La Restauración de la Naturaleza y la abolición del hombre

El Consejo de la UE ha aprobado finalmente, tras haber pasado previamente por el Parlamento de la UE, la famosa Ley de Restauración de la Naturaleza. Poco ha faltado para que el proyecto descarrilara pero al final ha salido adelante, para desasosiego de todo el sector agrícola y ganadero. Restaurar la naturaleza puede sonar como algo deseable, pero se trata de un envoltorio que contiene una legislación plagada de trampas.

Restaruar la naturales no es lo mismo que cuidar o proteger la naturaleza. Todos queremos cuidar y proteger la naturaleza. Para empezar toda la gente del sector primario, que vive de ella. El problema es que la idea de restaurar la naturaleza, llevada a su extremo, nos devolvería a la naturaleza tal como era antes de la aparición del hombre en la tierra. Sin caminos y carreteras, sin cultivos, sin ganadería, sin aprovechamientos forestales, sin canales, sin embalses, sin presas… ¿Cuál es el problema? Que cuando apareció la humanidad antes de empezar a aprovechar y trabajar el campo pasaba mucho hambre. De hecho, la civilización comienza al pasarse del Paleolítico al Neolítico, cuando se empieza a cultivar la tierra y a criar el ganado. Esto multiplica los recursos, fija la población a un sitio, provoca el paso de una sociedad nómada a una sedentaria, aparecen las ciudades y avanzamos desde una sociedad de subsistencia a una sociedad desarrollada. Aumenta la población, mejora la natalidad, crece la esperanza de vida, aparece el comercio… ¿Dónde está por tanto el límite a la idea de restaurar la naturaleza? ¿En volver al Paleolítico?

La Ley de Restauración de la Naturaleza ofrece especial protección a todas las tierras comprendidas bajo la Red Natura 2000, en virtud de la cual un 40% del territorio español queda sometido a diversos tipos de protecciones y restricciones, con un 22,93% del territorio declarado LIC o un 19,94% declarado ZEPA. Esto nos convierte por tanto en uno de los países con más porcentaje de territorio protegido de la UE.

Proteger la naturaleza está bien, pero restaurarla es harina de otro costal. Tiene que haber un equilibrio entre aprovechamiento y protección. Restaurar la naturaleza no puede responder a un enfoque absoluto. La naturaleza es un interés en juego, obviamente, pero no puede ser el único interés a proteger o el único que se coloca en la balanza, si siquiera hay balanza. Además de la protección de la naturaleza hay que garantizar la producción de alimentos. No sólo la producción, sino que la producción sea rentable para el sector primario y que por otro lado los precios no resulten desorbitados para el consumidor. La soberanía alimentaria es otro asunto fundamental. No se puede cargar a los ganaderos y agricultores con normas que les hacen imposible producir o competir con la producción de otros países en apabullante desigualdad. Tampoco se pueden imponer cargas y regulaciones a los ganaderos y agricultores, algunas en virtud de la salud, mientras al mismo tiempo se dejan entrar productos de otros países mucho más baratos y que no cumplen esas normativas de salud. De este modo condenamos a nuestros ganaderos y agricultores y encima no protegemos la salud. Al final el pequeño ganadero y agricultor no puede competir y cumplir las exigencias normativas y las tierras se van abandonando, o van quedando en manos de fondos y grandes aprovechamientos que son los únicos que pueden hacer frente a esas asfixiantes exigencias para el pequeño ganadero o agricultor.

Cuidar la naturaleza sí, restaurarla o prestarle culto no. Todo esto además forma parte de un conjunto más amplio en el que esta restauración de la naturaleza forma parte de un cambio de nuestro modelo de vida, del que también forman parte la transición energética y la transición alimentaria. Obviamente al final todo va junto. Por eso la restauración de la naturaleza va acompañada nuevas dietas para la humanidad basadas en el abandono del consumo de carne, las dietas de gusanos y los alimentos sintéticos. Hay que tener una visión general o no hay manera de entender el nivel de amenaza. No tendrás nada, adorarás al gobierno global, comerás gusanos, todo estará regulado y explotarás de felicidad.

En todo esto también juega un papel el cordón sanitario a la “extrema derecha”, entendida como tal toda forma de pensar que ponga en cuestión el discurso dominante, lo que otorga un poder extraordinario y muy por encima de su representación real a las formaciones verdes y ecologistas, algunas de las cuales practican un auténtico eco-integrismo que pretende prácticamente devolvernos a las cavernas. Este eco-integrismo, irónicamente, convive con otros intereses que pretenden suprimir todas las tierras de cultivo para tapizar los campos con placas solares, o convertir a la mitad del planeta en un cementerio de baterías para proporcionar energía cara y escasa a la otra mitad.

El problema es que la Ley de Restauración de la Naturaleza, la Agenda 2030 y el gobierno de Davos forman parte de un mismo plan. En ese mismo plan unos pocos tendrán todo el poder y todos los recursos. Se harán inmensamente ricos sin tener que competir en el libre mercado, medrando a la sombra de las nuevas legislaciones verdes y los gobiernos que las imponen. Serán inatacables porque se presentan como los salvadores del mundo. Y presentan su proyecto como un modelo que no es elegible ni reversible. Si algo falla en el plan y no somos todos tan felices como se supone, nos habrán desposeído por el camino de toda capacidad de protestar o desmantelar ese plan. En realidad todo hace temer que ese justo es el plan.

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Un comentario

  1. “Esta restauración de la naturaleza forma parte de un cambio de nuestro modelo de vida, del que también forman parte la transición energética y la transición alimentaria.”
    Ésta es la clave. Nos toman por idiotas. Se les va a acabar.

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