Tres de los cuatro magrebíes de la manada de Pamplona tenían orden de expulsión

Las políticas buenistas de la izquierda progresista tienen una nueva víctima. La agresión sexual en Pamplona de la manada magrebí se hubiera podido evitar. Tres de los cuatro detenidos son argelinos sobre los que pesa una orden de expulsión. Pero no se les expulsó. El resultado es que ahora tenemos otra terrible violación más que se hubiera podido evitar.

Cabe preguntarse qué más tiene que pasar, o cuántas veces más tiene que pasar, para que la izquierda reconozca y afronte la situación. En cuanto un inmigrante comete un delito tiene que ser expulsado. Los delincuentes no pueden ser bienvenidos. Y la orden de expulsión tiene que ser ejecutada al momento. No puede ser que haya circulando libremente por las calles españolas delincuentes importados con decenas de antecedentes a sus espaldas. No se pueden tener los recursos humanos y materiales de la policía dedicados a detener todos los días a los mismos delincuentes, para a continuación trasladarlos a un juzgado y que vuelvan a salir a la calle. No puede ser que robos con violencia, agresiones con cuchillo, homicidios o violaciones sean cometidos por sujetos con antecedentes o con orden de expulsión que hace mucho debieron haber sido sacados de España. Si la izquierda no entiende esto, tenemos un problema con la izquierda española.

Menos poner cartelitos y más expulsar delincuentes

Si sobre los violadores de la manada magrebí de Pamplona pesaba una orden de expulsión, entonces esta agresión sexual se podía haber evitado, y entonces hay unos responsables políticos de que esta agresión sexual no se haya evitado. No se puede seguir sin hacer nada respecto a este problema, o negando su existencia y llamando xenófobos y fascistas a todos los que señalan su evidencia. Quienes se dedican a llamar fascistas a quienes señalan el problema son responsables del agravamiento constante de este problema.

Hablar ahora de la manada magrebí de Pamplona podría parecer una forma racista de expresarse, pero resulta necesaria porque hablar simplemente de la manada de Pamplona nos remitiría a la manada de los Sanfermines de 2016. Hace falta por tanto distinguir a esta nueva manada y efectivamente lo característico de la misma es su carácter irregular y magrebí.

Refiriéndonos a la manada de 2016, saltan a la vista las diferencias con esta manada magrebí. ¿Dónde están ahora aquellas grandes concentraciones? ¿Dónde está ahora el gran debate nacional sobre esta manada? ¿Dónde están las organizaciones feministas y los partidos de izquierda? Es evidente la diferente relevancia y magnitud que se le da a una y otra manada. La gran diferencia, para empezar, es que los miembros de la manada magrebí ni siquiera hubieran debido estar aquí.

Los miembros de la manada magrebí, además, vivían en tiendas de campaña en un asentamiento ilegal en la zona entre la Cuesta de Beloso y el Parque de la Media Luna, el cual ya había sido denunciado. Naturalmente tampoco se hizo nada al respecto y no es el único campamento irregular alrededor de la capital de Pamplona. La inmigración ilegal es evidente que no viene a traer riqueza, garantizar las pensiones ni mantener la seguridad. Importar pobres no sube el nivel de riqueza. Si mezclas un litro de whiskey con 99 de agua no tienes 100 litros de whiskey. Esto no quiere decir que no haya una demanda real de un cierto número de trabajadores inmigrantes o que no podamos acoger inmigrantes por solidaridad, incluso aunque nos empobrezcan en alguna medida. Lo que no podemos es partir de algo que no sea la verdad, y la verdad es que no podemos acoger un número infinito de inmigrantes y que sobrepasado cierto nivel de inmigración aparecen los problemas de integración, asimilación y seguridad. Otra verdad es que hay inmigrantes que llegan a delinquir y no a trabajar. Y todavía hay más verdades molestas como que no todos los inmigrantes sea cual sea su procedencia, su cultura o sus antecedentes se integran igual.

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