Jesús Eguiguren, ex presidente del PSOE en el País Vasco, hombre de confianza de Zapatero, interlocutor principal del gobierno socialista en las conversaciones con ETA allá por 2007, y condenado además por maltrato, se ha pasado por el Baluarte de Pamplona para presentar su libro “Memorias políticas: reflexiones sobre el fin de ETA”. En el acto estuvo acompañado por María Chivite y Martín Zabalza, el director general de Convivencia del Gobierno de Navarra. El titular que podría dejar la presentación es el de que “Las negociaciones con ETA se rompieron por Navarra”.
Eguiguren (PSE): "Las negociaciones con ETA se rompieron por Navarra" https://t.co/30rqbHIwcj
— Diario de Navarra (@DiariodeNavarra) February 19, 2026
Eguiguren explicó que los contactos con ETA se iniciaron cuando Tony Blair y otros dirigentes internacionales “dijeron a Zapatero que ETA tenía una oferta que no íbamos a poder rechazar”. La maravillosa oferta de ETA, a través de Thierry, fue que se podría negociar el cese de la violencia si el gobierno socialista de España aceptaba “una integración de Navarra en Euskadi”. En la cabeza de Tony Blair esto por lo visto era una fruslería. De todos modos también debía serlo en la de Zapatero y Eguiguren, puesto que las negociaciones se abrieron en Loyola como si tal cosa, con Navarra sobre el tablero y los muertos de la T4. Queda por lo demás confirmado, y no es la primera vez, lo que durante tanto tiempo los socialistas habían negado, mientiendo clamorosamente, y es que Navarra ocupó un lugar central en las negociaciones entre los socialistas y ETA.
Eguiguren, en este sentido, reconoce abiertamente que contestó a la ETA diciendo que “podíamos estar de acuerdo en que se haga un referéndum”, apelando a la Disposición Transitoria Cuarta en la que la Constitución Española recoge esta posibilidad. La cuestión entonces era qué pasaba si el resultado de la consulta era que Navarra no quería pasar a formar parte de la CAV: “Si quieren entrar, bien, pero, ¿y si no quieren entrar, qué hacemos?”. El jefe de la ETA, ‘Thierry’, le decía entonces a Eguiguren según relata este mismo: “Si no deciden entrar, será por vuestra culpa. Ya ganasteis haciendo trampa el referéndum de la OTAN, haced lo mismo con el referéndum de Navarra”. Eguiguren añadió que el etarra mientras pronunciaba estas palabras hacía con las manos el gesto de empujar a los navarros. Entonces es cuando Eguiguren asegura que los socialistas se negaron y los etarras se levantaron de la mesa.
No es esto del todo cierto, sin embargo.
Digamos para empezar que aquella propuesta era esencialmente perversa. El dilema prácticamente era: o los navarros votáis que pasáis a formar parte de Euskadi, o seguimos matando. No era por tanto una decisión que se pudiera tomar en libertad sino bajo amenaza de muerte. El mero plantemiento de ese escenario es completamente antidemocrático. No se podía decidir el futuro de Navarra con una pistola en la cabeza. La paz no podía ser el resultado de una consulta sobre Navarra. Una consulta sobre Navarra, en todo caso, tendría que ser posterior a la paz, o entonces no sería una consulta sino un chantaje. Pero es que además Eguiguren edulcora notablemente la actitud del PSOE y el grado en que los socialistas estaban dispuestos a vender a Navarra.
Eguiguren viene a Navarra celebrado por Chivite a vendernos poco menos que el PSOE tuvo una actuación heroica en la defensa de Navarra frente a ETA, cuando ya de entrada reconoce que nos mintió al negar que Navarra estuviera sobre la mesa de negociación. Nos aseguran que Navarra no estaba en la mesa de negociación mientras nos relatan que las negociaciones descarrilaron precisamente por la negociación sobre Navarra.
Más allá del relato de Eguiguren para vender su libro y presentarse como un héroe, el hecho es que las negociaciones que se iniciaron con ETA partieron de un acuerdo marco que se pacto con carácter previo. Ese documento es conocido, fue publicado en su momento por los propios socialistas, y llevaba como título: “Bases para el Diálogo y Acuerdo Político”.
Aquel acuerdo, con unas bases ya acordadas, establecía que los socialistas admitían la existencia de una nación llamada Euskal Herria de la que formaba parte Navarra: “existe una realidad conformada por vínculos sociales, lingüísticos, históricos, económicos y culturales llamada Euskal Herria”. El documento añadía que “esta realidad está configurada en el momento actual en dos ámbitos administrativos, políticos e institucionales con personalidad propia, Comunidad Autónoma Vasca y Comunidad Foral Navarra, y también los territorios vascos incluidos en el departamento de los Pirineos Atlánticos”.
No es sin embargo lo más grave y relevante lo aceptado por los socialistas como premisa de la negociación. Las bases acordadas iban mucho más allá aceptando la oficialidad del euskera impuesta para toda Navarra. Así, se determina en el acuerdo que el euskera “será reconocido legalmente y utilizado como lengua oficial (al igual que el castellano) en los cuatro territorios de la Comunidad Autónoma Vasca y de la Comunidad Foral Navarra, desarrollándose una política activa y progresiva tendente al objetivo de la total normalización lingüística”.
Por si fuera poco, los socialistas también aceptaron la creación de un gobierno común para Navarra y la CAV: “partiendo de la actual realidad jurídico-política, plasmada en la existencia de dos ámbitos institucionales diferenciados (Comunidad Autónoma del País Vasco y Comunidad Foral Navarra), nos comprometemos a promover la creación de un órgano institucional común para los cuatro territorios comprendidos en dichos ámbitos”. Este auténtico gobierno común para la CAV y Navarra, según se establecía, “tendrá las atribuciones ejecutivas y de propuesta legislativa en el marco competencial que se acuerde”. Si bien la creación de este gobierno común para la CAV y Navarra se supeditaba a una consulta, todos los firmantes del pacto –incluidos los socialistas- se posicionaron en el acuerdo a favor de su creación comprometiéndose a promoverlo.
Todo lo anterior evidencia hasta qué punto Eguiguren y los socialistas estuvieron lejos de defender a Navarra en esa negociación sino cerca de venderla. Todas las cesiones ya pactadas, bajo amenaza de seguir matando si no se aceptaban, resultan inaceptables, incluyendo la imposición de la nacionalidad vasca, la política lingüística y la creación de un gobierno común permanente. Todas estas cesiones, sin embargo, las aceptaron los socialistas. La única parte de verdad puede ser que cuando se le exigió al PSOE no sólo una consulta sobre la anexión de Navarra a la CAV, sino que en esa consulta el PSOE se posicionara a favor de a anexión, la ETA se levantó de la mesa. No se levantó además el PSOE, se levantó la ETA. El PSOE no podía llegar tan lejos como evidencia el hecho de que 19 años después, 11 de ellos con gobiernos nacionalistas y socialistas, ya sin ETA no se han atrevido a implementar ninguna de aquellas imposiciones etarras: ni activar la Transitoria Cuarta, ni crear un gobierno común permanente, ni oficializar el euskera en toda Navarra. Todo ello sin embargo lo ofrecieron en bandeja el PSOE y Eguiguren a la ETA. Y Chivite todavía festeja a Eguiguren. El maltratador Eguiguren, que ese es capítulo aparte.

Sólo falta además que Eguiguren tenga ahora el cinismo de decir que “con el nacionalismo hay que ser muy firme en los principios, en la doctrina”, y que “en la política hay que llegar a los acuerdos que haga falta, a los compromisos que sea, pero si empiezas a ceder un poco en sus planteamientos, te comen. Porque el nacionalismo es algo más que una ideología, es una religión, un sentimiento”. ¿Y cómo vas a pactar con los nacionalistas sin ceder en los planteamientos? ¿Cómo vas a gobernar de su mano sin blanquearlos? ¿Como en Loyola? Eguiguren ha llegado a decir estos años pasados que la paz ha sido una putada para los que sufrían la violencia de ETA. Este el nivel de miseria moral de Eguiguren, aparte de sus mentiras. La putada para Eguiguren era que al legalizarse la ETA de moqueta “te quitan alcaldías, te echan del gobierno”. Esa fue precisamente la clave de la actuación del socialismo respecto a ETA, desde tiempos de Zapatero. Pactando con la ETA se podían conseguir alcaldías y gobiernos. Era eso lo que se buscaba, bajo la famosa premisa del “como sea” de Zapatero.