Begoña Gómez, Sarah Santaolalla y el principio de realidad

Hay quien piensa que vivimos en una simulación. Esta es una idea que se popularizó hace unos años gracias a la película Matrix, pero que ya mucho antes había sido contemplada por los filósofos desde Parménides hasta el genio maligno de Descartes, pasando por el mundo reflejo y sombreado de la caverna de Platón. De lo que no cabe duda, sin embargo, es de que algunos viven en una simulación, o al menos de que intentan hacernos vivir en una simulación.

Sarah Santaolalla, por ejemplo, la periodista estrella del sanchismo y RTVE, aparte de llamar golpista a Corina Machado en vez de a Maduro nos obsequió hace unas semanas con una interpretación digna de media docena de Goyas, apareciendo durante días con un brazo en cabestrillo (con el que constantemente olvidaba que no podía gesticular) a resultas de la paliza que le había dado Vito Quiles en una agresión fascista. El problema es que toda la secuencia del encuentro había sido grabada y la agresión no aparecía por ningún lado. Este pequeño detalle, sin embargo, no impidió a Santaolalla, RTVE, el PSOE y todo el sanchismo repetir una y otra vez la existencia de esa agresión. En la simulación en la que vive el sanchismo y el votante sanchista había existido esa agresión. Esto no quiere decir que Vito Quiles sea más o menos pesado, nos guste más o menos su forma a lo Caiga quien Caiga de hacer periodismo o él mismo nos caiga mejor o peor, pero la agresión no existió. En el mundo real al menos, fuera de la simulación socialista, la agresión no existió. Eso sí, resultó llamativo el número de personas en nómina del sanchismo que entre la realidad y la simulación impuesta por Sánchez eligió la simulación.

Pues bien, ha vuelto a pasar. Ahora es Begoña Gómez la que, tras un encuentro con Vito Quiles, le denuncia por acoso y parece también que por agresión. Desde luego los medios sanchistas, pase lo que pase después, ya han lanzado la especie de que Vito Quiles ha agredido a la esposa del presidente. El problema una vez más vuelve a ser el principio de realidad.

Salvo que Begoña Gómez y sus acompañantes aporten evidencias gráficas que indiquen otra cosa, los vídeos e imágenes del encuentro muestran no sólo la inexistencia de una agresión de Vito Quiles a Begoña Gómez, sino la existencia en todo caso de una agresión a Vito Quiles por parte de las violentas acompañantes de la mujer del presidente.

Dentro de lo cabe las vicisitudes entre Vito Quiles y los prebostes del sanchismo podrían quedar aparcadas en el terreno de lo anecdótico, pero lo relevante es el choque frontal al que estamos asistiendo entre el principio de realidad y el discurso sanchista. Este choque nos remite a distopías como la orwelliana de 1984, en la que el partido exige a Winston bajo tortura -en los sótanos del Ministerio del Amor- que diga que ve cinco dedos aunque el torturador sólo le muestre cuatro. Se trata de que el protagonista de 1984 deje de rebelarse y acepte sumisamente que la realidad es lo que dice el partido, no lo que ven sus ojos. Parece que nos acercamos a marchas forzadas a ese punto en que el gobierno y el principio de realidad ya están en conflicto.

Da igual que el punto de conflicto sea tan absurdo como un encuentro callejero entre Vito Quilos y Begoña Gómez o Sarah Santaolalla, lo sustancial es que el gobierno se siente lo bastante fuerte, o considera a sus simpatizantes lo bastante lobotomizados, como para respaldar a Gómez o Santaolalla frente a la realidad. De hecho es significativo que, para poner a prueba el poder del sistema, el votante de Sánchez tenga que tragar con algo tan burdo y no con una filigrana sutil. Si traga con algo tan burdo, tragará sin problemas con lo demás. Tiene todo el sentido por tanto que la prueba de fe se lleve a cabo con algo burdo y con un choque frontal, no uno meramente lateral, con el principio de realidad.

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