Navarra comienza el año con una crisis de gobierno. En este contexto, por supuesto, hay que entender la palabra crisis como sinónimo de cambio. Decir renovación en vez de cambio no sería sin embargo describir fielmente la realidad. Todo lo contrario, a lo que asistimos más bien es a una des-renovación. Regresamos al pasado. Vuelve Javier Remírez, el antiguo consejero de Interior, vicepresidente y portavoz de Chivite. El hombre que se hacía selfies sonriendo ante las cenizas de Senda Viva, eso sólo para empezar. En cambio salen el vicepresidente Félix Taberna y la consejera de Función Pública, Justicia e Interior, amén de portavoz, Amparo López. Por supuesto se queda Oscar Chivite, el “tito”, el consejero más cuestionado por los túneles de Velate y Servinabar. Se quedan los fieles y sospechosos, salen los menos entusiastas o los que han mostrado algún mínimo atisbo de crítica. El mandarinato de Chivite se bunkeriza siguiendo los pasos de Pedro Sánchez, el pxtx amo.

La triste realidad es que en Navarra tenemos un gobierno bajo sospecha. La sombra de la sospecha, por lo demás, avanza por dos vertientes a cuál más inquietante. Por un lado están todas las obras bajo sospecha las cuales son todas aquellas en las que andaba de por medio Servinabar. No son una, ni dos, ni tres. Aquellas concesiones, la mayoría llenas de irregularidades como las VPO de Ripagaina o los túneles de Velate, no pudieron llevarse a cabo sin la complicidad de un amplio entramado institucional. En realidad Cerdán no tenía ningún cargo para poder adjudicar directamente ninguna obra. Lo que tenía Cerdán era influencia y poder real. Eran otros sin embargo quienes iban tomando las decisiones que necesitaba Cerdán para que acabara siendo beneficiada Servinabar. Todos aquellos que tomaban ese tipo de decisiones se encuentran ahora bajo sospecha y a todos ellos los protege Chivite, para empezar porque ella es la primera que se encuentra bajo sospecha.

Esto nos lleva a la segunda vía por la que avanza la sombra de esta sospecha, y es que aquí en Navarra no se movía un papel sin que lo autorizara Cerdán. Ya lo reconocía inocentemente Alzórriz cuando lo ensalzaba, confesando sin querer que en Navarra todas las grandes obras estaban paralizadas hasta que aparecía Cerdán para reactivarlas. Lo que pasa es que no aparecía como salvador sino como comisionista. Es más, da la impresión de que si todo estaba paralizado era porque no se hacía nada hasta que podía adjudicarse a alguna sociedad que beneficiara a Alonso y Cerdán. El caso que esta segunda vía de sospecha sobre el gobierno foral se deriva del hecho de que todos los nombramientos importantes en el PSN, empezando por el de Chivite, emanaron durante años de la voluntad de Santos Cerdán. Aquí el problema no es que Chivite eligiera a Cerdán y tenga por ello una responsabilidad in eligendo o in vigilando, sino que más bien Chivite es la elegida de Cerdán. ¿Y por qué eligió Cerdán a Chivite y no a otra persona? ¿Qué cualidades buscaba Cerdán en la persona que tenía que dirigir el PSN y en su caso llegar a la presidencia de Navarra? ¿Buscaba como requisito esencial alguien que tuviera criterio propio o alguien que no fuera a hacer preguntas ni estorbar sus asuntos sucios? Desde luego Chivite ni ha tenido criterio propio, ni ha hecho preguntas, ni ha estorbado en ningún momento aquellos asuntos sucios. De todos los errores que cometió Cerdán, nombrar a Chivite no ha sido uno de ellos. Si fuera por Chivite a Servinabar y Cerdán todo les seguiría yendo perfecto.

Hay quien dice por otro lado, sin duda por malicia, que no es tanto en esta reforma del gabinete que Chivite haya dado de lado a Félix Taberna y Amparo López, sino que más bien han sido estos los que se han distanciado de Chivite. Casi podría decirse entonces que ellos se marchan y no que Chivite les echa. O sea, sí los echa, pero los echa porque ellos han decidido no aplaudir con el exigido entusiasmo, lo cual ya sabían que era algo que les sacaba del gobierno. Lo que pasa es que a lo mejor y a la vista de todo lo que puede estar por venir y destaparse puede que lo mejor sea estar fuera y lejos de este gobierno.

Por lo demás, recuperar a Javier Remírez es otra decisión catastrófica, por más que nos vaya a animar a los digitales la actualidad política. Remírez es básicamente un político de ineficiencia probada. Toda su gestión en el Gobierno de Navarra fue desastrosa. No sólo puso de manifiesto su incompetencia como consejero de Interior (afeada hasta por sus socios) en los devastadores incendios de 2022, retrasando la activación del Plan Territorial de Protección Civil de Navarra (Platena) y el nivel de emergencia 2 hasta que la situación era ya casi extrema, sino que aún tuvo la ocurrencia de hacerse un selfie sonriendo delante de las ruinas chamuscadas de Senda Viva. Eso sí, la reconstrucción de Senda Viva se la llevó casualmente Adentro Construimos, la misma empresa que reformó la sede del PSN o la casa de Alzórriz. Para adjudicar las obras de reconstrucción de Senda Viva a Adentro Construimos se trocearon además varios contratos, de modo que no llegaran a los 200.000 euros y que por tanto no tuvieran que someterse al proceso de adjudicación correspondiente. Eso sí, no se disimuló mucho ese troceamiento para facilitar la adjudicación ya que se adjudicaron por 199.999 euros, 198.886 euros y 199.848 euros. O sea, con todo descaro. El asunto se encuentra bajo investigación judicial.
Si nos retrotraemos a la pandemia, cada cosa que hizo o dijo Javier Remírez vuelve a ser desastrosa, como evidencia la hemeroteca. Primero negó la peligrosidad de lo que venía, siguiendo la disciplina sanchista que hasta el 8M era negacionista. Para negar la peligrosidad de la pandemia llegó a utilizar el Gara como fuente de información. Después, en lo peor de la primera ola de la pandemia, se dedicó a esparcir el mensaje de que no hacían falta mascarillas. A continuación, como si tal cosa pasó a exigir las mascarilla obligatoria bajo todas las penas del infierno. Lo que sucede es que todo esto, como en el caso de Elma Saiz, en el mundo sanchista lejos de ser un desdoro es un gran mérito. Todo lo que hizo Remírez en el Gobierno de Navarra fue un despropósito. Lo mismo decía blanco que después negro. Pero en ningún momento desobedeció una orden ni se salió del discurso. Con la misma naturalidad defendía una cosa que la contraria. Esto es precisamente lo que te cualifica para ocupar un puesto en el universo sanchista. La propia María Chivite ocupa el puesto que ocupa por esta facilidad para tragar, regurgitar y emitir acríticamente el forraje que llega de jefatura. Por tanto la decisión de María Chivite de recuperar a Javier Remírez es perfectamente entendible. Desde el punto de vista sanchista es absolutamente apropiado. Al conjunto de los navarros en cambio que nos coja Dios confesados.