La sanidad pública navarra se cae a pedazos, literalmente

Parte de la segunda planta del Hospital Virgen del Camino tendrá que permanecer cerrada durante al menos una semana tras un desprendimiento en el techo. El desprendimiento ha provocado la clausura de varias habitaciones inutilizando diez camas y requiriendo la reubicación de seis pacientes. Además la incidencia afecta a un ecógrafo y a la consulta de lactancia, aunque por lo demás y por suerte no hay que lamentar heridas entre las pacientes o el personal como consecuencia de los cascotes caídos del techo, que ahora será ampliamente revisado para evaluar los riesgos y evitar futuros desprendimientos.

El suceso no ha venido sólo, sino que también en las últimas fechas se ha reportado otro derrumbe en el techo de otro hospital, en este caso en la cafetería de la Clínica Ubarmin, de nuevo sin provocar heridos pero obligando a su cierre desde hace días. Hasta ahora este suceso no había salido a la luz.

A la vista de estos derrumbes y del estado general de la sanidad pública en Navarra, antaño modelo y envidia del resto de España, cabe preguntarse si son meros sucesos fortuitos o hay algo más. El deterioro y saturación de los servicios sanitarios resulta evidente, como evidencian las listas de espera, las protestas de los médicos y personal sanitario, así como las derivaciones cada vez mayores a la sanidad privada a través de conciertos, los mismos que tanto se denostaban con anteriores gobiernos. Los techos de la Virgen del Camino y Ubarmin no se caen por casualidad, sino porque las instalaciones se encuentran inframantenidas con carácter general.

Todo el mundo puede apreciar el deterioro de lo público en todos los ámbitos, como el estado de las carreteras o el funcionamiento de los trenes. por consiguiente la sanidad pública es simplemente otro espacio más en que las cosas no están funcionando, no hay suficientes recursos y no existe el adecuado nivel de reparaciones y mantenimiento. No es un problema puntual en el tiempo ni localizado en el espacio, es general en la sanidad pública y en el resto de servicios públicos, no en este momento sino hace tiempo, y se agravará más y más si no se pone remedio.

Este deterioro de los servicios coincide irónicamente con máximos de recaudación y de gasto público. Las cosas funcionan peor que nunca con más presupuesto que nunca. No es por tanto el dinero, sino la gestión del dinero. La solución no pueda ser que el mal gestor les quite todavía más dinero a los ciudadanos navarros, bastante atribulados ya para llegar a fin de mes tras pagar los actuales impuestos. De nada sirve destinar más dinero si sigue estando hay para usarlo inficientemente el mismo mal gestor. Si el dinero lo gestiona un incompetente, por otro lado, nunca hay dinero suficiente para que las cosas funcionen.

Hasta 2015 el problema de la sanidad foral era que apareciera un pelo en la sopa o que una tortilla estuviera chamuscada, y Navarra ocupaba el primer puesto en el Barómetro Sanitario del Ministerio de Sanidad. Ahora los seguros sanitarios privados se disparan y los usuarios han rebajado la calificación de la sanidad pública navarra hasta el puesto 13. A lo mejor se caen los techos de los hospitales navarros porque, conforme más se deterioran las cosas, todos los recursos se los lleva la elevación de la altura del muro sanchista, para evitar que el deterioro general se traduzca e algún momento en una fuga de votos.

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