Chivite sólo cerrará aulas en centros concertados para compensar la caída demográfica

La izquierda odia la educación concertada y los hechos están a la vista. La noticia hace un par de semanas era que el nivel de natalidad se ha desplomado a niveles históricos y, consiguientemente, los colegios se quedan vacíos. En el curso 2014-2015 hubo en Navarra 20.060 alumnos de 3, 4 y 5 años, mientras que ahora sólo hay 15.751. Ante una pérdida de un cuarto de la población infantil, ¿qué hacemos entonces con los colegios? El plan de Chivite y su consejero Gimeno era empezar a cerrar aulas, pero haciendo recaer el grueso de los cierres sobre la educación concertada. Es decir, si hay más plazas libres la gente puede elegir, y si la gente puede elegir hay más educación concertada. Por tanto los colegios públicos se irían vaciando, bajaría la proporción de educación pública y las aulas en desuso y sin demanda estarían en el lado de lo público.

Para evitar esto, Chivite y Gimeno han establecido una serie de criterios en virtud de los cuales cerrar las aulas sobrantes. El primer criterio es que cada aula cuente con un número mínimo de alumnado. El segundo no concertar unidades sin demanda suficiente. Y el tercero y más revelador el de evitar expresamente una oferta sobredimensionada de plazas en la educación concertada, de modo que las solicitudes de plazas en centros concertados, en vez de ser atendidas, podrán ser derivadas a centros públicos que tengan plazas vacantes, para garantizar el «equilibrio del sistema». ¿Qué es el equilibrio del sistema? ¿Un 50-50? ¿El actual 70-30 a favor de la pública? ¿Por qué el equilibrio no podría ser un 30-70 a favor de la concertada? El equilibrio será lo que decida Chivite caprichosamente en cada momento, en vez de lo que las familias y la demanda decidan libremente en cada momento.

Todo lo anterior, sin embargo, ha desatado una pequeña tormenta dentro del bloque gobernante euskadiano izquierdista. En este nuevo escenario las ikastolas también iban a sufrir este zarpazo contra la educación concertada. El ataque contra la libertad educativa era en realidad vascofobia. Al gobierno de Chivite le da igual la libertad, pero no puede dar un paso si desagrada a sus socios nacionalistas, de los que depende por completo para poder seguir en la silla.

Con el sector de las ikastolas en pie de guerra y la oposición de sus socios nacionalistas, Chivite y Gimeno han tenido que reformular sus planes para cerrar aulas en los centros educativos. De este modo, los cierres anunciados en virtud de criterios supuestamente científicos, objetivos y técnicos, han dado lugar a otra propuesta en virtud de criterios supuestamente igual de científicos, objetivos y técnicos revisando los anteriores, por la que no se cerrará ningún aula de centros públicos. O sea, que los estudios científicos, objetivos y técnicos dicen cada día lo que le interesa al gobierno y lo que le exigen sus socios, y al final esos estudios determinan que sólo irán a las cámaras de gas los pelirrojos, pero que es sólo una decisión objetiva y científica y no odio a los pelirrojos.

Como todos los conflictos de intereses que se producen dentro del lado sanchista del muro, la solución siempre es la que impone el más extremista y la solución del más ultra es siempre la que más ataca la libertad. ¿Cuál es el problema de la libertad? Que si el criterio es la libertad la gente elige calidad y resultados (véanse los informes PISA) en vez de lo público. Si el criterio es la libertad la gente elige que sus hijos sean educados en sus valores en vez de en la ideología que quiere imponer el gobierno. La alternativa podria ser que la educación pública fuera más atractiva por ofrecer mejores resultados y neutralidad ideológica, pero de lo primero Chivite y Gimeno no son capaces y lo segundo no lo desean.

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