La mata hijos Lindsay Clancy es el camino

Siempre habrá un 0,01% de personas que se salen de la estadística, pero o el 99,99% condenamos a una asesina de niños, sus propios hijos, o esta sociedad está corrompida por un culto oscuro. Cuando estas empatizando con la asesina de sus tres hijos pequeños, es el momento de preguntarte si la ideología que te lleva a eso no es una abominación. Esto estaba siendo, debería estar siendo, un mero caso de tribunales en Estados Unidos. La izquierda woke, sin embargo, lo ha sacado de su ámbito para convertirlo en una cruzada ideológica internacional. Ya no se trata de que la justicia actúe y evalúe el estado mental de la mujer, las circunstancias o la pena que le corrresponda, en una cárcel o un psiquiátrico, sino que esto ha pasado a ser una campaña demencial en la que hordas de feministas e influencers se manifiestan incluso maltratando también a sus hijos ante las cámaras y empatizando con la asesina.

Que una madre o un padre maten a sus hijos es algo que puede pasar, como cualquier horror en la historia de la humanidad. Lo inédito al respecto es que florezcan los simpatizantes de la asesina o el asesino. En este caso la asesina, porque el horrendo crimen se ha reconducido hacia una causa feminista que ya no apoya una presentadora despistada o un pequeño grupo de trastornadas, sino que los medios de izquierda ya abiertamente pretenden que haya un “debate” sobre si culpar o no a las mujeres que maten a sus hijos. Por supuesto este debate sólo es aceptable abrirlo respecto a mujeres que maten a sus hijos, no respecto a los padres. Obviamente la defensa jurídica de esta mujer consiste en hacer encajar su caso, aunque sea a martillazos, en el tipo de cuadro psiquiátrico que podría exculparla. Así trabajan los abogados. En todo juicio la parte acusada construye una defensa, no hay criminal por terribles que sean sus actos que no tenga una defensa que no busque a ser posible su absolución, sea recurriendo a informes médicos, a defectos de forma, plazos prescritos o el instrumento que sea: es el trabajo de la defensa. El componente feminista, en este caso, garantiza ademas, como efectivamente están consiguiendo, un amplio apoyo mediático. Lo que cuesta creer que es que el argumentario de la defensa de una mujer asesina se haya convertido sin matices en el mantra de todos los medios de izquierda, y que el suceso haya pasado de ser una cuestión judicial a una batalla ideológica.

Si la locura y la maldad es lo mismo, entonces lo unico que estamos discutiendo es el etiquetado y no la sustancia. Al final no estaríamos convirtiendo a los malvados en locos sino a los locos en malvados, haciendo un flaco favor por el camino a todos los enfermos psiquiátricos. Si reducimos la maldad a psiquiatría, entonces tampoco podemos culpar a los violadores, a los terrristas, a los tiranos, a los genocidas o a los asesinos de mujeres. Quien sostenga que la maldad se reduce a psiquiatría tiene después que ser coherente y aplicar la misma exculpación que a Lindsay Clancy a todos los villanos y criminales del mundo, sea cual sea su género, sean cuales sean y cuantas sean sus víctimas. Todo el mundo será culpable del holocausto menos Hitler, todo el mundo será culpable de la violación en grupo de la manada menos los miembros de la manada. Si hay un violador asesino lo que tendremos que preguntarnos, por lo visto, es en qué le hemos fallado como sociedad a ese criminal para que se hay visto obligado a hacer algo tan terrible, que evidentemente no haría nadie cuerdo y normal. Seguramente la salud mental del caníbal de Rotemburgo no era mejor que la de Lindsay Clancy, pero ninguna multitud salió a la calle a mostrar simpatía por él. Lo que no se puede hacer es construir una historia psiquiátrica para exculpar a las mujeres delincuentes que no se construye cuando estamos ante un delincuente varón.

El hombre por lo visto asesina por maldad, la mujer en cambio es un ser de luz que, si hace algo malo, sólo se puede explicar por algo extraño y anormal, por locura, por alguna enfermedad: no se puede aceptar que una mujer haga algo terrible sólo por maldad. A nadie se le ocurrió pensar si José Bretón o el padre de Tenerife que asesinó a sus dos hijas y después se suicidó eran enfermos, y si por tanto la culpa de los asesinatos de sus hijos no era suya, sino de todos menos de ellos, de una sociedad que no supo ver los signos, sus red flags, los avisos que estaban ahí. Nadie dijo que todos le fallamos a José Bretón o a Tomás Gimeno. No obstante, si el asesino canario mató a sus hijas y después se suicidó es la prueba de lo mal que debía estar. ¿No hay que estar loco para matar a tus hijos? Todos los hombres que matan a sus parejas y se suicidan o se intentan suicidar sin duda también tienen problemas. Sin embargo sólo se recurre a esos problemas para exculpar los crimenes cuando la asesina es una mujer. Esto es un evidente fraude en la argumentación. No puede ser que recurramos a las enfermedades mentales como eximente sólo dependiendo del genero del asesino. Quienes nunca ha recurrido a los problemas mentales para exculpar a hombres asesinos, ahora de repente tratan de reinterpretar los casos de todas las mujeres convertidas en asesinas como casos psiquiátricos. No es honesto, es ideológico. Entretanto se nos llenan las redes de cultistas oscuras mostrando su empatía con la asesina.

Si decidimos explicar el mal sólo por los problemas psiquiátricos, entonces todos los malvados son inocentes, todos los asesinos y malvados son locos. ¿Acaso no hay que estar loco para matar a alguien? Cuanto más horrible y escabroso el crimen, más loco pensaríamos que tenía que estar el autor para llevar a cabo ese hecho, y por tanto más inocente sería de él. De este modo, llegaríamos a la irónica conclusión de que matar a una persona de un disparo limpio sería un crimen mucho más execrable que violar y enterrar a cincuenta niños en el jardín, porque lo segundo sería fruto de la locura y la culpable sería la sociedad por no repartir suficiente Prozac. Es a Cora, Dawson y Callan, los hijos de la asesina y grandes ignorados en esta movilización feminista, a los que en todo caso la sociedad ha fallado. Por otro lado todo es una pantomima si para exculpar al asesino primero hay que preguntar el género o después la ideología antes de determinar si es un malvado o un pobre loco que no es dueño de sus actos. Psiquatria a la carta, podríamos llamarlo. O directamente una farsa.

Algunas de las feministas e influencers que están hablando, para justificar a Lindsay Clancy, parecen dividir a las mujeres madres entre aquellas a las que les crecen los hijos sin esfuerzos ni sacrificios y las que matan a sus hijos. Como si hubiera madres que pudieran criar a sus hijos sin sacrificios. Como si las que no matan a sus hijos no supieran lo que es perder noches de sueño o entregar dedicación casi absoluta. Como si las madres que no han matado a sus hijos es porque sus hijos los han criado sirvientes, mayordomos y robots. Como si las madres que han tenido que hacer una montaña de esfuerzos, o sea todas, no tuvieran más remedio que matar a sus hijos. Por supuesto a los hombres ni mencionarlos porque, igual que no hay mujeres que afronten los esfuerzos de la maternidad con alegría y sin matar a sus hijos, tampoco hay hombres que realizan todo tipo de esfuerzos toda su vida con una sonrisa para sacar adelante una familia. No deja de ser curioso, por otra parte, que el feminismo por un lado muestre como ejemplo y referente a las madres solteras, renegando por completo de la figura masculina del padre o la familia tradicional, pero por otro estén justificando asesinatos de niños en nombre de la ausencia del padre.

En todo caso puedes intentar explicar el comportamiento de Lindsay Clancy mediante la locura, pero no puedes empatizar con ella como Tania llanera o el resto de feministas que han salido a identificarse con ella. El único debate en todo caso sería la clase de cárcel a la que debería ir Lindsay Clancy , si una para cuerdos o una para locos, pero a una cárcel a fin de cuentas. En este sentido, una buena persona que hubiera matado a sus hijos en un rapto de locura quizá no estaría pidiendo su absolución. Esa persona pensaría que no hay castigo en el mundo lo bastante grave para igualar lo horrible de su crimen. En vez de la absolución pediría la pena más alta posible o renunciaría totalmente a su defensa. Todo indica, sin embargo, que Lindsay Clancy pretende ser absuelta, ingresar en un centro psiquiátrico en vez de una cárcel y, una vez allí, ser sometida a revisiones periódicas cada pocos meses hasta que algún psiquiatra benevolente y progresista la devuelva a la calle, donde las feministas le estarán esperando, como los etarras a los suyos, para hacerle algún ongi etorri.

Compartir este artículo

Deja una respuesta

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

  • Navarra Confidencial no se responsabiliza ni comparte necesariamente las ideas o manifestaciones depositadas en las opiniones por sus lectores. Cada usuario es único responsable de sus comentarios
  • Los comentarios serán bienvenidos mientras no atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos o calumniadores ,infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros , empresa, institución o colectivo, revelen información privada de los mismos, incluyan publicidad comercial o autopromoción y contengan contenidos de mal gusto.
  • Se procurará evitar en lo posible los comentarios no acordes a la temática publicada
  • Navarra Confidencial se reserva el derecho de eliminarlos

Información sobre protección de datos

  • Responsable: Navarra Confidencial
  • Fin del tratamiento: Controlar el spam, gestión de comentarios
  • Legitimación: Tu consentimiento
  • Comunicación de los datos: No se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal.
  • Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido.
  • Contacto: info@navarraconfidencial.com.

Suscríbete a nuestro boletín