El vuelo del Plus Ultra y la violencia de la extrema izquierda abertzale en Estella

Se ha cumplido hace escasas fechas el aniversario de una gesta de la historia de la aviación que tuvo como protagonista una aeronave española, el Plus Ultra, un hidroavión que hizo el trayecto entre Palos de la Frontera y Buenos Aires en 1924. El famoso piloto estadounidense Charles Lindbergh, para tener una referencia, no cruzó el Atlántico entre Nueva York y París hasta 1927. La hazaña de los españoles forma parte por tanto de uno de los capítulos más gloriosos de la historia de la aviación. A bordo del Plus Ultra viajaban cuatro personas, una de ellas, el piloto, era curiosamente Ramón Franco, el hermano de Francisco Franco, y los otros tres eran dos observadores, Julio Ruiz de Alda y Juan Manuel Durán, más el mecánico Pablo Rada. Pues bien, Julio Ruiz de Alda y Pablo Rada eran además navarros, el primero de Estella y el segundo de Caparroso.

Con motivo de este aniversario, VOX tuvo la buena idea de celebrar ayer un acto conmemorativo en Estella. Consiguientemente, los ultras de la izquierda abertzale y la extrema izquierda intentaron boicotearlo por la fuerza. Gracias al despliegue de la Policía Foral y la Guardia Civil el acto pudo celebrarse, pero sería inadecuado decir que se pudo celebrar con toda normalidad. Evidentemente no había normalidad. No puede pasar por normal que para celebrar un acto como el descrito haga falta una enorme escolta policial.

Para acudir a un acto de VOX o de cualquier otro partido político, o para escuchar una conferencia sobre el vuelo del Plus Ultra, para nadie interesado en acudir debe ser un factor a considerar el que le puedan romper la cabeza. No es admisible que haya decenas de violentos bloqueando la puerta, increpando, fichando a los asistentes. No se puede etiquetar como normal que alguien pueda acudir preocupado por si le pueden seguir a la salida, o señalar para una futura represalia cuando no esté delante la policía. Es un error también pensar que da igual la presencia de los violentos y que simplemente hay que echarle valor. Obviamente hay que echarle valor, pero pensar que echarle valor normaliza la situación equivale a desculpabilizar a los violentos, minimizar su actuación y negar que ejercen una coacción.

ETA ya no mata y ETA ya no existe, es el mantra que repiten robóticamente los partidos que dependen de los votos del partido liderado por un secuestrador de la ETA. No es del todo exacto. La violencia de la izquierda abertzale sigue existiendo. Que ya no te maten pero te puedan lanzar una piedra, agredirte, amenazarte o insultarte no es todavía la normalidad, está muy lejos de ser la normalidad. Por otro lado la izquierda abertzale y sus aliados no se tienen que preocupar en absoluto por su seguridad cuando acuden a uno de sus actos. Esto genera un campo de juego asimétrico en el que la portería de un lado es mucho más ancha que en el otro, y aquí no se cambia de campo después del descanso. La izquierda abertzale vive muy cómoda con esa ventaja que le proporciona un cierto nivel de violencia. Es por esa ventaja que no se termina de desactivar esa violencia y es por esa ventaja que allá donde se ejerce y mientras se ejerce el nacionalismo consolida sus resultados.

Lo sucedido en Estella empalma con el veto a VOX poco antes en el Campus de la Universidad del País Vasco. El rector de la UPV, ¿fue cobarde o además cómplice? Sería cobarde si hubiera deseado que se celebrara el acto de VOX, pero por miedo lo hubiera impedido. Si en cambio deseaba que no se celebrara, al impedirlo por el riesgo de violencia no es ya cobarde sino cómplice. Si cancelas un acto por miedo a la violencia validas esa violencia. El mensaje que envías a los violentos es que la violencia es efectiva para conseguir lo que quieren. Por tanto se incentiva el comportamiento de los violentos para que sigan siendo violentos.

Como apunte final cabe señalar que Julio Ruiz de Alda, el estellés que fue uno de los protagonistas de la gesta del Plus Ultra, el hombre en cuya localidad natal se celebraba la conferencia de VOX, fue asesinado por los republicanos en Madrid en agosto de 1936, otro dato añadido que no está de más recordar.

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