Uno de los capítulos principales entre los problemas ocurridos este verano es el azote de los incendios. Podríamos pensar que cuestiones como los incendios, las epidemias o las inundaciones son cosas que pertenecen a la naturaleza, escapan al control humano y no se puede responsabilizar al gobierno. Sin embargo vemos cómo este principio se abraza de manera selectiva de forma que sirve para exculpar sistemáticamente a Sánchez, mientras la izquierda utiliza de forma igualmente sistemática los incendios, las epidemias, las inundaciones o cualquier desgracia contra sus rivales políticos. La verdad es que los incendios, las epidemias, los terremotos o las inundaciones es cierto que no está totalmente en manos de los políticos controlarlos, pero tampoco se puede sostener que no tienen capacidad de actuación alguna ni para evitarlos ni para paliarlos.
"Si necesitan más recursos, que los pidan" pic.twitter.com/bNIKpVbVzj
— Willy Tolerdo (@WillyTolerdoo) November 8, 2024
En el caso de los ríos, por ejemplo, a la izquierda no le gustan las obras hidraúlicas porque alteran artificialmente el curso natural del agua y lo natural es inundarse y ahogarse. Encauzar el agua significa acelerarla y para la izquierda es mucho mejor que se desborde y lo inunde todo. La cuestión es más filosófica que técnica y parte de la premisa de que la naturaleza es buena y el hombre malo, así que el hombre no debe tocar la naturaleza. Las inundaciones de este modo nos llegan sin limpiar los cauces y sin haber hecho obras hidraúlicas ni pantanos. ¿Por qué las catástrofes naturales tienen mucha mayor incidencia en el tercer mundo que en el primero pese a que la naturaleza se encuentra mucho menos modelada en el tercer mundo que en el primero?

La izquierda no tiene respuesta para ello. En un país como España, en el que alternan las sequías y las inundaciones, ya los romanos sabían que si querías agua todo el año necesitabas embalses y acueductos. Los bárbaros, por el contrario. cuando se quedaban sin agua tenían que recurrir a recetas más telúricas y ecológicas como ofrecer a los dioses a cambio de agua sacrificios humanos, con resultados bastante dudosos. Los pantanos no sólo garantizan el suministro de agua, también frenan las inundaciones conteniendo las avenidas. Esto no significa que el ser humano pueda tener un control absoluto, pero sí que existe un cierto margen de maniobra para mitigar los males o para paliarlos a posteriori. Lo mismo pasa con los incendios.
Para evitar incendios o reducir su magnitud es preciso empezar a actuar contra ellos preventivamente desde el invierno. Hace falta limpiar el monte, evitar el abandono y construir cortafuegos. Un monte abandonado en invierno es gasolina par el verano. Este invierno hemos tenido en España lluvias abundantes que han impulsado el crecimiento exuberante de vegetación y maleza. En verano en cambio hemos tenido constantes temperaturas abrasadoras cercanas a los 40 grados. Toda esa masa forestal se ha convertido por tanto en combustible acumulado para alimentar gigantescos incendios. La política de no tocar el monte tiene un precio y no es irrelevante de cara a los resultados. No podemos controlar los desastres naturales pero podemos hacer cosas, o no hacerlas, para intentar minimizar la incidencia o las consecuencias. Los grandes incendios e inundaciones de los últimos tiempos han venido a alimentar el debate sobre esta disyuntiva entra el abandono de los montes o cauces y la “renaturalización” que propone la izquierda, o el trabajo y la prevención como propone la derecha.
🚜Daniel, agricultor en el incendio de Riglos: "Durante el año no podemos cortar una rama y ahora, que le vemos las orejas al lobo, todo vale"
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En cierto modo la izquierda ya está perdiendo el debate cuando asegura que ella no prohíbe tocar los montes, aunque los hechos evidencian que los trámites, plazos, costes, permisos y burocracias que la izquierda impone para tocar una rama equivalen de hecho a que nadie pueda tocarla, los resultados por otro lado están a la vista y la gente de campo está harta de explicarlo y advertir sobre ello. Desde este punto de vista resulta un tanto irrelevante el posicionamiento respecto al cambio climático, de hecho cuanto más amenazado se sienta alguien por el calentamiento, más debiera abrirse a obras y actuaciones preventivas que limitaran las consecuencias de un aumento de las inundaciones o los incendios, y no lo contrario.
Solo la mitad de los Canadair españoles están operativos tras fracasar su modernizaciónhttps://t.co/z7JHAEIiH0
— Avion Revue Internacional (@AvionRevueInt) July 24, 2026
Por supuesto el sanchismo no decepciona tampoco al analizarse los medios dedicados por el gobierno en la lucha contra los incendios. El dato más significativo a este respecto es el de los icónicos hidroaviones del Grupo 43 del Ejército del Aire, que todos los veranos realizan un trabajo impagable arrojando cargas y cargas de agua sobre las llamas. Pues bien, hasta 2022 la flota de hidroaviones contra incendios era de 18 aparatos, frente a los 14 que tenemos este abrasador verano sanchista. ¿Cómo es posible que haya disminuido estos años el número de hidroaviones contra incendios en España? ¿Cómo es posible que, además, el sanchismo haya recortado el número de aparatos mientras nos ha achicharrado con más impuestos y las arcas públicas recaudan a niveles nunca antes vistos? No sólo eso, tenemos 14 aparatos pero el hecho es además que sólo 7 de ellos se encuentran operativos, en buena medida porque son aviones muchos de los cuales tienen muchos años y tenían que haber sido sustituidos. A la izquierda se le llena la boca hablando de los recortes de la derecha, pero el hecho es que Sánchez nos deja sin hidroaviones mientras los montes arden y él se da chapuzones en La Mareta. ¿Dónde va todo el dinero que gestiona el sanchismo?
No sé qué clase de persona, cuando la casa de su vecino se incendia, antes de ayudar pregunta primero a quién vota su vecino. Bueno, en realidad sí lo sé. https://t.co/WTNlCgjrbO
— Adolfo (@adolfopamplona) July 26, 2026
En todas estas cuestiones interesa fijarse entre otras cosas en lo dicho por los diversos analistas y observadores en el pasado. Es decir, normalmente las predicciones que se cumplen son las de quien tiene el diagnóstico correcto. Comprobar si lo que pasa coincide o no con lo vaticinado ayuda a separar los analistas que hicieron un diagnóstico correcto de los que no. ¿Quiénes venían avisando de los riesgos de dejar los bosques “renaturalizados” o mejor dicho abandonados y dejados a su suerte para que las llamas no encontraran obstáculo?
Cuando se acabe la temporada de incendios y empiece la de las danas, gotas frías e inundaciones, ¿volveremos a ser víctimas de seguir sin escuchar a quienes vienen advirtiendo de la necesidad de limpiar los cauces y hacer mayores obras hidraúlicas? De ser víctimas del discurso renaturalizador por el fuego, en breve pasaramos a ser víctimas del recurso renaturalizador por el agua. Lo que no se puede negar es la habilidad de la izquierda para reconducir los problemas de fondo hacia relatos superficiales, en que lo importante y decisivo es cualquier cosa menos todo lo hecho o no hecho durante años para minimizar un desastre.