Paz y feliz Navidad

Ha llegado el gran día. Hoy es Nochebuena y mañana Navidad. Es un día de exaltación del amor y la trascendencia. Un día que la mayoría de las personas celebramos si podemos en familia y rodeados de nuestros seres queridos, echando también de menos a los que se nos han ido. Navidad es de todos modos una celebración de que nunca estamos solos del todo y de que las separaciones no son ni totales ni definitivas, porque hay algo más que sólo lo que pesamos y medimos. No sólo es que somos algo más que lo pesable o tocable, sino que lo esencial de nosotros es precisamente eso que no puede tocarse o pesarse, lo mismo que un cuadro de Goya cuya esencia es justo lo que excede el mero listado de centímetros de lienzo o gramos de pintura que lo componen. Pero no todo el mundo quiere una Navidad de paz, de amor, de encuentro, de positividad y hermandad. Hay personas que son activistas 24/7/365, y para las que el activismo es odiar a todo el que no comparte su mismo activismo.

Una conocida marca de embutidos, caracterizada por apostar por el buenrollismo en su anuncio navideño, ha servido de punto de apoyo a los activistas furibundos para reclamar y exigir la discordia navideña. Hay que aprovechar las cenas y reuniones familiares para pelearse entre todos los que piensan diferente. Todos los que piensan diferente son unos fascistas y hay que decírselo. Se pueden hacer maravillas sobre un fascista con las tenazas pelamariscos.

No se dan cuenta, pero hay un problema con la gente que no puede compartir mesa civilizadamente ni con su propia familia. Es complicado no reventar la convivencia con gente que busca permanentemente el conflicto y meter un tenedor en el ojo al que piensa distinto. Esta gente, como lo explica en el vídeo anterior, piensa de entrada que todo el que no piensa como él no merece poder vivir en paz, y lo justifica alegando que eso de no polarizar y convivir es renunciar al pluralismo e imponer el pensamiento monocolor. Esto te lo dice la misma gente que pretende empalarte en el pino de Navidad por pensar con otro color.

Por alguna extraña razón, parecen querernos llevar a un punto en que ser tolerante consista en pensar todos lo mismo. Por el contrario, para pensar todos lo mismo no hace falta ser tolerante. Ser tolerante tampoco consiste en dar por bueno el pensamiento del otro. Al revés, la tolerancia consiste en no pegarse con el vecino aunque no demos por bueno su pensamiento. Si la apuesta es pegarnos con todos los que piensan distinto, nos vamos a pasar la vida pegándonos por todo porque pensar y pensar todos lo mismo es casi un oxímoron. Es la falta de pensamiento lo que suele dar lugar a la uniformidad. Por otro lado somos humanos y lo nuestro es pensar. Machacar la cabeza del que piensa diferente tiene por lo demás sus riesgos. Lo mismo el plan sale mal, es el otro el que te la machaca a ti y entonces después a llorar.

Incluso en las grandes guerras mundiales se han vivido momentos especiales de tregua en la Navidad. Seguro que alguien pensó que eran situaciones peligrosas no fuera que por un instante se pudiera ver al otro como un ser humano y eso abriera una grieta en el muro de odio. De algún modo, efectivamente, lo “natural” quizá es el enfrentamiento, la lucha, el odio, la disputa armada por las ideas, las creencias y los recursos. La Navidad, por el contrario, es el pequeño milagro de por un momento parar esa maquinaria. Parar sólo un momento la gran maquinaria terrible puede parecer insignificante, pero sin embargo es la demostración de que no es imparable e invencible, para lo que como prueba basta el milagro de un parón de un instante. El activismo del odio se viene abajo sólo con que se pueda quedar en 24/7/364 y se descubra que el odio es una opción, no una necesidad. Paz y Feliz Navidad.

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