Pedro Sánchez es un sujeto dispuesto a hacer lo que sea para conseguir lo que quiere. El tipo de persona que sirve a los intereses de Sánchez es Leire Díez. La falta de escrúpulos de los fontaneros evidencian la falta de escrúpulos del fontanero en jefe por encima de ellos. Los únicos límites reales son los materiales, no los límites legales o mucho menos morales. Se puede hacer todo lo que no haya alguien que materialmente te pueda impedir hacerlo. Ese es el marco en el que se mueve el sanchismo. Recordemos que todo esto empezó comprando a unos delincuentes sus votos a cambio de su amnistía. Recordemos que la corte de Sánchez, aparte de Leire Díez, son Abalos, Koldo, Cerdán o Zapatero. Este es el marco del personaje, por tanto tenemos que llevar a cabo análisis y reflexiones harto desacostumbrados, como pensar en qué contexto Pedro Sánchez podría sacarse una excusa de la manga para evitar unas elecciones. ¿Existe un mecanismo para hacer eso? Si existe, es sólo cuestión de ingenuidad pensar que Sánchez podría renunciar a utilizarlo por una cuestión de principios. Puede que lo hiciera por otros motivos, pero no por principios. Hablamos de un presidente que trata de dar una especie de pucherazo cambiando drásticamente el censo antes de unas elecciones que las encuestas le vaticinan perdidas. Si no puedes cambiar los votos, como en unas primarias del PSOE, entonces cambia a los votantes. La cuestión es cómo cambias el resultado, tanto da si es cambiando los votos o los votantes.

A pesar de todo, es posible que PS no las tenga todas consigo en el plano electoral. ¿Y si no puede incorporar al censo suficientes votantes? ¿Y si calcula que ni con 3 nuevos millones de votantes se podría volcar el resultado? ¿Y si las nacionalizaciones no llegan a tiempo? ¿Y si el voto extranjero está más dividido de lo previsto o si el rechazo interno es ya tan fuerte que el voto extranjero masivo no lo compensa? Finalmente: ¿y si la única forma de evitar un cambio de gobierno fuera que no hubiera elecciones?

Contra lo que pudiera pensarse, hay un mecanismo previsto en la Constitución que podría evitar la convocatoria en plazo de las siguientes elecciones generales. Obviamente no es un mecanismo previsto para eso pero, aunque diseñado con otro objeto, una de sus consecuencias podría ser el retraso sine die de la convocatoria de unas nuevas elecciones. De este modo, llegado el final de 2027, la forma en que Pedro Sánchez podría evitar el plazo final para convocar elecciones sería la declaración del estado de alarma. El estado de alarma, aquel que los españoles ya paladeamos de forma ilegal en la pandemia (sin que por cierto el gobierno respondiera por ello), suspende de manera automática la posibilidad de convocar elecciones, porque expresamente la Constitución señala que no se podrán disolver las Cortes estando el país en estado de alarma, y las Cortes se disuelven al convocar elecciones.

Como consecuencia de lo anterior, Sánchez podría prorrogar indefinidamente la legislatura sin convocar elecciones utilizando el estado de alarma. ¿Pero cómo justificar la declaración del estado de alarma? En realidad Sánchez no tiene que justificar nada. Es decir, Sánchez puede declarar el estado de alarma por el motivo que le salga de la capa, y al que no le guste que recurra, pero que sepa que el tribunal de última instancia para determinar si Sánchez ha declarado legal o ilegalmente el estado de alarma es el Tribunal Constitucional, controlado por Sánchez. Naturalmente Sánchez tendría que inventarse algún pretexto formal para declarar el estado de alarma, pero este podría ser cualquier cosa, desde una alarma machista a una alarma antifascista. De hecho el discurso del sanchismo es que o gana las elecciones el sanchismo o gana el fascismo, con ese planteamiento suspender las elecciones sería, paradójicamente, defender la democracia para evitar el fascismo. Sólo acabando con la democracia se salvaría la democracia, pero este tipo de planteamientos son los que caracterizan a Sánchez y socios.

Una vez declarado el estado de alarma se supone que las Cortes lo tienen que prorrogar cada 15 días, pero por un lado el sanchismo tiene mayoría en el Congreso, y por otro la pandemia evidenció que el estado de alarma se puede prorrogar por 6 meses por obra y gracia de Sánchez. El estado de alarma antisanchista, o antimachista, o el estado de alarma económico, podría prolongarse hasta que acabara la amenaza fascista inventada, se acabara el machismo en el mundo, se vendieran los pisos por mil euros o se jubilen el juez Peinado, Moreno, Pedraz y todos los que investigan los casos de corrupción del sanchismo. ¿Es un delirio pensar que todo lo anterior podría suceder realmente en España? Desde luego es probable que todo lo anterior no suceda, pero no tanto porque sea un delirio o porque Sánchez no esté dispuesto a hacerlo como porque no sea materialmente posible, o con muchas dificultades. No subestimemos nunca sin embargo hasta dónde puede ser capaz de llegar el sanchismo.