Los malos espías

Redacción 11 abril 2019 Noticias, Noticias destacadas
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Las personas que no piensan como tú también tienen derechos. Esta es la idea que se le escapa a Clemente Bernad, el espía de la cripta, condenado por atentar contra la intimidad de las personas que iban allí a rezar. El respeto a los derechos de la personas, al margen de su ideología, es una idea que al parecer no sólo el condenado sigue sin entender, pero que la Justicia ha determinado con claridad. El Juzgado de lo Penal número 3 de Pamplona, exponiendo lo obvio, señala que la cripta no es un lugar abierto al público, sino que su uso es de carácter privado, con el acceso al interior restringido. Por consiguiente, “ni siquiera la sospecha, en su caso de que pudieran llevarse a cabo en el interior actos ilícitos, autorizaría ni permitiría al acusado, en el ejercicio como periodista de su derecho fundamental de expresión e información, colocar un micrófono y una cámara para grabar e interceptar la actos y las conversaciones entre terceros particulares que se llevan a cabo allí, como tampoco lo podría hacer la policía si no contara con autorización judicial ni allí, ni en la sede de ninguna otra organización o grupo de personas”.

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La sentencia es una gran noticia para todos porque garantiza el derecho a la intimidad de todo el mundo, incluyendo el de Uxue Barcos, Joseba Santamaría, las asociaciones de fotógrafos progresistas o todas las personas que han apoyado a Bernad. La Justicia, como no puede ser de otro modo, defiende de los espías a las personas que no piensan como Barcos o Santamaría, y defiende asimismo la intimidad de Barcos y Santamaría de las personas que no piensan como ellos. Algo se les escapa a todas las personas que no celebran el resultado de la sentencia.

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Paradójicamente, en los últimos días hemos vista a los representantes de Podemos denunciar la actividad de las llamadas “cloacas del estado”, actividad que, en el caso de Pablo Iglesias, ha significado por ejemplo que se conozcan mensajes suyos privados en las que expresaba su deseo de azotar a una presentadora hasta que sangrara. Al igual que en el caso de la cripta, descubrir la talla moral de Pablo iglesias en su intimidad no justifica el robo del móvil de una de sus colaboradoras. Eso sí, o se defiende el derecho a la intimidad de todos, o no se puede defender el de nadie. A diferencia del caso de la cripta, por otro lado, las grabaciones de Bernard no han desvelado nada más excitante que a gente asistiendo a una misa y rezando un vía crucis. Es decir, en este caso ni siquiera se puede plantear que el objetivo logrado justificara los medios, que por otro lado no los justificarían en ningún caso.

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Aunque la sentencia condenando a Bernad a un año de prisión (que no tendrá que cumplir) y una multa de 2.880 euros es recurrible, sería deseable que el propio Bernard y desde luego el entorno que le apoya reflexionara sobre una preocupante situación que se viene repitiendo en los últimos tiempos, la cual consiste en negar que pueda haber actuado mal cualquier persona con la que se tiene una afinidad política y justificar la violación de derechos a las personas en razón de su ideología. Toda la defensa de Bernard, pero no sólo de Bernad, y no sólo la judicial sino la mediática y hasta política, ha girado en torno a esta perversa forma de razonar.

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Por lo demás se ha demostrado también que Bernad es un espía bastante mediocre, ya que su instalación de espionaje fue descubierta a la primera de cambio y encima en los dispositivos de grabación era él mismo quien aparecía grabado instalándolos. Si haces el mal, por lo menos haz bien el mal.

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Esta noticia la publicamos el 17 de agosto de 2017