La situación de la sanidad pública en Navarra es catastrófica. Irónicamente, votar a la izquierda se supone que es algo que muchos votantes hacen precisamente para garantizar la existencia y buen funcionamiento de la sanidad pública. La pregunta sin embargo es el voto de quién se está ganando a pulso el gobierno de María Chivite, ¿el del ciudadano común que vota a la izquierda por la sanidad pública o el del accionista de una empresa de seguros médicos privados? La respuesta parece bastante evidente, a la luz de la evolución de los seguros médicos privados en Navarra.

Los seguros privados suben porque la sanidad pública cada vez funciona peor. Los indicadores de la mala salud del sistema de salud son múltiples y variados. Uno de los más significativo es no obstante el de las listas de espera. Con las arcas forales en récord de recaudación, la Comunidad Foral ostenta el segundo peor puesto de España en cuanto a listas de espera para primera consulta con el especialista, sólo por detrás de Canarias y a distancia sideral de la media nacional y de comunidades de riqueza similar como País Vasco o Madrid.

Que Navarra, en lo que se refiere a salud pública, no pueda aspirar a estar ya ni siquiera en el promedio por las listas de espera es un fracaso absoluto. Quién ha visto y quién ve a la Navarra de Cerdán, Koldo, Alonso y María Chi. El caso de Madrid y País Vasco es sangrante porque se supone que la Madrid de Ayuso tiene destrozada a la sanidad pública, no hay recursos ni presupuesto, todos los esfuerzos se centran en menoscabar lo público para hacer rica a la Clínica Quirón y a su novio. Sin embargo, incluso comparando la sanidad de Chivite con la de alguien que supuestamente quiere destruir la sanidad pública, resulta que en Madrid la lista de espera es de 68 días y en Navarra de 152. Es posible que mueras esperando en Navarra por algo que ya te habrían detectado en Madrid.
Por lo que se refiere al País Vasco, también es un caso peculiar, puesto que a fin de cuentas los mismos que gobiernan en la CAV son socios del gobierno foral. ¿Cómo es posible que en la CAV, con los mismos al timón, los plazos de las listas de espera sean mucho menores? Será como con los impuestos, que lo bueno para la CAV son impuestos bajos y una sanidad funcional y lo bueno para Navarra impuestos altos y una sanidad colapsada. Los navarros no merecen lo bueno que tienen los vascos. Por cierto, nos argumentaban que subían los impuestos para pagar la sanidad pública, pero resulta que Madrid y la CAV pagan menos impuestos y tienen menos lista de espera. ¿Qué hacemos entonces con el argumentario del bienamado gobierno foral? ¿Necesita el enemigo una gestora para que le enviemos con un lacito a María Chi?

Resulta llamativo asimismo comparar la situación actual de las listas de espera en Navarra no sólo con la situación actual del resto de comunidades, sino con la situación de la propia Navarra hace unos años. Los datos no son fácilmente comparables y homologables para poder retroceder muchos años en el tiempo, pero desde 2019 es apabullante la evidencia de la forma en que se han disparado las listas de espera en Navarra, respecto al propio comienzo de la presidencia de Chivite en su primera legislatura y no digamos respecto a los gobiernos anteriores. Que no usen como pretexto el COVID, porque aparte de hacer ya muchos años del inicio de la pandemia todas las demás comunidades también pasaron el COVID, y tienen la mitad de tiempos de espera. Navarra necesita un consejero de Salud que salve el barco, no uno como el que tenemos dispuesto a hundirse con el sillón.

Volviendo al principio, nos encontramos con una gran paradoja. La gente abraza una ideología pensando que va a tener mejores colegios o mejores hospitales, pero después resulta que los datos evidencian un deterioro en vez de una mejora, y encima después de gastar más dinero. ¿Y qué es lo que sucede entonces? Pues que la gente coloca la ideología por encima de los datos y sigue votando a los malos gestores por puro activismo. Evidentemente lo racional es lo inverso: apostar por una ideología u otra en virtud de los datos y resultados, no ponerse una venda en los ojos frente a los datos para salvar las ideologías.