Prioridad nacional, como concepto

VOX ha introducido en el debate político la expresión “prioridad nacional”. Usar esta expresión ha cosechado de inmediato una avalancha de acusaciones de xenofobia y racismo. La ventana de Overton se ha ensanchado sin embargo un poco, puesto que estamos hablando de ello. El problema es cuando ni siquiera se puede debatir acerca de algo.

La idea de la prioridad nacional hay que decir que surge como consecuencia de las políticas migratorias descontroladas de la izquierda. Es decir, nadie habría hablado de esto hace 15 años. Nadie habría hablado de ello porque entonces no había un problema. Ahora sí lo tenemos. El problema ademas no es una abstracción sino que lo tenemos a la vista. España colapsa por todas las costuras: vivienda, inseguridad, educación, sanidad, empobrecimiento, gasto público sin control… y en todos estos apartados tiene mucho que ver el fenómeno de la inmigración. No de la inmigración sin más, sino de la inmigración masiva y sin control. No es lo mismo que una isla de 1.000 habitantes reciba 10 inmigrantes a que reciba 50.000. No se les puede pedir a los 1.000 habitantes de esa isla que reciban de golpe a 50.000. Esa isla, sobre todo si es una inmigración asimétrica en cuanto a cultura, economía y formación, no será después lo mismo que después de recibir a 50.000. Mucho más si además hablamos de inmigrantes irregulares, o delincuentes importados, o simplemente en tal cantidad y en tan poco espacio de tiempo que no hay recursos suficientes para poderlos asimilar.

La idea de prioridad nacional tiene sentido porque cunde un sentido de escasez. El debate no tendría sentido sin esta escasez. Tal vez hubiera debido abrirse ese debate con carácter preventivo para evitar la situación actual, pero no tuvimos esa visión. La evidencia ahora es que para conseguir una cita con el médico o ser atendido hay que competir con una enorme masa de población que antes no estaba aquí. O para obtener una vivienda. O para acceder a una ayuda. No hemos asistido a una llegada gradual de inmigrantes que hubiéramos podido asimilar poco a poco, sino que ha sido una avalancha masiva. El gasto social que impone la inmigración masiva exige un gasto público y un esfuerzo fiscal que la población nativa no puede seguir costeando sin asfixiarse. Casi nadie nos dijo que eso podría tener consecuencias. Casi cualquier cosa que se pudiera decir al respecto estaba prohibida. Toda esa población inmigrante masiva, por otro lado, accede a los servicios y las ayudas sin haber pagado ni cotizado por ellas. Esto es algo más que injusto, es insostenible. Los servicios para 20 no los pueden pagar sólo 10. Si de 20 hay 10 que no han pagado y que no son de aquí a lo mejor tiene sentido hablar de la idea de prioridad nacional, o preguntarse cuántos más podemos aceptar en estas condiciones y a qué ritmo antes de colapsar como sociedad.

Quien no puede indignarse por la situación y por tener que hablar de prioridad nacional es quien ha creado y ha exacerbado esa situación con su negacionismo. No puedes indignarte por las consecuencias de los actos que tú mismo has causado y de los que fuiste advertido. Que prohibieras hablar de lo que iba a pasar no ha impedido que pasara, de hecho lo ha potenciado y facilitado.

Además de faltar vivienda o estar saturados los servicios sanitarios, los gastos sociales están disparados. Hay más de 10 millones de extranjeros en España y apenas 3,5 de ellos están ocupados. No estamos importando trabajadores, o no solamente, de hecho sólo un tercio de la población extranjera que importamos está ocupada. Además esta proporción varía bastante dependiendo del país de origen porque asistimos a un fenómeno extraordinariamente complejo. Lo que no se puede decir sin más es que la inmigración es un fenómeno con sólo consecuencias positivas, que es mejor acoger a 10 millones de inmigrantes que a 1 y mejor a 50 millones que a 10. El problema de la pobreza en el mundo no se puede resolver sólo importando pobres de todo el mundo. Importar pobres, por otro lado, lógicamente empobrece más que enriquece, salvo en circunstancias muy particulares y sólo en ciertas proporciones. Nadie puede pensar que mezclando 1 litro de whisky con 99 de agua salen 99 de whisky. Tampoco hace falta ya ser adivino para ver lo que pasa, nos asomamos a la ventana y lo vemos. No hay una reacción a la inmigración masiva porque todo esta yendo a mucho mejor y la gente no quiere mejorar tanto, sino porque aparecen problemas.

La situación es tan esperpéntica que hasta en las cárceles hay problemas para acoger a los inmigrantes presos, donde en muchos lugares empiezan a ser mayoría. Tenemos que pagar el coste de todos los delincuentes presos nacionales y el de todos los delincuentes presos extranjeros. Es decir, ciertos países nos envían a sus delincuentes sólo con billete de ida, porque después no aceptan su repatriación, cometen aquí delitos que perjudican a los españoles, a veces al punto de costarles la vida, y encima además de librar de delincuentes a sus países de origen después tenemos que mantenerlos a nuestra costa en la cárcel. ¿Quién hace el negocio? ¿Su país de origen o nosotros?

Estamos ante un fenómeno de un calado extraordinario. Un fenómeno que afecta a nuestra economía, a nuestro estado del bienestar, a nuestra seguridad y también a nuestra identidad. Lo anormal sería no debatir el asunto. Lo debatamos o no las cosas están cambiando. ¿Nos gusta la forma en que lo están haciendo? No es tan simple como decir que la inmigración es buena o mala. ¿Qué inmigración? ¿Cuánta inmigración? ¿A qué ritmo? ¿En qué cantidad? Hemos evitado el debate y ahora nos enfrentamos a los problemas sobre los que no quisimos hablar. A lo mejor ha llegado ya la hora de hablar. Xenofobia no es hablar de los problemas de la inmigración, xenofobia será el resultado de no hablar de ellos y de cerrar los ojos a lo que está pasando en el mundo real.

Compartir este artículo

Deja una respuesta

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

  • Navarra Confidencial no se responsabiliza ni comparte necesariamente las ideas o manifestaciones depositadas en las opiniones por sus lectores. Cada usuario es único responsable de sus comentarios
  • Los comentarios serán bienvenidos mientras no atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos o calumniadores ,infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros , empresa, institución o colectivo, revelen información privada de los mismos, incluyan publicidad comercial o autopromoción y contengan contenidos de mal gusto.
  • Se procurará evitar en lo posible los comentarios no acordes a la temática publicada
  • Navarra Confidencial se reserva el derecho de eliminarlos

Información sobre protección de datos

  • Responsable: Navarra Confidencial
  • Fin del tratamiento: Controlar el spam, gestión de comentarios
  • Legitimación: Tu consentimiento
  • Comunicación de los datos: No se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal.
  • Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido.
  • Contacto: info@navarraconfidencial.com.

Suscríbete a nuestro boletín