Mataron a Caballero y siguen los mismos

Cuando ETA asesinó a Tomás Caballero el 6 de mayo de 1998 Arnaldo Otegui era el portavoz de la Mesa Nacional de Herri Batasuna, la “mesa de la muerte”. Adolfo Araiz había formado parte de la mesa de la muerte hasta el año anterior, en que fue disuelta por la justicia. Es decir, en aquella época unas siglas empezaron a sustituir a otras y una mesa a otra, pero todo era la mismo, la misma botella de veneno con el mismo contenido pero con distinta etiqueta. De hecho Bildu no es más que la enésima sucesión de la misma organización a través de distintos contextos. Para que no se le pierda ningún simpatizante la propia organización mantiene al frente a Otegui y a Araiz. No se han molestado ni en cambiar las caras. Tampoco ha cambiado el discurso. En realidad mantienen las caras precisamente por eso. Para que no haya duda de que son lo mismo y están orgullosos. ¿O no habría en todo Bildu otras personas no relacionadas con el pasado que podrían ocupar los puestos de Araiz u Otegui siquiera para disimular un poco? Disimular significaría asumir que hicieron algo malo y ni siquiera han dado ese paso. Tenemos un partido liderado por un secuestrador de la ETA y lo hemos homologado. Es más, ese partido es el que se autoerige en el repartidor de carnets de demócrata a los demás. No sólo eso, tanto el gobierno de Navarra como el nacional han decidido echarse en brazos de ese partido y depender de sus votos.

Muchos de los males que nos aquejan y la polarización que sufrimos vienen determinados por ese brazo. ¿Cómo justificas el pacto anormal con el partido anormal liderado por un secuestrador? Llamando nazis a los demás. La única forma de justificar el pacto con Bildu es que las alternativas sean pactar con Bildu o nazismo, así que necesitas inventarte como sea el nazismo y empiezas a llamar nazis a todos los del otro muro que has levantado con Bildu. Cuando el 6 de mayo de 1998 la ETA asesinó a Tomás Caballero ni Araiz, ni Otegui, ni Abaurrea, condenaron el atentado. No lo condenaron durante las décadas siguientes y ahí siguen a fecha de hoy, en Bildu, ocupando cargos y sin condenar todavía el asesinato. Quienes ostentan el liderazgo en Bildu no son por tanto los herederos de los herederos o los nietos de los que se negaban a condenar los atentados de ETA o los nietos de los miembros de la mesa de la muerte: son ellos mismos aún.

No sólo es que no se les exija esa condena en Bildu para ocupar un puesto, es que si hubieran condenado el atentado es cuando hubieran sido cancelados por la izquierda abertzale. Están ahí precisamente por no haber condenado. El nuevo escenario es que tampoco se les exige la condena desde fuera de Bildu. Lo más parecido a una condena que se puede sacar Bildu es un lamento de la violencia, pero eso no significa nada. Es como si Toni Soprano te dice que lamenta haber tenido que partirte las piernas, que no lo hizo por gusto, que incluso le disgustó hacerlo, pero que tuvo que hacerlo porque no le pagabas. Eso no es una condena, es lo contrario de una condena. La prueba del nueve es que a fecha de hoy Bildu sigue llamando presos políticos a los asesinos de ETA, incluyendo el asesino de Tomás Caballero, con todo lo que eso implica.

O sea, Bildu no distingue entre etarras que son presos políticos y etarras que no lo son. Todos los etarras son para Bildu presos políticos. Desde luego o todos lo son o ninguno lo es, y la apuesta de Bildu es que ninguno lo es. Que para Bildu los presos de ETA sean presos políticos es una declaración de principios. Significa que para ellos los etarras no son asesinos y de hecho nunca ha llamado asesinos a los etarras y nunca les ha declarado merecedores de una condena.

Todo lo contrario, siempre han rechazado sus detenciones y desde el primer momento han reclamado su excercalación y su impunidad. No llamar asesinos a los asesinos y reclamar su impunidad significa por tanto que sus asesinatos estaban justificados, que por tanto no merecen un castigo, y al mismo tiempo que las víctimas merecían la violencia de la que fueron objeto. Todo eso va implícito en llamar presos políticos a los asesinos de ETA y es el discurso de Bildu. Y con ese discurso Bildu es el socio preferente del PSOE y el partido que determina y condiciona todo lo que pueden hacer o no hacer el gobierno foral y el gobierno de España.

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