La chapuza del Ayuntamiento de Pamplona con el Monumento a los Caídos

Podríamos decir que las vueltas y revueltas de la izquierda y el nacionalismo al Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada está dando lugar a momentos de esperpento impagables con dinero; pero no es cierto, sí son pagables con dinero, nuestro dinero. De este modo, Asirón organizó un concurso para resignificar el edificio modificándolo y afeándolo adecuadamente, como sólo sabe hacerlo la izquierda abertzale, gastando en el proceso 10 millones de euros. El problema para empezar es que buena parte del nacionalismo y la izquierda no acepta otro escenario que la demolición hasta la última piedra del edificio, con lo que la “resignificación” de Asirón y el rediseño del edificio no contenta ni a su propia parroquia más talibán. Pero esto es sólo el principio del esperpento.

Los inescrutables arcanos de la izquierda abertzale para elegir entre las 21 propuestas de modificación del monumento dieron lugar a dos candidaturas finales: Harriak Hitz, con un presupuesto de 9,8 millones de euros e Itzaletik Argira, con un presupuesto de 10,5 millones de euros. El escándalo se ha desatado porque Carlos Pereda, socio de Pereda-Pérez Arquitectos y coautor del proyecto ganador “La base y la cruz” para la resignificación del Valle de los Caídos en Madrid, ha denunciado que el proyecto “Harriak Hitz” plagia elementos clave de su propuesta.

Si esta chapuza hubiera sucedido con un ayuntamiento de otro signo y no costara dinero, lo ocurrido sería la rechifla de la ciudadanía y la oposición, pero el consistorio de Asirón ha despachado la denuncia negando la posibilidad de plagio y reduciendo el conflicto a un “rifirrafe entre arquitectos”, por lo que mantiene intacta la hoja de ruta que prevé la presentación pública de ambos proyectos el 10 de junio de 2026 en el propio monumento, así como la apertura de un proceso de participación ciudadana para rematar la elección.

Tenemos por tanto media sociedad navarra que se opone a modificar el monumento, otra media dividida entre modificarlo y derribarlo, y la mitad de la mitad partidaria del modificado dividida respecto a si hay plagio o no hay plagio. El resultado es que podemos invertir 10 millones de euros, que como los túneles de Velate al final serán más de lo presupuestado, para una solución que no soluciona nada ni contenta a nadie. Es más, la izquierda y nacionalismo más radicales, que ahora se oponen al gasto de 10 millones, a continuación lo que proponen es dinamitar el edificio reformado, porque la resignificación tampoco satisface su afán de destruirlo por completo. La constante competición en la que siempre gana el más extremista nos puede abocar por tanto a gastar 10 millones ahora en reformar el edificio y otros 10 más posteriormente en demolerlo, por no hablar de los gastos, problemas y pleitos que se puede derivar de la denuncia de plagio, si resultara elegido el proyecto bajo sospecha.

Lo que encontramos como problema de fondo es el revisionismo histórico y los problemas de la izquierda y el nacionalismo para asimilar el pasado o juzgarlo sin presentismo. No hay ni una construcción del pasado, ni a derecha ni a izquierda, que pasara la homologación democrática de los estándares del presente, desde las pirámides al Arco del Triunfo. Los cristianos, por ejemplo, con la misma lógica aplicada a los Caídos y de hecho con mucha más razón podrían exigir que se demolieran el Coliseo o el Circo Máximo, por los sacrificios humanos llevados a cabo en ellos contra los mártires cristianos.

El Monumento a los muertos de Pamplona, por otro lado, no es un ataque a los muertos del otro lado sino un reconocimiento a los propios. De hecho, en la capilla del edificio de rezaba por los caídos de los dos lados. La izquierda y el nacionalismo han convertido el edificio en objetivo obsesivo por su necesidad de polarización y confrontación permanente. Por esto mismo, si previamente no resuelven ese ansia, nada de lo que hagan ni en lo que gasten el dinero les parecerá suficiente. Por lo demás, la izquierda y el nacionalismo no tienen un problema con tal o cual edificio particular sino con el pasado y la memoria en general. ¿Por qué más de 4.500 navarros murieron luchando por el bando nacional? ¿Por qué estalló esa guerra? ¿Qué circunstancias condujeron a aquella confrontación? No se trata de derribar edificios sino de reescribir el pasado, para que sometida la memoria a una adecuada extirpación y reconstrucción de elementos la izquierda sea maravillosa, joven, guapa y sin manchas en la piel, por tanto una falsificación irreconocible respecto a la verdadera y original.

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