Todo el mundo aprecia a estas alturas un cambio de la marea no sólo en España, sino en la sociedad occidental. Hay quien lo aprecia en un retorno de la espiritualidad, aunque sea por un disco de Rosalía. Hay quien lo encuentra en el cambio de tendencias electorales. Hay también quien lo percibe como un retorno del pensamiento tradicional y conservador.
Hasta hace poco se pensaba, por ejemplo, que el catolicismo se encontraba en una tremenda crisis porque el número de españoles que se declaran católicos había bajado del 60%, y de este 60% menos aún eran practicantes o cumplían puntualmente con todos los sacramentos. Tal vez no apreciábamos bien, sin embargo, lo difícil que es aglutinar a un 55% o un 60% de los españoles en torno a una misma creencia y una escala de valores en una sociedad libre. Las ideas de quienes hablaban de la crisis del cristianismo o incluso de su extinción a lo mejor no representaban ni al 20% de la sociedad, pero ya estaban encargando una lápida para Dios. Como alguien dijo respecto a la muerte de Dios, parece que es a Nietschze al que últimamente se le ve mal color. Al igual que en política la sensación de éxito o de fracaso es en buena medida un juego de expectativas. Es en este sentido, por venir de una adhesión al cristianismo en España del 90%, a lo mejor teníamos por desastroso un milagroso 60%. Poco antes de ese 90% habíamos tenido una Guerra Civil en la que se habían quemado las iglesias y se había exterminado a los curas y monjas.
Sea como sea estamos ante una nueva ola conservadora. Así podemos calificar sin duda a muchos de los youtubers e influencers de todo pelaje que podemos encontrar en las redes sociales. De todo pelaje porque el aspecto de muchos de ellos poco tiene que ver con el esterotipo que muchas veces tenemos de una persona conservadora. Su discurso sin embargo es, con todos los matices que se quiera, inequívocamente conservador.
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— Ana Iris Simón (@anairissimon) December 24, 2025
¿Por qué su discurso es conservador o tradicional y su aspecto no? El motivo es que una gran parte de ellos vienen del descreimiento, la educación progre, la ideología de género y la tiranía woke. Es lógico puesto que durante décadas este ha sido el pensamiento dominante. La gente progre venía de ambientes cristianos y la gente conservadora viene ahora de ambientes progres. ¿Y por qué viene de ese sitio maravilloso? Porque no es tan maravilloso. Porque el ambiente a que ha dado lugar el discurso woke resulta que es básicamente una ciénaga abyecta. El progresismo llevó a la masa a la tierra prometida, pero al llegar resulta que era un pozo en el que la gente no quiere quedarse. Familias desestructuradas, parejas sin amor, relaciones vacías, vidas sin sentido, aborto, soledad en grupo, trastornos, fibromialgia, depresión. Lo que se ha encontrado el pasajero al tomar tierra y bajar del avión no era lo que salía en las fotos del folleto de la agencia de viajes.
En este cambio de tendencia hay no obstante creyentes, tradicionalistas y conservadores que ven un problema. A lomos de esta nueva realidad aparecen personas que no son perfectamente ortodoxas desde el punto de vista cristiano o tradicional. Es más, seguramente la mayoría de influencers sobre los que cabalga el cambio de tendencia no lo son. Lo que sucede es que en una escala no es posible pasar del 1 al 10 sin pasar por el 2, el 3, el 5 y el 7. Es más, seguramente nunca va a estar en esa escala todo el mundo en el 10. Si pensamos que es eso o nada seguramente viviremos siempre frustrados. Sin embargo, es muy distinto que haya una mayoría social poblando el 6, el 7 y el 8 que poblando el 2, el 3 y el 4. Probablemente tendrás mucha más gente en el 10 si hay una mayoría en el 7, el 8 y el 9 que si se desliza hacia el 2.
Hablábamos por otro lado de un conservadurismo racional porque, efectivamente, mucha gente está volviendo al pensamiento tradicional por el camino de la razón. Al destino al que se llega por la fe se puede llegar por la fe, se puede llegar por la razón y se puede llegar por la razón y la fe. El punto al que te lleva la fe y la tradición es muchas veces, en estos tiempos, el mero sentido común. Y viceversa. Si no por un motivo de fe, llegas al mismo punto racionalmente porque ves que de esa manera las cosas funcionan mejor. Si el discurso woke hubiera llevado a la gente al paraíso se habría quedado allí. No debía serlo porque la gente empieza masivamente a volver. Seguramente no todos volverán al origen, pero ha habido un decisivo cambio de dirección.