Usi, Navaz y Anoz: Incendios y Construcciones

La semana pasada recibimos la mala noticia de que se estaban quemando terrenos al norte del monte San Cristóbal, nada lejos de Pamplona. Mirando los terrenos ardiendo y otros de la zona antes del incendio en fotos y Google maps, observé que en general se trata de áreas más bien llanas o de poca inclinación. Se me pasó por la cabeza lo que nos han dicho tantas veces por las noticias cuando hay algún incendio provocado apuntando a constructores ambiciosos que pagan a alguien para que el terreno se devalúe y se construya a precio de ganga.

Este tipo de noticias sensacionalistas parece que buscan más que nada volver a demonizar a las empresas albañileras o atribuírselo al cambio climático. Curiosamente en recientes incendios apocalípticos de esta década (Lahaina o Los Ángeles) se culpó al cambio climático, pero hubo testigos (salió en vídeo) de actos de pirómanos.

Los incendios son mas dificiles de controlar en zonas menos pobladas y alejadas de las más pobladas. Aunque las zonas más pobladas tienen mayor riesgo de daños personales y materiales, el control directo del fuego suele ser más rápido. Las zonas remotas o despobladas son más difíciles de controlar debido a varios factores operativos y ecológicos, muy patentes en la geografía española y mediterránea.

* Acceso y tiempo de respuesta: La falta de carreteras, pistas forestales o caminos dificulta el desplazamiento de los camiones de bomberos. Los equipos tardan más en llegar y, para cuando lo hacen, el incendio suele haber adquirido gran tamaño.

* Acumulación de combustible: La despoblación rural trae consigo el abandono de parcelas agrícolas y ganaderas. Esto genera una masa forestal continua y seca que sirve de «combustible» ininterrumpido para las llamas.

* Dificultad de ataque aéreo: En zonas escarpadas o de cañones profundos, las maniobras de los aviones y helicópteros son más peligrosas y menos efectivas.

* Falta de cortafuegos naturales: Las áreas pobladas suelen estar rodeadas de zonas de cultivo, carreteras o infraestructuras que actúan como barreras naturales. En zonas alejadas, el fuego avanza sin obstáculos físicos.

* Detección tardía: En lugares poco poblados no hay personas cerca para alertar a los servicios de emergencia de inmediato.

Ergo extender las urbanizaciones más allá ayudaría a evitar más incendios. Si el asfalto no arde y la presencia humana limpia el terreno, expandir la ciudad parecería la solución definitiva.

Tener una urbanización junto al monte puede encender una chispa, pero si la expansión se plantea con cortafuegos y diseño estratégico, urbanizar las periferias de la ciudad puede ser una herramienta de defensa brutal.

En lugar de chalets dispersos que se mezclan con los pinos, una extensión compacta de la ciudad crea un límite radical. Las calles anchas, los parques urbanos con césped regado y las autovías de circunvalación funcionan como megacortafuegos. El fuego que viene del monte se frena en seco al chocar contra una barrera de hormigón y asfalto sin combustible que quemar.

Al urbanizar una zona:

* Se instalan redes de hidrantes y bocas de incendio con presión garantizada.

* Se construyen carreteras amplias donde los camiones de bomberos pueden maniobrar a gran velocidad.

* Se transforma un terreno inaccesible en una zona donde los retenes pueden plantar cara al fuego en minutos.

El monte abandonado es un polvorín. Al convertirse en zona urbana o periurbana, la ley obliga a mantener las parcelas limpias. Los ayuntamientos exigen el desbroce de solares, la poda de árboles y la eliminación de maleza seca. La gestión pública y privada del suelo sustituye al caos de la vegetación salvaje e inflamable. Curiosamente hay políticas ecologistas que se oponen al desbroce de bosques alegando que no es natural cuando el desbroce los salvaría de incendios como se ha hecho siempre.

En una zona despoblada, un rayo o una colilla pueden quemar hectáreas antes de que alguien lo note. En una zona urbanizada hay cualquier columna de humo se detecta en segundos por los vecinos, permitiendo apagar el fuego cuando escontrolable.

A pesar de este cúmulo de evidencias la mayoría de los políticos se oponen a construir, algunos pensando que el hormigón gana terreno a la naturaleza, pero crear urbanizaciones más bien previene que la naturaleza sea arrasada. Además es un sinsentido que aboguemos por una inmigración masiva sin una creación igual o más masiva de vivienda.

Aritz Lizarraga Olascoaga

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