El sindicato ELA es una chiflada que les deja sin bocadillo a los niños hambrientos

En la vecina CAV ha tenido lugar una huelga de varios días por parte de los trabajadores de comedores escolares públicos de gestión directa de la Comunidad Autónoma Vasca. La huelga fue convocada por LAB, ELA, CCOO y UGT que presumen de un «seguimiento masivo» y no se descartan nuevas movilizaciones si no hay «avances reales» en la negociación.

Para LAB, la huelga ha servido no solo para visibilizar el conflicto laboral existente, sino también para reforzar la unidad de unos trabajadores que desempeñan un papel esencial dentro del sistema educativo público vasco. El conflicto tiene su origen, según los sindicatos, en el incumplimiento del convenio colectivo, en el bloqueo de la negociación del nuevo convenio y en la sobrecarga de trabajo que sufren los trabajadores debido a los ratios actuales, insuficientes para garantizar, aseguran, un servicio de calidad.

En las últimas horas, sin embargo, toda la convocatoria de huelga ha sido devorada por un vídeo que se ha hecho viral. En el vídeo una dirigente del sindicato ELA, Isa García, no sólo admite que a los niños se les ha dejado sin comer en el comedor, sino que también se les ha prohibido comer los bocadillos que después de tres días de huelga les habían preparado sus familias. La portavoz de ELA ha llamado la atención no sólo por el reconocimiento de este hecho, sino por la frialdad y dureza inhumanas con las que ha acompañado sus palabras.

La crueldad con la que se deja sin comer a un niño y se le quita el bocadillo puede que no sea lo más grave que ha hecho el sindicalismo nacionalista vasco en los últimos años, como ilustran todas las escenas anteriores, pero puede ser una de esas imágenes que quedan grabadas en la memoria colectiva para la historia. La violencia casi siempre ha ido de la mano de las huelgas de los sindicatos nacionalistas. Todas las huelgas generales convocadas por los sindicatos nacionalistas han dejado una estela de violencia a su paso. En el caso de los simpatizantes del sindicato LAB, no sólo protagonizan su propia kale borroka a la menor ocasión sino que el propio sindicato nunca ha condenado la violencia de ETA. LAB pertenece a la más estricta ortodoxia de la izquierda abertzale, llamando presos políticos a los terroristas de ETA y exigiendo de hecho su impunidad. Es difícil que se pueda llamar presos políticos a los terroristas o exigir su impunidad sin pensar que su violencia, que nunca condenaron, estaba justificada y sus víctimas merecían esa violencia. Una violencia que por cierto muchas veces tuvo cómo víctimas a los niños. Dejar a los niños hambrientos y sin bocadillos, de todos modos, retrata bastante bien este sindicalismo de combate cruel, fanático e inhumano, para el que el fin justifica los medios.

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