Aunque la actualidad española devoró la noticia, el pasado domingo se celebraron unas interesantes elecciones regionales en Alemania, con resultados dispares. Así, por ejemplo, Alternativa por Alemania ganaba en Mecklemburgo-Antepomerania mientras la extrema izquierda de Die Linke vencía en Berlín. Lo que no fue discutible ni alternativo es el colapso de los partidos socialista y popular, conformando hace tiempo en la «gran coalición» el gobierno alemán.

Alemania, como Francia, lleva muchos años apostando por un modelo muy concreto que es el llamado cordón sanitario. Este cordón sanitario es una maravilla para la izquierda. Así, por ejemplo, en virtud de este cordón el PP alemán no puede gobernar con Alternativa por Alemania, pero en cambio el PSOE alemán sí puede gobernar con los neocomunistas y estalinistas de Die Linke. Cierto que Die Linke ha rechazado formalmente el estalinismo, pero precisamente es la proliferación de estalinistas entre sus filas la que ha forzado este pronunciamiento. En todo caso se trata de un partido de extrema izquierda. El cordón sanitario es que haya límites para pactar por la derecha pero que no haya límites por la izquierda. Es por esto que Die Linke sí va a poder dirigir Berlín con un 25% del voto, e buena medida gracias al voto inmigrante.
La CDU del canciller Merz se queda fuera de un Parlamento regional por primera vez en su historia https://t.co/EKhQ2oCl0p
— EL MUNDO (@elmundoes) September 21, 2026
Hablamos de Alemania pero en Francia sucede lo mismo, no se puede pactar con Marine Le Pen pero se puede pactar con el castrista y chavista de Melenchón. ¿Cuál es el resultado? Que la derecha nunca puede gobernar y hacer sus políticas y los gobiernos sólo pueden ser o puramente de izquierda o totalmente condicionados por la izquierda. Gracias al cordón sanitario no se contempla la existencia de un gobierno sólo de partidos de derechas haciendo políticas de derechas.
Son las primeras elecciones en un país europeo decididas por el voto de la inmigración. Sin ese voto, la derecha habría arrasado. https://t.co/ldnfB6kjJh
— Cristian Campos (@crpandemonium) September 14, 2026
La perversidad antidemocrática del cordón sanitario es inmensa, ya que la derecha podría tener hasta el 80% de los votos pero, imaginemos, repartidos al 40% en dos partidos. De este modo, ningún partido de derechas podría gobernar en solitario con el 40%, la izquierda sería determinante con sólo el 20% de los votos y las políticas del gobierno no reflejarían nunca la inmensa mayoría social derechista, sino que seguirían siendo perpetuamente izquierdistas, a menos que un partido de la derecha obtuviera él solo un 51%.

Por supuesto el cordón sanitario impone un peaje a los partidos populares que lo secundan, que es su progresiva minoración y desaparición del espectro político, como se está viendo en Francia y en Alemania. ¿De qué sirve votar a un partido popular si sólo sirve para gobernar condicionado por la izquierda y no cambiar nada? La decadencia europea no se explica sin un parlamento europeo del que sólo salen políticas woke abrazadas al alimón por el estricto bipartidismo popular-socialista. Todo el que quiere un cambio, y cada vez más gente quiere un cambio porque las políticas woke no funcionan, acaba votando por tanto a lo que hay que criminalizar llamándolo extrema derecha hitleriana, aunque como en el caso de Alemania la líder de esa supuesta extrema derecha hitleriana sea pro israelí, lesbiana y esté casada con una inmigrante de Sri Lanka. ¿Por qué el PP sigue siendo en España, al menos de momento, el primer partido de la derecha? Pues porque todavía no ha caído en la trampa del cordón sanitario. Si lo hiciera probablemente sufriría el sorpasso como sus equivalentes populares en Francia o en Alemania.

Por otro lado, ya en Suecia hemos visto también un nuevo elemento sobre el tablero, sucesor del cordón sanitario, que es directamente el reemplazo. En una ajustada votación entre izquierda y derecha ha terminado ganando la izquierda sueca por el voto inmigrante de los nuevos suecos, cuyos barrios votan en masa a la izquierda igual que votan en masa a Melenchón en Francia. El cordón sanitario es por tanto la estrategia de la izquierda hasta conseguir directamente el reemplazo del censo. El pucherazo de Sánchez, si consigue llevarlo adelante, es de temer por consiguiente no sólo que no sea frenado en absoluto por nuestros bienamados socios europeos, sino que por el contrario tomen a Sánchez como ejemplo a seguir y pionero. Esto no quiere decir que Sánchez vaya a salirse con la suya, pero sí que para evitarlo no podemos contar en absoluto salvo sorpresa con la Unión Europea.