enfermedades de transmisión sexual ni el número de embarazos no deseados. Por tanto podría pensarse que efectivamente el preservativo no vale para nada, o como queramos llamar a la evidencia de que más preservativos y más dinero público para preservativos no se traduce en menos enfermedades ni menos embarazos no deseados. ¿Cómo puede ser esto?

De alguna manera podríamos pensar que el preservativo es como un chaleco antibalas. Por un lado hemos establecido la venta libre de armas, financiamos con fondos públicos la venta de armas, regalamos armas a los menores de edad, hemos implantado una cultura de exaltación de las armas y diversión con las armas y hemos normalizado y trivializado el uso de las armas. A continuación nos sorprendemos mucho de que se haya disparado, nunca mejor dicho, el número de personas fallecidas o heridas por arma de fuego. ¿Y qué hacemos para reducir ese número? En vez de limitar las armas de fuego o concienciar sobre la responsabilidad de su uso, lo que hacemos es repartir y regalar chalecos antibala. Esto además genera la falsa sensación de seguridad de que ya se puede disparar sin riesgo a todo lo que se mueve y usar las armas de fuego sin ningún tipo de cuidado. ¿En serio nos sorprendemos del resultado? ¿Y qué es lo que dice la ministra? ¿Dice que hay que reducir el número de armas o limitar su uso? No, dice que todavía hay que repartir más chalecos antibala y que todo se soluciona con más cascos y más chalecos en vez de con el control de las armas.

Salta a la vista que no sólo las enfermedades de transmisión sexual y los abortos, sino muchos desórdenes afectivos, son resultado de la trivialización de las relaciones sexuales impuesta por la cultura woke. El acto sexual ha sido equiparado a comerse una pizza, a jugar una partida de pádel o a salir a hacer running. Se ha vaciado al acto sexual de trascendencia emocional y personal. Se le ha vaciado también de trascendencia biológica y reproductiva. El resultado de esta trivialización son interacciones sexuales y relaciones vacías e insatisfactorias, por un lado, y un aumento de las enfermedades sexuales y los embarazos no deseados por otro. Alguien podría pensar que esto no es un problema, pero no parece el caso de la ministra. Cualquier persona sensata comprende de hecho que hay un problema con esto. La pregunta es si la solución del problema puede venir por la vía de seguir incidiendo en las causas que están provocando el problema. ¿No es la situación actual el resultado de décadas de una apuesta equivocada? ¿Vamos a reducir el número de muertos y heridos insistiendo en apostar por los chalecos antibalas en vez de por reducir el número de tiroteos y por responsabilizar en el uso de las armas?

De hecho es muy injusto para el sexo equipararlo al uso de las armas siquiera para ejemplificar el problema. El sexo es fuente de vida y las armas son fuente de muerte. La cuestión es que hemos tivializado y rebajado tanto la relevancia del sexo que equipararlo al uso de las armas sería un avance. Entendemos que usar un arma o un coche es algo relevante que exige un uso responsable. No le damos a la gente, no digamos a los niños, un casco o un antibalas y les dejamos que usen como quiera un coche o un revólver. Pero en cambio hacemos eso con los preservativos y el sexo. Insistiendo en el mismo camino de las últimas décadas, como pretende la ministra, los resultados serán los mismos de las últimas décadas. Necesitamos devolver al sexo su importancia en las relaciones humanas. Necesitamos un cambio de paradigma.

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