Todos conocemos a Francisco Franco, el Generalísimo, el dictador, el Caudillo. O por lo menos hemos oído hablar mucho de él. No podemos extrañarnos demasiado de oir hablar tanto de Franco, porque para la izquierda que gobierna es en este momento mejor hablar de Franco que de casi cualquier otra cosa. Esto dice bastante del balance que se puede hacer de la gestión de gobierno de la izquierda. Existe sin embargo otro Franco del que no sabemos casi nada. No además un Franco lejano totalmente ajeno a Franco el de la memoria histórica, sino su hermano: Ramón Franco Bahamonde.

Ramón Franco era militar, como su hermano, pero piloto, izquierdista, republicano y masón. No se entendían bien los hermanos. No se parecían demasiado. O sí, salvo que pensemos que parecerse es simplemente pensar lo mismo. Como si todos los que piensan lo mismo se parecieran. El caso es que Ramón Franco no era un piloto sin más. El hermano menor del Caudillo fue un héroe y un pionero de la aviación. Tal vez precisamente por ser uno de los protagonistas un hermano de Franco, los españoles apenas conocemos un episodio tan épico de nuestra historia como El Vuelo del Plus Ultra. Este suceso nos retrotrae hasta el año 1926, diez años antes de la Guerra Civil, todavía en tiempos de la dictadura de Miguel Primo de Rivera y durante el reinado de Alfonso XIII. Probablemente no somos conscientes de la precariedad de la aviación todavía en 1926. En 1927 tuvo lugar el primer vuelo en solitario sin escalas de Nueva York a París. Suele pensarse que fue también el primer vuelo que cruzó el Atlantico. Aquel avion, El Espíritu de San Luis, y su piloto, Charles Lindbergh, pasaron a los anales de la historia de la aviación. Por supuesto la hazaña tuvo su correspondiente película y se nos vendió como sólo Hollywood sabe hacerlo, a mayor gloria del orgullo estadounidense (se nos podría pegar un poco). Todo el mundo piensa por tanto que los estadounidenses fueron los primeros en cruzar por aire el Atlántico en 1926. En 1927 se fundó la compañía francesa Aéropostale, a la que pertenecerían los míticos Mermoz, Guillaumet y Saint-Exupéry (autor de El Principio y de varias novelas sobre el mundo de la aviación). Pero entremedio, más discreta e injustamente olvidados, tenemos por un lado a los portugeses Sacadura Cabral y Carlos Viegas Gago Coutinho, que en 1922 realizaron la primera travesía aérea cruzando el Atlántico sur desde Lisboa hasta Río de Janeiro, y por lo que nos toca el citado Vuelo del Plus Ultra, un hidroavión del fabricante alemán Dornier con el que el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el sargento mecánico Pablo Rada, cruzaron el Atlántico en 1924 abriendo una increíble y larguísima ruta entre Palos de la Frontera y Buenos Aires.

Esto sucedía en 1922, dos años después del vuelo de los portugueses pero dos años antes del vuelo de Lindbergh. Seguramente el 90% de los estadounidenses no saben quién fue Lindbergh, y el 99,9% del otro 10% piensan que fue el primer piloto en cruzar el Atlántico. Los portugueses por otro lado tuvieron que usar 3 hidroaviones para hacer su ruta, mientras que los españoles hicieron la suya, por otro lado bastante más ambiciosa, con un sólo aparato. Tengamos siempre como contexto que hablamos de una época en la que los aviones eran absolutamente precarios, que no existían aún las grandes rutas aéreas, que la navegación aérea era incipiente y casi imposible en la oscuridad o cuando el mal tiempo y la niebla estorbaban la visibilidad. Por supuesto eran aviones que difícilmente podían superar una adversidad meteorológica o un temporal. En el campo de la aviación los pilotos que hemos nombrado, incluyendo a los españoles, serían los equivalentes a Colón, Magallanes, Vasco de Gama o Elcano en el campo de la marina. La naturalidad con la que ahora tomamos un avión para ir a cualquier parte del mundo no se comprende sin aquellos primeros chiflados que se jugaban la vida en cada vuelo primero para comprobar que era posible la ruta, y segundo para ir perfeccionando las técnicas y los aparatos. Buena parte de ellos pagaron con su vida el empeño.

Volviendo a nuestra crónica resulta entonces que Ramón Franco, el hermano de Franco (aunque a lo mejor es a Francisco Franco al que habría que considerar el hermano de Franco), es un auténtico héroe de la aviación. No sólo un héroe nacional, sino un héroe de la historia de la aviación que tiene su propio capítulo en los libros de historia. Otra cosa que sea el otro hermano el que protagonice el 100% de las películas que se hacen en España mientras olvidamos al Franco piloto. Obviamente no van a hacernos una película sobre El Vuelo del Plus Ultra en Hollywood. Allá nosotros si despreciamos tanto nuestra historia y sólo nos interesa Franco (Francisco) y sólo y siempre desde el mismo punto de vista. Quizá merecemos lo que tenemos.

El caso es que aparte de un pionero de la aviación Ramón Franco era un auténtico agitador político, de signo político totalmente contrario al de su hermano. En 1930, junto con algunos otros pilotos, se sublevó por su cuenta y riesgo contra la monarquía, despegó con un avión y amenazó con bombardear el Palacio Real, aunque finalmente sólo arrojó desde el aire algunos folletos republicanos. Aquella ocurrencia le supuso tener que aterrizar en Lisboa y afrontar el exilio. Por supuesto Ramón Franco acogió con entusiasmo la llegada de la Segunda República en abril de 1931, y la Segunda República lo rehabilitó con todos los honores como la leyenda viviente que era. El hermano de Franco se lanzó entonces a una frenética actividad política que le llevó a participar junto al nacionalista andaluz Blas Infante en el Partido Republicano Revolucionario, en las primeras elecciones generales de la república. Abandonó el ejército y su peculiar deriva ideológica le llevó más tarde a llegar a ser diputado de Esquerra Republicana de Catalunya (hay que ver la decadencia de ERC hasta llegar Rufián) y a defender una «Federación de Repúblicas Ibéricas».

Tras ganar la derecha las elecciones de 1933, Ramón Franco acabó destinado en Washington como agregado aéreo de la embajada española. Básicamente lo mandaron lo bastante lejos como para que no molestara. En Estados Unidos fue por tanto donde el Alzamiento y la Guerra Civil sorprendieron a Ramón Franco. Aquí es cuando podríamos pensar que volvería a España para sumarse a la lucha en el bando republicano, y efectivamente parece que ese fue su primer impulso y el que parecía venir determinado por su trayectoria política. Sin embargo, Ramón Franco viajó hasta Portugal desde donde se unió al bando nacional. ¿Qué había pasado? Hay quien piensa que en último término pesaron más los lazos familiares que la política, pero también hay quien afirma que este giro tiene su explicación en la salvaje represión roja que se desató de inmediato en la zona republicana. De hecho, y recuperando nuestro titular, una de las víctimas de esa represión fue el navarro Julio Ruiz de Alda, su amigo y compañero de gesta a bordo del vuelo transatlántico del Plus Ultra. Ruiz de Alda estaba prisionero en la Cárcel Modelo de Madrid ya antes del Alzamiento, por sus simpatías con Falange, así que la sublevación sirvió de excusa a las milicias republicanas para asesinarlo junto a muchos otros detenidos, en una de las varias masacres que tuvieron lugar en la Modelo, como en muchas otras cárceles o buques prisión republicanos en aquel tiempo. El republicano Melquíades Álvarez fue otro de los asesinados en la Modelo junto a Ruiz de Alda, para dejar constancia de que el terror rojo no tenía otro límite que el de quienes lo practicaban. Desencantado de los partidos republicanos, horrorizado por el terror rojo e indignado por el asesinato de su amigo, Ramón Franco acabó por tanto luchando en el bando nacional bajo las órdenes de su hermano. No duró mucho sin embargo su participación en la guerra. En octubre de 1938 Ramón Franco murió tras estrellarse su avión en una misión de bombardeo por las malas condiciones meteorológicas.

Sin duda a estas alturas el lector ya ha sacado sus propias conclusiones, pero entre las nuestras podemos destacar el error de simplificar hasta lo caricaturesco la Guerra Civil. La división entre hermanos, no entre clases, resultó en muchos casos tan literal como entre los hermanos Franco. La república defraudó a los propios republicanos. El odio ideológico dio lugar a atrocidades por parte de todos. Recordando sólo una parte del pasado, siempre la misma, es imposible comprender el presente. Recordando sólo una parte de la historia también es imposible reconciliarse. Por otro lado quizá es precisamente esto lo que se busque. Se trata de recordar sólo una parte de lo sucedido para mantener artificialmente vivo ese odio. Recordarlo todo matizaría demasiado el discurso del odio. No interesa la memoria sino seguir construyendo un muro. Un muro de odio a prueba de errores y corruptelas que garantice que, haga lo que haga, no se me escapan los votos, o sea el poder, al otro lado. El problema del guerracivilismo es que el odio fácilmente se va de las manos. Es el odio el que te controla y no tú quien controla el odio. La historia se repite cuando se cometen los mismos errores y en esa niebla oscura de odio se pierden los matices y se diluyen personajes como Ramón Franco, gestas como el Vuelo del Plus Ultra, o capítulos de la mitad borrada de la historia como el asesinato de Ruiz de Alda. Recordarlo todo no es blanquear nada. Recordarlo todo es buscar la verdad. Blanquear es algo que en todo caso vendría después de recordarlo todo. No querer recordar todo es engañar y manipular.