Y en el Instituto de la Memoria de Rozalejo, ¿aparecen Víctor Pradera o la madre Apolonia?

El sanchismo foral ha inaugurado un espacio específico, el Instituto Navarro de la Memoria, para acoger las actividades administrativas, investigadoras y de sensibilización relacionadas con la memoria y la convivencia, ubicado en el remodelado Palacio del Marqués de Rozalejo, en el casco viejo de Pamplona. ¿Cuál es el problema? Lo de siempre, la memoria hemipléjica.

Por un lado, en el Palacio de Rozalejo el sanchismo ha mezclado a las víctimas de ETA con las llamadas víctimas del estado y de la extrema derecha, para igualar sutilmente ambas violencias y establecer una especie de empate moral, como si los términos del conflicto no fueran ETA o democracia sino ETA o el GAL. Como si por tanto ETA no hubiera matado con y sin Franco y con y sin GAL, para establecer su dictadura socialista independiente y su limpieza étnica e ideológica. Por otro lado, sin embargo, se meten debajo de la alfombra a todos los navarros que en la Guerra Civil fueron víctimas del bando republicano. ¿Qué lugar ocupan por ejemplo en la exposición Víctor Pradera o la madre Apolonia Lizarraga? Pradera, historiador tradicionalista, fue asesinado por los republicanos en septiembre de 1936 en San Sebastián. Al día siguiente el terror rojo se cobró también la vida de su hijo. La madre Apolonia, nacida en Lezáun, fue detenida en septiembre del 36 en Barcelona, trasladada a la checa de San Elías y asesinada. Que fue torturada y asesinada no resulta dudoso, pero los detalles que se refieren de la forma en que la mataron ponen los pelos de punta. Habrá quien quizá ponga en duda el relato, pero tendrá entonces que dudar también de los relatos similares cuando llegan del otro lado. Según los relatos escuchados a milicianos, la madre Apolonia fue llevada al patio central de la checa, desnudada y, tras negarse a apostatar, colgada de un gancho de la pared y descuartizada. Sus restos habrían sido usados como comida para los cerdos y los cerdos convertidos después en embutidos que se vendieron como “chorizo de monja”. ¿Estará también contada esta historia en el Palacio de Rozalejo? ¿Será una historia que será imposible salir de Rozalejo sin conocerla?

Por supuesto el caso de Víctor Pradera o el de la madre Apolonia son sólo un par entre muchos. Son muchas las historias similares de navarros asesinados por los frentepopulistas republicanos que tendrían que encontrar su hueco en una auténtica memoria no selectiva. Los GAL o los crímenes de grupos de extrema derecha son considerados terrorismo de estado, pero toda la salvaje y amplísima violencia republicana, con decenas de miles de asesinados y torturados, al parecer era en cambio algo que sucedía al margen de gobierno republicano y no era terrorismo de estado. Lo que se hace por otro lado en Rozalejo es convertir la Guerra Civil Española en una especie de Guerra Civil de Navarra, separada de la propia Guerra Civil. En ese fragmento segregado unos serían abyectos fascistas y sólo abyectos fascistas y los otros serían beatíficos demócratas y sólo beatíficos demócratas. Al aislarse Navarra del resto del conflicto general y quedar Navarra bajo control de los nacionales, se vende el espejismo de que sólo uno de los bandos practicó la represión, como si la represión nacional en Navarra hubiera sido distinta la represión que podía encontrarse en todas las zonas de España controladas por los republicanos, pero de esa represión no se habla y desde luego no con el mismo acento. Por otro lado, separando a Navarra del conflicto nacional parece que Navarra no formaba parte de España, como si lo sucedido en Navarra no fuera imposible entenderlo fuera de ese conflicto. ¿Y los reiterados bombardeos aéreos republicanos contra civiles en Pamplona, Lumbier o Tudela, todas ellas zonas alejadas del frente? ¿No es también historia esa parte del pasado?

A Chivite y sus socios, incluyendo todos los que ni siquiera a fecha de hoy condenan la violencia nacionalista o ultraizquierdista, o los regímenes dictatoriales de izquierdas que todavía quedan en el mundo, les preocupa en cambio el blanqueamiento del franquismo. La realidad, sin embargo, es que a fecha de hoy casi nadie en la derecha blanquea o añora el franquismo. Nadie niega que el franquismo fuera una dictadura o los crímenes cometidos por el franquismo, es la izquierda la que todavía no ha hecho autocrítica y vive instalada en un negacionismo sonrosado de su pasado. Lo que pasa es que una cosa es reconocer los crímenes del franquismo y otra negar lo que sucedía al otro lado del río y el contexto en que ocurrió todo eso, lo que nos lleva al siguiente punto.

El peligro al que se enfrenta la sociedad actual no es el blanqueamiento del fascismo, del que nadie niega sus crímenes ni es añorante, sino el blanqueamiento del frentepopulismo republicano. ¿Habrá muchas referencias en Rozalejo a que, antes del golpe de 1936, ya los socialistas y comunistas intentaron dar un golpe de estado contra la Segunda República en 1934, en cuanto perdieron las primeras elecciones? ¿Se recuerda en esa exposición que, tras perder las elecciones del 33, los socialistas -citando a Largo Caballero- decían no sentirse ya representados por la bandera tricolor republicana, y que había que “luchar como sea, hasta que en las torres y edificios oficiales ondee no una bandera tricolor de una república burguesa, sino la bandera roja de la revolución socialista”? En la exposición de Rozalejo, ¿se recordará el famoso Decálogo de las Juventudes Socialistas (el que profesaban muchas de las “13 rosas”) que, entre otras cosas, decía que “La única idea que hoy debe tener grabada el joven socialista en su cerebro en que el socialismo sólo puede imponerse por la violencia, y que aquel compañero que propugne lo contrario, que tenga todavía sueños democráticos, sea alto, sea bajo, no pasa de ser un traidor, consciente o inconscientemente»? Y ya puestos, ¿se recordará en Rozalejos la jugosa hemeroteca del PSOE y del PCE en la que queda demostrado de forma cristalina que estos partidos no defendían la democracia sino la dictadura del proletariado que ya se había implantando en la URSS? Cabe sospechar que, si se recordara todo, los partidos que ahora la celebran serían los primeros que ya no querrían la exposición.

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