Todos los cargos del PSOE recibían a Leire Díez como si fuera el mismísimo P.S.

Para entender el papel de Leire Díez tenemos que retroceder a abril de 2024, cuando la justicia empieza a investigar las turbias andanzas de Begoña Gómez como captadora de fondos del gobierno presidido por su marido. Es entonces cuando Pedro Sánchez escribe su famosa carta a la ciudadanía y se toma un paréntesis de 5 días para reflexionar sobre su situación personal. De aquel paréntesis sólo podían salir dos caminos: el de la tiranía o el de la dimisión. Sánchez no dimitió.

En abril de 2024 podría parecer un diagnóstico radical, pero los hechos posteriores van avalando la precisión de aquel duro análisis; duro para los españoles, no para Pedro Sánchez. Tal como dijimos entonces, el más grave error en ese momento era creer que lo que había pasado con aquella parada del gobierno de cinco días era una payasada, una pantomima, una bomba de humo, un truco de magia sin consecuencias. No estábamos sólo ante un dirigente que simplemente paralizaba el país, amagaba con dimitir y después no dimitía en un gesto hueco y vacío. Lo que estaba haciendo Sánchez era exacerbar su nivel de victimización para preparar y justificar un ataque contra la libertad sin precedentes. La comparecencia de Sánchez tras aquellos cinco días no podía interpretarse como el punto final a una pequeña representación teatral, sino del punto de salida hacia el anuncio y la aplicación de medidas liquidadoras de la libertad. Efectivamente, la llamada a Leire Díez para ponerse al frente de la cloaca y destruir a los jueces, fiscales, policías y periodistas que estaban investigando la trama de corrupción sobre la que se encuentra sentado Sánchez ahora sabemos, gracias a la UCO, que se produjo justo en ese momento.

Durante aquellos días, mientras Sánchez desactivaba su agenda presidencial al mismo tiempo que se activaba a Leire Díez como encargada de la cloaca, asistimos por parte de RTVE y de todos los altavoces mediáticos del PSOE a una avalancha declarativa de palabras de adhesión y devoción al líder supremo. Esta avalancha incluyo un vergonzoso manifiesto de decenas de periodistas afectos a Sánchez, probablemente impulsados por el propio Sánchez, llamando «golpe judicial y mediático» a que se investigaran los casos de corrupción del sanchismo. No sólo eso, instando a tomar medidas contra quienes estaban intentado destapar la corrupción socialista en vez de encubrirla.

Aún no lo sabíamos pero estábamos ante un reparto de papeles organizado por Moncloa. Leire Díez tenía que proporcionar expedientes, reales o inventados, para descalificar a los jueces, policías, guardias civiles, fiscales y periodistas desafectos. Los medios sanchistas tenían que utilizar el material de Leire Díez para reclamar y justificar un golpe de estado blando en defensa supuestamente de la democracia, aunque se trataba en realidad de cargársela. Moncloa, una vez creado el ambiente justificador apropiado, a continuación pretendía aprobar toda una batería de medidas para amordazar a los medios, las redes, colonizar la justicia o desactivar los procesos contra la corrupción socialista: las famosas leyes Bolaños.

Una decisión extraordinaria, como publicar una carta a la ciudadanía anunciando cinco días de suspensión de la presidencia, tenía que conllevar consecuencias extraordinarias. Ahora sabemos que efectivamente las hubo. Sabemos además que cuando Sánchez, en vez de dimitir, decidió pasar a la ofensiva contra el estado de derecho, lo hizo sentado sobre una montaña de corrupción. No se trataba sólo del caso de su mujer o de su hermano, sino de Abalos, de Cerdán, de sus primarias, de Zapatero, de Koldo, de Venezuela, de Plus Ultra y de tantas y tantas cosas, conocidas y no conocidas. Naturalmente Pedro Sánchez sabía todo lo que le podía explotar en la cara y las consecuencias judiciales y penales que podría tener que afrontar, así que efectivamente las opciones eran dimitir o intentar convertirse en un tirano, conseguir el poder absoluto y con este la impunidad. Todo lo que ahora sabemos de la trama de Leire Díez confirma que estábamos y estamos en ese proceso.

De lo que no cabe duda es de que no sólo todos los cargos y líderes socialistas conocían a Leire Díez, y que por tanto todos mintieron pretendiendo que era una militante desconocida e irrelevante. Ahora también conocemos que todos los cargos y líderes socialistas no es que conocieran a Leire Díez, sino que la recibían y obedecían como si fuera al propio P.S. ¿Y por qué iba a ser eso si no fuera porque, efectivamente, todos eran conscientes de que cuando hablaban con Leire hablaban con Sánchez? Si nada de lo que ha sucedido se explica sin que Leire Díez fuera la emisaria de Sánchez, y en cambio todo se explica y encaja perfectamente asumiendo que Leire Díaz era la representante de Sánchez, no tiene lógica pensar otra cosa sino que Leire Díez efectivamente era la encargada de Sánchez. ¿Y qué es lo que pretendía P.S. A través de Leire Díez? Dinamitar el estado de derecho para blindarse frente al inevitable horizonte judicial que se le va dibujando.

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