Chivite sigue instalada en su torre de marfil, claro que tampoco se le puede reprochar mucho teniendo en cuenta que es Pedro Sánchez quien, con su forma de actuar, ha puesto en el suelo el listón de las responsabilidades políticas ante los casos de corrupción. ¿Y cómo ha actuado el PSOE ante los casos de corrupción? Hay que distinguir la reacción de cara a público y la reacción de puertas para adentro. De cara al público, la reacción inicial ha sido negar sistemáticamente todo atisbo de corrupción y llamar fascistas, buleros y máquinas del fango a todos los medios que la estaban denunciando. Esto es lo que después nos han intentado vender como una reacción ejemplar. La consigna es resistir hasta que el afectado no es detenido por la Guardia Civil. Aguantar en el poder hasta que no quede otra opción. De puertas para adentro, la reacción si cabe ha sido aún peor. Lo que ha intentado el PSOE es por un lado colonizar todos los órganos judiciales y la Fiscalía para garantizarse la impunidad, y por otro usar a los fontaneros de las cloacas para comprar, chantajear o destruir a los miembros de la UCO, los jueces o los fiscales que investigaban con independencia sus casos de corrupción. En realidad, la voladura del estado de derecho que está perpetrando el PSOE para intentar blindarse frente a sus casos de corrupción es más preocupante y peligrosa que los propios casos de corrupción.

Dentro de esta maquinaria, Chivite es un engranaje más, pero no un engranaje cualquiera, ya que siguiendo la mejor tradición del PSN (Urralburu, Otano) resulta que Navarra es la línea de salida de la corrupción en el cuentakilómetros de la “banda del Peugeot”, con Koldo, Cerdán y Servinabar.

En el caso de los túneles de Velate, aparte de un presidente de la mesa de contratación que debería haberse jubilado hace años si no fuera por las prórrogas extraordinarias otorgadas por el gobierno foral, tenemos un informe de valoración sobre la adjudicación de las obras con nada menos que tres votos particulares, en los que se denuncian situaciones tan irregulares como que el presidente de la mesa, el casualmente prorrogado por el gobierno, votó conociendo el voto de los demás, y por tanto pudiendo decantar el sentido de la votación, cosa que además fue lo que sucedió. No sólo eso, en los votos particulares del informe también se denuncia que era un clamor entre los miembros de la mesa, antes de la conclusión del informe, que la ganadora de las valoraciones iba a ser la UTE de Acciona y Servinabar. Todo esto está en la web del Gobierno de Navarra. Todo esto le llegó al gobierno foral. Todo esto por tanto no podían no saberlo Chivite y su tío, el consejero de Cohesión Territorial. Y así y todo desoyeron las advertencias y echaron adelante con la adjudicación.

Por más que el gobierno de Chivite se excuse repitiendo que la adjudicación de las obras de los túneles fue “ejemplar” (pues menos mal que fue ejemplar), alegando que los votos particulares y las advertencias emitidas no tenían legalmente carácter suspensivo, lo cierto es que al decidir seguir adelante pese a las advertencias con la adjudicación asumieron una responsabilidad política lo quieran o no, precisamente porque si la ley no imponía la suspención dejaba en sus hombros la responsabilidad de revisar el proceso o no. Si con todas esas advertencias de irregularidades tan graves no hubiera pasado nada raro, a lo mejor echar adelante pese a todo con la obra más importante de Navarra hubiera sido sólo una insensatez, pero habiéndose descubierto todo el pufo que se ha destapado, incluyendo que el número 2 del PSOE era el copropietario de Servinabar, Chivite no tiene otra salida honrada, por responsabilidad política, que dimitir. En el mejor de los casos debió mirar y no miró, en el peor es que directamente no quiso mirar.