Las ratas atacan a un residente en un centro público de discapacitados en Pamplona

Hemos tenido que esperar a esta noticia hasta que a lo mejor se empiece a hacer algo en serio en Pamplona con el problema de las ratas. Un residente del centro de atención integral a la discapacidad San José de Pamplona ha tenido que ser atendido por mordeduras de rata en la cara, las manos y los pies, tan atroz como suena. El hecho, que no se ha conocido hasta ahora, tuvo lugar el pasado mes de septiembre. El ataque se produjo por la noche y la víctima fue una persona con movilidad reducida que estaba durmiendo. El hecho fue descubierto por uno de los cuidadores del turno de noche. El departamento de Derechos Sociales asegura que “el centro había realizado todos los controles y no había indicios de que pudiera darse esta situación”.

La consejera de Derechos Sociales, Carmen Maeztu, según se publica se reunió hace unos días con representantes de grupos políticos en el Parlamento de Navarra con el fin de trasladarles lo sucedido y pedirles que no se frivolizara con el suceso. Ningún partido político lo hizo público. Fuentes del departamento indican que no hay ninguna denuncia, ni queja, que la familia afectada no ha querido darle trascendencia y que tampoco la Asociación de Familiares ha presentado queja.

El hecho sin embargo es que hay un clamor en Pamplona hace tiempo respecto al problema de las ratas. Aparte los comentarios de los ciudadanos, son constantes las noticias sobre la presencia de ratas en las calles y parques de la capital navarra. No es por tanto extraño del todo que aparezcan ratas también en un centro público de atención a discapacitados. Las ratas no saben leer los carteles ni guardar el debido respeto.

Las ratas no saben leer los carteles y no respetan los colegios, los hospitales, ni los centros donde residen personas discapacitadas, pero los políticos y el Dapartamento de Derechos Sociales sí que se supone que saben leer informes o las noticias que se publican en los medios y las redes sociales. No pueden ignorar por tanto que hay un problema con las ratas en Pamplona. Y si hay un problema con las ratas en Pamplona, no pueden esperar que los centros sanitarios, las residencias o los colegios estén libres de este problema. No es imaginable que Pamplona vaya a estar llena de ratas menos los colegios, las residencias o los hospitales. Obviamente si existe el problema también estos lugares van a padecerlo y van a necesitar especial vigilancia. La pregunta es si se ha llevado a cabo esa especial vigilancia sobre estos lugares.

No se puede dejar de apreciar el interés que el Departamento de Derechos Sociales ha puesto al parecer en tratar de controlar el relato y contener la información. Es de esperar que el interés no haya sido menor en tratar de controlar la plaga de ratas. Si controlas primero la plaga de ratas, no tienes que controlar después el relato, aunque puede que lo segundo sea más fácil que lo primero.

Sería fácil hacer un chascarrillo con la llegada de Bildu a la alcaldía de Pamplona y la aparición de la plaga de ratas, pero el hecho en que en todo esto no parece irrelevante el sistema de contenedores impuesto por la izquierda abertzale, ya conocida desde el famoso “puerta a puerta” por su nefasta gestión de los sistemas de basuras. El “bolseo” que está provocando el nuevo sistema no parece ajeno a lo que está sucediendo con las ratas, las cuales no tienen que pasar controles con una tarjeta para campar a sus anchas o entrar en los inmuebles con enfermos, niños, mayores o vulnerables.

Cabe sospechar también que el silencio sobre ciertas cuestiones no sería el mismo si determinado suceso ocurre en un centro de discapacitados privado. Lo público siempre tiene que ser protegido y lo privado siempre tiene que ser denigrado. Un pelo en la sopa es una peluca en un centro privado, y a la inversa si es en un centro público. A lo mejor la primera manifestación de la presencia de ratas en un centro de discapacitados es que atacan a un residente, pero cabe sospechar si no habría habido antes ningún otro indicio de la presencia de estos roedores.

Frente a lo que en cualquier caso nos encontramos es con un problema de primera magnitud que para empezar hay que reconocer para poder afrontarlo, y no como hasta ahora tratar de esquivarlo. Sería deseable que la trascendencia al público de un suceso tan lamentable sirva al menos para que de una vez se tomen medidas resolutivas por parte del Ayuntamiento o de la administración foral para zanjar el asunto.

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