Manuel de Irujo, ¿héroe o villano?

El pasado fin de semana el PNV homenajeaba en Maya a Manuel de Irujo, según este humilde partido «el referente político más importante en Navarra del siglo XX».

Manuel de Irujo se afilia al PNV en 1908, lo que conviene tener en cuenta para conseguir un retrato cabal del personaje y de sus ideas. En aquella época el PNV era un partido abiertamente racista, como evidencian todos los textos de Sabino Arana. Racista en el sentido más duro de la palabra. Racista como era tendencia ser racista en toda aquella época cuya culminación fue el nazismo en Alemania. A este respecto podemos recordar algunas célebres citas de Sabino Arana. Es al partido de Sabino Arana y comulgando con estas ideas al que Manuel de Irujo se afilia:

“Nada importa, pues, la extinción de nuestra lengua; nada, el olvido de nuestra historia; nada, la pérdida de nuestras propias y santas instituciones y la imposición de las extrañas y liberales; nada, esta misma esclavitud política de nuestra Patria; nada, absolutamente nada, importa todo eso, en sí considerado, al lado del roce de nuestro pueblo con el español, que causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón, apartamiento total, en una palabra, del fin de toda humana sociedad”. Efectos de la invasión. Sabino Arana. Baserritarra. Bilbao, 11 de julio de 1897.

Esta cita revela no sólo el racismo de Arana y el PNV, el partido y el discurso al que se adhiere Irujo, sino también la escasa relevancia que el nacionalismo vasco daba entonces al euskera en relación con la pureza de la raza, que era el auténtico bien a preservar y no la lengua:

«… para nosotros sería la ruina que el que los maketos residentes en nuestro territorio hablasen euskera. ¿Por qué? Porque la pureza de raza es, como la lengua, uno de los fundamentos del lema bizkaíno, y mientras la lengua, siempre que haya una buena gramática y un buen diccionario, puede restaurarse aunque nadie la hable; la raza, en cambio, no puede resucitarse una vez perdida… Tanto están obligados los bizkainos a hablar su lengua nacional, como a no enseñársela a los maketos o españoles. No el hablar éste o el otro idioma, sino la diferencia del lenguaje es el gran medio de preservarnos del contagio de los españoles y evitar el cruzamiento de las dos razas”. Errores catalanistas. Sabino Arana. Bizkaitarra. Bilbao, 31 de octubre de 1894.

No se trata de profundizar aquí en las citas y la ideología racista, violenta y machista de Sabino Arana y el PNV (extrañamente inatacable por la «memoria histórica»), pero es el discurso al que se adscribe Manuel de Irujo, y por tanto debemos tener unas nociones sobre ese discurso antes de asentir al ensalzamiento del personaje. En los años 30 existía en toda Europa, no sólo en Alemania, un auge de las ideas nacionalistas y racistas que venía acrisolándose desde décadas antes. Sabino Arana y el PNV formaban parte de esa misma ola y eran de algún modo la expresión de ese fenómeno en el País Vasco y Navarra. En todo caso se le podía reconocer una cierta moderación de esas ideas al PNV por su componente católico, lo que nos lleva al siguiente punto. Manuel de Irujo fue ministro de la República en plena Guerra Civil, gobernando primero Largo Caballero y después Negrín. Todo tipo de atrocidades y represiones sangrientas se llevaron a cabo bajo la complicidad o la pasividad de esos gobiernos. Irónicamente, Manuel de Irujo presentó en el Consejo de Ministros del gobierno de la República un conocido Memorándum sobre la persecución de la Iglesia en la zona republicana, fechado el 7 de enero de 1937. Ya que estamos recordando a Manuel de Irujo, recuperemos el contenido de ese memorándum y las palabras de Irujo como testigo de cargo contra la memoria republicana. En ese memorándum, por ejemplo, se dice lo siguiente:

La situación de hecho de la Iglesia, a partir de julio pasado, en todo el territorio leal, excepto el vasco, es la siguiente:

a) Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio.

b) Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido.

c) Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron.

d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto, los han fundido y aun han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales.

e) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garages, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos llevando a cabo —los organismos oficiales que los han ocupado— en su edificación obras de carácter permanente, instalaciones de agua, cubiertas de azulejos para suelos y mostradores, puertas, ventanas, básculas, firmes especiales para rodaje, rótulos insertos para obras de fábrica y otras actividades.

f) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados o derruídos.

g) Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las poblaciones. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso.

h) Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios, buceando en el interior de las habitaciones, de vida íntima personal o familiar, destruye con escarnio y violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerde.

En el memorándum, Irujo llega a calificar de “sistema verdaderamente fascista” el estado de cosas en el que tiene lugar la persecución del cristianismo en España, y denuncia que esta persecución ya no se puede atribuir a un desbordamiento inicial por parte de grupos incontrolados, sino que se produce por complicidad o inacción del gobierno republicano (del que él mismo formaba parte), y que en el País Vasco no se producía esa persecución porque allí el PNV no la permitía, ergo si se producía en el resto del país es que allí sí se permitía.

“La ola revolucionaria pudo estimarse ciega, arrolladora e incontrolada en los primeros momentos. La sistemática destrucción de templos, altares y objetos de culto ya no es obra incontrolada. Mas la participación de organismos oficiales en la transformación de los templos y objetos de culto para fines industriales, la prisión confinada en las cárceles del Estado de sacerdotes y religiosos, sus fusilamientos, la continuidad de sistema verdaderamente fascista por el que se ultraja a diario la conciencia individual de los creyentes en la misma intimidad del hogar por fuerzas oficiales del poder público, todo ello deja de tener explicación posible, para situar el Gobierno de la República ante el dilema de su complicidad o de su impotencia, ninguna de cuyas conclusiones conviene a la política exterior de la República y a la estimación de su causa ante el mundo civilizado”.

Que en el País Vasco no hubiera persecución religiosa, pero sí represión política (ejecuciones en los barcos prisión como el Cabo Quilates y el Altuna Mendi, o la masacre del colegio de los Angeles Custodios), es a su vez una autoinculpación involuntaria de Aguirre contra el PNV. Que no hubiera represión contra la Iglesia en el Pais Vasco, como presumía Aguirre, evidencia que si el PNV quería no había represión, por tanto si se produjeron masacres como las citadas es que no hubo esa voluntad de impedirlas que sí hubo contra la persecución religiosa. Por lo demás, ¿por qué Aguirre formó parte año tras año y presidencia tras presidencia de un gobierno del que denunciaba prácticas fascistas y persecución religiosa? ¿No le convertía en cómplice denunciar por un lado y apoyar por otro? Sin duda Aguirre cabalgó sus contradicciones como ha caracterizado toda la historia del PNV. Pero esas contradicciones siempre siguieron una pauta. Entre el nacionalismo y todo lo demás, siempre pesaba más el nacionalismo, incluyendo otro tipo de consideraciones como morales y religiosas.

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