Cuando los socialistas y nacionalistas que aplauden la planta de baterias china se cargaron los centros de investigación en Donapea

Conforme se van dando pasos que parecen acercar la apertura de una factoría de baterías chinas en Navarra, con la perspectiva de una inversión de alrededor de 400 millones de euros y la creación de 700 empleos, podría traerse a colación el contraste con la situación cuando el CIMA de la Universidad de Navarra intentó abrir tres centros de investigación en Pamplona que suponían la inversión de 200 millones de euros de la época y la creación de 400 empleos además en el sector médico-tecnológico. El plan era abrir en Donapea tres centros dedicados respectivamente a Enfermedades Olvidadas, Nutrición y Bioingeniería. ¿Alguien ve ahora esos tres centros en Donapea? No, porque en 2013 el PSOE y el nacionalismo se opusieron frontalmente a que tal inversión tuviera lugar, ya que la impulsaba la Universidad de Navarra.

Para bloquear aquella inversión, que tan beneficiosa hubiera resultado para Pamplona y para Navarra, se esgrimió como excusa la ubicación deseada, en el edificio del CIP Donapea. El CIP Donapea se convirtió entonces en el barco de Chanquete que no podía moverse, aunque habría sido una operación beneficiosa para todas las partes. ¿Qué hubiera pasado si la inversión la hubieran propuesto los chinos o los iraníes en vez de la Universidad de Navarra? Por supuesto hubiera salido adelante. La UNAV pagaba 8 millones por el inmueble de Donapea y el coste del traslado del CIP a otra ubicación se calculó en 19 millones. Es decir, que por 11 millones de diferencia se conseguían 200 millones y 400 empleos. No sólo eso, los propios partidos que se oponían a la operación habían reconocido la necesidad de mejorar y trasladar parte de las instalaciones del CIP. Es decir, que se asumía un pequeño coste, que además convenía llevar a cabo en todo caso, a cambio de unas contrapartidas enormes. Pero si en un plato de la balanza había una inversión estupenda para Navarra, y en el otro plato la posibilidad de fastidiar a la UNAV, para la oposición nacional socialista pesaba más sin dudarlo la posibilidad de fastidiar a la UNAV. De hecho desde aquellas fechas las sucesivas mayorías de “progreso” no han dejado de perjudicar en todo lo posible a la CUN y la UNAV, que sea por eso o por lo que sea no dejan de crecer… en Madrid.

La apertura de la planta china en Navarra, por otro lado, tiene contrapartidas que todavía no se conocen en detalle, pero que implicarían la participación de SODENA y la aportación a la operación de millones de euros por parte de la administración. En este caso sin embargo no se cuestiona que la planta de baterías vaya a tener un coste para las arcas públicas. No es el qué, es el quién. Además la inversión oriental llega en un momento en que Pedro Sánchez y sus socios han alineado su política orientándonos hacia el bloque chino. En esta alineación hay un componente económico, pero también hay un componente ideológico hacia un régimen comunista y dictatorial que pugna por convertirse en primera potencia mundial. Quizá es casual, pero la influencia china ha tenido especial interés en tomar el control, a través de fondos de inversión, de las principales productoras de contendidos para televisión en España. Seguramente sería ingenuo pensar que China busca sólo influencia económica a través de sus inversiones, sea dicho siquiera para tenerlo presente.

¿Llegará a materializarse la planta de baterías o descarrilará el proyecto por el camino? ¿Cuáles serán exactamente las condiciones de esa colaboración público-privada con SODENA de por medio de la que todavía no se conocen los detalles? ¿Cuánto habrá que pagar de nuestros bolsillos para que llegue al final la inversión y cuánto habrá que descontar de la misma por lo que nos haya costado? En el hecho de que la planta china nos haya elegido a nosotros en vez de a otra comunidad, ¿ha tenido que ver con que no haya habido otra comunidad que haya querido pujar tanto por la inversión? Esperemos que todo salga bien y a un coste aceptable porque el hecho es que el panorama empresarial en Navarra es devastador.

Mientras el gobierno foral nos distrae un rato mirando hacia China el tejido empresarial navarro se desangra y los inversores nos abandonan. El drama es que ni siquiera saliendo bien lo de la planta de baterías se compensaría lo que se pierde año tras año con las empresas que cierran o nos abandonan en busca de pastos más verdes. Las cifras son evidentes, la planta china sería bienvenida pero sólo significaría un parche frente a la sangría de empresas que sólo compran billetes de salida. Tendrá que venir algo más que una planta de baterías chinas, si es que llega y veremos a qué coste, para equilibrar la balanza.

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