Eurovisión es el castigo, no el motivo por el que debemos ser castigados

Ha vuelto a pasar. España ha desempeñado un papel lamentable en Eurovisión. El Chiquilicuatre fue el 16 de 25 y “Zorra” el 22 de 25. ¿Pero nos puede extrañar viendo en lo que se ha convertido Eusorvisión?

Si Eurovisión siguiera siendo un euroconcurso de canciones amables que se seguía en familia desde los hogares con televisiones de dos canales, una canción como “Zorra” hubiera causado espanto, por lo que nunca hubiera ganado. Pero en una desaforada competición frikiprogre por ver quién es más woke, más LGTB y más antisemita, España no podía llamar ni con una canción como Zorra, porque en ese ambiente es sólo una más. La degeneración eurovisiva ha llegado a tal punto en que o llamas la atención mandando al festival a un coro de monjitas, que sería una idea, o por lo menos la cantante se tiene que practicar un aborto en directo mientras canta. En una competición tan feroz por ver quién es el más ultrawoke está muy difícil llamar la atención.

No sólo es que te puede resultar muy difícil ser el más woke jugando a ser woke en un campeonato de wokes, es que además te puede pasar que el televoto te de una sorpresa como que Israel sea el país más favorecido por la votación popular. Si de hecho no hubiera sido por los votos del jurado, Israel hubiera sido el país ganador. Irónicamente, lo progre en el 98 era votar a Israel porque la cantante era “trans”.

Naturalmente en todo esto ya no tiene nada que ver la música. La denostada Chanel quedó tercera en un festival que ganó Ucrania. Todo se ha politizado por completo. No se vota por criterios musicales sino ideológicos. Eurovisión ha muerto. Y mejor, porque para lo que ha quedado la muerte es un acto piadoso.

A la vista de los esperpentos que se iban sucediendo sobre el escenario, hay quien dijo que el mundo moderno merece una plaga que acabe con esto, que toda esta cochambre no puede quedar sin castigo. Sin embargo, como escribió Nicolás Gómez-Dávila, “el mundo moderno no será castigado. Es el castigo”. O sea, no es que toda la cochambre que vimos en Eurovisión vaya a ser castigada, sino que toda esa cochambre ya es el castigo. Ojalá toda la cochambre se limitara a Eurovisión y ojalá se limitara también a Eurovisión el castigo.

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