Un año después de la DANA

Mazón no hizo lo que debía e hizo lo que no debía. Hace tiempo que debiera haber asumido la responsabilidad política por su actuación. No haber asumido esa responsabilidad seguramente pueda provocar un castigo electoral contra el PP en la Comunidad Valenciana e incluso en el resto de España. Las encuestas sin embargo, aunque cualquiera se fía de las encuestas, todavía otorgan la mayoria absoluta a la derecha en la Comunidad Valenciana. Gracias a la existencia de VOX, por cierto. El PP suele culpar a VOX y la división de la derecha de las victorias del sanchismo, pero lo cierto es que sin VOX el castigo a Mazón le daría la victoria en la Comunidad Valenciana a la izquierda. Gracias a VOX existe una alternativa a la abstención para el votante de derechas inconformista.

Por supuesto Mazón no es el único ni principal responsable de lo ocurrido hace un año con la DANA, por más que no estuviera a la altura. En el análisis de lo sucedido seguramente es absurdo pretender haber cambiado las cosas lanzando una alerta media hora más pronto o media hora más tarde. Muchas personas al recibir la alerta lo que hicieron fue bajar a intentar salvar el coche, lo que fue su perdición en vez de mantenerse a salvo. No existe además la capacidad de saber exactamente con anticipación cuándo una DANA va a ser devastadora y exactamente en qué zona. Las alternativas serían constantes falsas alarmas, que la población acabaría ignorando, o avisos demasiado tardíos. Por lo demás la orografía y climatología de la Comunidad Valenciana abocan a la repetición del fenómeno. Ni se puede cerrar la comunidad varios meses al año ni se puede despoblar en busca de la seguridad absoluta. Vivir en la Comunidad Valenciana, como vivir en California o Ciudad de México tiene unos riesgos.

Tratar de minimizar los efectos de una DANA no es una tarea que se pueda acometer 15 minutos antes de la DANA. Buscar las responsabilidades en lo hecho esos 15 minutos antes es un absurdo. No es que sea totalmente irrelevante pero ni de lejos es lo más relevante. Tampoco es que los valencianos ignoren dónde viven. Minimizar el impacto de una gota fría implica actuar desde años antes de la DANA mediante la limpieza de los cauces y la construcción de grandes infraestructuras. Así y todo tratar de contener por completo el poder de la naturaleza es fantasioso, pero es lo que puede hacerse, lo que no puede dejar de hacerse. Por alguna extraña razón seguimos discutiendo dónde estaban fulano o mengano media hora antes o después en vez de preguntar qué se ha hecho desde el año pasado para evitar que se repita la situación. ¿Dónde están todas las obras paralizadas del Plan Hidrológico Nacional? ¿Qué estudios se han hecho o qué obras se han iniciado para proteger en el futuro a la población?

Parece que evitar muertes no es relevante. De hecho, las muertes pueden ser hasta positivas si saben utilizarse políticamente. A lo mejor por eso no interesa tanto evitarlas como tener la capacidad de controlar el relato. Tenemos un gobierno al que lo único que interesa es el relato como ayer quedó en evidencia en la extraña ceremonia de homenaje a las víctimas. Por supuesto tenía que tratarse de una ceremonia laica, fría y aséptica, o sea absurda. Que el contenido no tenga sentido para nadie es la respuesta a qué tipo de contenido otorgar a una ceremonia destinada a víctimas de muy distintas creencias. Pero esto también fue lo de menos. Lo de más es siempre el relato, el maldito relato, igual que el año pasado al suceder la tragedia. La ceremonia estuvo totalmente organizada y controlada por el gobierno. Dónde se colocaba cada cual. Por dónde se entraba y se salía. Quién acudía y quién no acudía. Quién es víctima y quién no es víctima. Ni estaban todas víctimas que eran ni eran víctimas todas las que estaban. TVE tenía la exclusiva de la emisión. Nada se emitió que no tuviera la bendición de TVE. 1984 en estado puro. Absoluto control.

Lo que en cambio sí puede hacer siempre un gobierno es responder a una catástrofe con los medios a su disposición. A veces pueden faltar los medios, pero en este caso lo que faltaron fueron las órdenes para movilizarlos. ¿Dónde estuvieron las fuerzas armadas durante cuatro días? A las víctimas de la riada se les dejó abandonadas a su suerte sin brindarles ni asistencia ni seguridad. Sólo cuando, a la vista del abandono gubernamental, fueron mareas de voluntarios quienes empezaron a llegar a la zona a ayudar a las víctimas, se empezaron a movilizar los recursos del estado. Era mentira que el Ejército no podía llegar a las zonas porque hasta los voluntarios, sin vehículos de cadenas o anfibios ni helicópteros, sin otros medios que sus manos y sus vehículos privados, empezaron a llegar en masa a la zona. Hasta para los socios de gobierno fue evidente que el PSOE dejó abandonadas a las víctimas para intentar perjudicar al gobierno autonómico del PP. Nada más grave ni más indigno se puede decir. Al lado de esto palidece la responsabilidad de Mazón.

Naturalmente esto no sería posible sin una cúpula militar totalmente colonizada por los políticos, pero ya nos hemos acostumbrado a ver a generales de la Guardia Civil dedicados a «minimizar el clima contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno», o a almirantes cuya misión es trasladar a las costas españolas a los inmigrantes ilegales. La cúpula militar se ha llenado de funcionarios uniformados preocupados ante todo por su carrera y su pensión. Mediante ellos el gobierno puede usar el ejército para lo único que le interesa: el relato de la realidad.

Seamos sinceros. Una DANA no se para 15 minutos antes de que llegue la riada mandando una alarma. El gobierno tiene que mandar la alarma y puede que sirva de algo la alarma, pero frenar una riada es una tarea que empieza años antes de la riada. Lo que no se ha hecho desde meses o años antes, no se puede hacer 15 minutos antes. Para cuando el gobierno da la alarma, por otra parte, normalmente ya todo el mundo sabe que algo grave sucede. Desde primera hora de la tarde las cadenas privadas, sólo las privadas, o las redes sociales, ardían con vídeos y testimonios de lo que estaba pasando. No había anochecido aún, por tanto no eran ni las 18 horas, y ya las cadenas privadas o las redes estaban volcando mensajes y mensajes de personas pidiendo ayuda subidas en medio del agua a los techos de los coches. En el mundo real el gobierno es el último en enterarse. La última alarma en llegar es siempre la del gobierno. Si esperas a que el gobierno te de la alarma para salvarte estás muerto. El gobierno eso sí usará después sus enormes medios para culpar de tu muerte a los enemigos del gobierno.

La conclusión de todo lo anterior es que la población del Levante español sigue igual de desprotegida ante una nueva DANA que el año pasado. Los únicos diques y presas que se han construido han sido los destinados a encauzar el relato. Lo único que se ha reforzado es la colonización del estado sobre la justicia, la policía, las fuerzas armadas y los medios. De hecho, la única medida inmediata que tomó el sanchismo frente a la DANA fue el asalto a Radio Televisión Española. Lo esencial una vez más no es evitar los muertos sino tener los recursos para decidir a quién se echa la culpa de los muertos. Si tienes esa capacidad ya te dan lo mismo los muertos. Lo cierto es que tras la nefasta gestión antes, durante y después de la DANA no debía haber quedado títere con cabeza en el gobierno de la Comunidad Valenciana ni en el Gobierno de España. Pero cómo va a suceder eso si todos los días nos desayunamos con una noticia que debería descabezar el gobierno de España. La única preocupación del sanchismo es que ante la destrucción de España lo último en desaparecer sean las ratas y el gobierno de España. Manual de resiliencia lo llaman.

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