Son positivos las iniciativas de rehabilitación de viviendas en malas condiciones y tener en cuenta también las viviendas vacías, pero no es suficiente para dar salida a la alta demanda inmobiliaria.
En general la sociedad está de acuerdo con que hay que construir abundantes viviendas asequibles, pero es que hay que construir más viviendas, muchas más. Hay que construir para todos los bolsillos, asequibles y menos asequibles, pues hay demanda para todos los bolsillos. Y la demanda de vivienda va a seguir creciendo porque cada año viene 1/2 millón de inmigrantes al conjunto de España.
En España hay 3’5 millones de viviendas vacías, pero solo un 10% de ellas se encuentran en áreas urbanas, que es donde quiere vivir la gente. Vamos, que en un país a punto de llegar a los 50 millones de habitantes solo hay 350000 viviendas vacías. No todos los casi 50 millones viven en zonas urbanas, pero sí la gran mayoría. De todas maneras el Banco de España estima que tenemos un déficit de 700.000 vivienda.
Evidentemente si todas las mencionadas viviendas urbanas vacías se pudieran habitar de golpe, el año en que se habitaran se daría salida a gran parte de la demanda de vivienda de ese año. Pero la demanda no va a dejar de crecer y las dichas viviendas vacías no van a estar disponibles inmediatamente, entre otras razones porque un alto porcentaje de las mismas están en malas condiciones y la burocracia es sumamente lenta.
El problema de la vivienda es también un problema político de todos los partidos por no construir suficientes viviendas para dar salida a la desorbitada demanda existente. Por no hablar de la escasez de suelo finalista que también depende de las administraciones.
Asimismo es un problema político cuando los impuestos a la vivienda suman dobles dígitos. De hecho según el economista Gonzalo Bernardo “Más del 40% del precio de la vivienda son impuestos, si cuento desde que el terreno es agrícola hasta que se vende.”
Casi la totalidad del alquiler en España (93,4%) está en manos de familias particulares. Así que nada de los misteriosos y manidos fondos buitres.
La actual política de vivienda, que suspende desahucios sin aportar recursos públicos, en la práctica obliga al pequeño propietario a ejercer un papel de protección social que no le corresponde.
El resultado de vulnerar el derecho a la propiedad privada es un mercado cada vez más tensionado, pues el miedo a la indefensión jurídica y a la ocupación hace que los propietarios retiren sus casas del alquiler, provocando una escasez de oferta que dispara los precios.
La promotora Culmia afirma que según su experiencia que está demostrado que las iniciativas de vivienda asequible funcionan, contando con que tengan un volumen suficiente, seguridad jurídica y un enfoque largoplacista.
Especulación hay, no lo vamos a negar. Pero cuando la oferta escasea y la demanda crece sin parar, los precios van a dispararse sí o sí. El problema principal es el desequilibrio entre oferta y demanda. Con la demanda que tenemos tendríamos que estar viendo grúas y excavadoras por todos lados, no unas pocas por Ripagaña o el Soto de Lezkairu.
La Gran Recesión que estalló en 2008 sucedió principalmente porque se daba crédito a quienes no estaban ni cerca de poder pagar la hipoteca de su vivienda. Recordaremos que hubo escándalos de construcciones en medio de la nada en la provincia de Toledo con el célebre caso de El Pocero, por ejemplo. Pues bien, la carencia de vivienda es tal que ya se han vendido las viviendas de esas áreas residenciales toledanas.
El problema es general a la gran mayoría de las áreas urbanas de España. Y desde luego la Cuenca de Pamplona no es inmune a esa tendencia general. Siempre hemos visto en nuestra comarca y vivido el tener que vivir en un barrio fuera del centro o en una localidad cuenca, pero todavía cercana al centro.
Ahora ya conocemos bastante gente que a falta de vivienda en la Cuenca de Pamplona se muda a Sangüesa, Tafalla o Alsasua. Eso no es ni medio normal y no tiene precedentes.
Que la vivienda sea cara es un problema inmenso, pero es que no hay vivienda cara ni barata. Simplemente no hay vivienda. Se oyen proyectos de construcción en Donapea y junto a la futura estación de tren, para 2026 y 2027. Pero esas son las estimaciones de empezarse a construir, por lo que a menos tardar las primeras viviendas no estarán disponibles hasta 2028.
Para la ciudadanía el problema de la vivienda es el número uno y eso que hay problemas serios. Con la creciente demanda no se puede esperar tanto tiempo para dar salida a esa necesidad.
Es tan urgente construir viviendas que hay que poner las excavadoras a trabajar ya. Los barrios del Soto de Lezkairu y Ripagaña ya se han construido casi en su totalidad. Han dado salida a una parte de la demanda de vivienda, pero no va a haber gran aumento en la construcción de viviendas hasta que den comienzo las mencionadas de la RENFE y Donapea. Asimismo hay un plan de edificación en Sarriguren para 2027, pero es que no se puede esperar más tiempo mientras la demanda no deja de crecer.
Al margen de eso las administraciones tienen que poner de su parte y bajar del 20 al 40% del precio de las viviendas al que las elevan los impuestos (desde la concesión de suelo a la entrega de las llaves) y adicionalmente dar licencias para construir viviendas en los incontables locales y oficinas vacíos. Al menos a los que lleven más de un par de años sin uso.
Aun así hay que rescatar el plan de construcción de 18000 viviendas en Guenduláin, pues demanda hay para rato y no va a parar de crecer por bastantes años.
Hay que hacer que un alto porcentaje de esas viviendas sean de precios asequibles. Además hay que evitar la creación de tal porcentaje de plantas bajas destinadas a comercios y hacer más viviendas en su lugar para que no se repita la paradoja de la escasez de vivienda y la amplia cantidad de locales vacíos.