O confinas a los invasores, o confinas a los ceutíes

Ante la propagación de diversas enfermedades contagiosas entre y desde la horda de invasores deambulando por Ceuta en condiciones insalubres e infectas, hace unos días el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, reclamaba la adopción de medidas incluido el confinamiento. Obviamente nos encontramos ante una situación absolutamente descontrolada, una de cuyas consecuencias es la propagación de enfermedades, lo que sucede es que la respuesta para evitar una epidemia no puede ser confinar a la población, sino volver a tomar el control de la situación.

Desde luego no puede haber en una ciudad de 80.000 habitantes 10.000 ilegales deambulando por las calles sin techo, sin aseo, sin comida y sin oficio ni beneficio, mientras además de las enfermedades se propagan asimismo las reyertas, las agresiones sexuales y los asaltos. Si varios miles de personas asaltan tu frontera, en primer lugar tratas de evitar el asalto, y si no puedes evitarlo a quienes confinas en un campamento es a los asaltantes, no a los ceutíes. No esperas a que los asaltantes se conviertan en una fuente de contagios para tomar medidas generales de confinamiento, confinas a los asaltantes para que no se conviertan en una fuente de contagios. Los confinas además porque se encuentran en situación irregular y para que no deambulen por ahí delinquiendo. El problema es que para eso hace falta valor político y estar dispuesto a que te acusen de haber metido en campos de concentración a los inmigrantes.

La alternativa cobarde es lo que está sucediendo. Los desalojas de la playa y de la basura para intentar trasladarlos a un campamento, pero como es un campamento abierto al cabo de una hora vuelven a estar todos en la playa o en los barrancos fuera de control, deambulando y aterrorizando a la población. Por no confinar a los asaltantes, a los que el gobierno español tiene confinados es a los ceutíes en sus hogares, particularmente a las mujeres, los niños y los mayores, que con razón hace ya casi un mes no se atreven a salir a la calle, o tienen que hacerlo corriendo un riesgo, celebrando poder volver a su casa sin haber sido asaltados o contagiados de sarna.

Otras de las cuestiones que ha dejado en evidencia el asalto de Ceuta es que no puedes tener abierta una frontera con un país que no acepta la gente de vuelta, o que no tiene sentido expulsar a la gente de tu país, por carecer de papeles o cometer delitos, si después no tienes una puerta en la entrada para evitar que vuelvan. Muchos de los asaltantes de Ceuta son de hecho, como reconocen abiertamente cuando se les coloca un micrófono delante, personas previamente expulsadas de España por la comisión de delitos. Si por otro lado Marruecos se niega a aceptar a los delincuentes de vuelta, entonces no se puede tener una frontera abierta con Marruecos. No resulta fácil entender, sin caer en teorías conspiranoicas, por qué a Marruecos ni España ni la UE le amenazan con ningún tipo de sanción o represalia, cuando toda la economía de Marruecos o su suministro energético dependen del exterior. ¿Somos así de sumisos con Marruecos mientras nos ataca por mera cobardía o por algo peor?

La ministra de Defensa ha revelado, no se entiende por qué, la presencia en Ceuta de 25 miembros del CNI. La verdad es que no nos importa (puede que a Marruecos sí) cuántos miembros del CNI haya en Ceuta para no evitar la invasión, sino cuántos miembros hay en Ceuta de las fuerzas armadas y servicios de inteligencia marroquíes. Como no tenemos ningún control de la frontera, de quién entra y de quién sale, ni por tanto a qué se dedica esa gente, todo indica que la horda de asaltantes llegó pastoreada por agentes de inteligencia marroquíes y que incluso ahora y dentro de Ceuta esa masa sigue pastoreada por esos agentes esperando instrucciones. Esto por otro lado refuerza la evidencia de que estamos ante un acto deliberado y de guerra híbrida.

Para adoptar cualquier tipo de solución el gobierno español afronta diversos problemas de carácter previo, antes siquiera de empezar a estudiar las alternativas. En primer lugar que para solucionar esta situación seguramente tienes que mancharte las manos, tienes que estar dispuesto a abrir los telediarios con escenas de fuerza que van a victimizar a los asaltantes y que van a ser usadas para criminalizarte y, lo que es peor si eres progresista, van a servir para probar que tienes que dar la razón, por la vía de los hechos, a los que has estado llamando racistas y fascistas durante años.

Adoptando ahora un mes después las medidas necesarias, por otro lado, tienes que reconocer, también por la vía de los hechos, que cuando hace 25 días a no hacer nada lo llamaste haber solucionado la crisis mentías a todo el mundo. Una medida como la que acaba de anunciar el gobierno, reformando las leyes de asilo y extranjería, muestra por ejemplo hasta qué punto el gobierno se ha vuelto fascista o hasta qué punto toda la gente a la que la izquierda llamaba fascista tenía razón.

La cuestión no sólo es que las soluciones a la crisis seguramente son crudas y no existe una solución inmaculada o una curación espontánea, como sigue esperando el gobierno ya con manifiesta falta de esperanza. Todo lo contrario, la situación se deteriora día a día como consecuencia de no hacer nada. Lo malo para Sánchez es que hay problemas que no sólo no se resuelven por si mismos sino que si no se hace nada se van pudriendo y, por otra parte, cualquier medida eficaz que pueda tomar la izquierda iría contra todo su discurso previo durante años y contra sus señas de identidad. Por lo demás esto a lo que nos enfrentamos no es un problema casual, no es una catástrofe natural, no es un evento azaroso, es una maniobra de marruecos meticulosamente planificada para lograr este efecto. Pero esa es otra, por lo que sea tampoco se puede reconocer la evidencia de que Marruecos no es nuestro amigo, nuestro hermano, ni nuestro aliado: es nuestro enemigo.

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