Cuestionar la llamada violencia de género es un tabú. No se puede pensar sobre esto. Lo que hay que pensar sobre esto el discurso dominante woke ya lo ha pensado por ti. El que se sale de la raya es señalado como un hereje y cancelado, acusado de machismo, negacionista y enemigo de la mujer. Por tanto la sumisión al discurso único dominante es global, porque no se basa en la fuerza de los argumentos sino en el temor a las represalias. Es directamente impensable que un famoso dijera en público una palabra cuestionando la ortodoxia del discurso sobre la violencia de género. Nunca más volvería a actuar en una película, a ser contratado en un concierto o a recibir un galardón literario. La violencia en pareja se explica por la opresión patriarcal machista y punto redondo. ¿Pero realmente la llamada “violencia de género” la explica el machismo? ¿Es cierto que esta violencia no tiene otra explicación que creerse un género superior al otro? ¿No puede un progresista agredir a su pareja? ¿Qué hacemos con esos casos: negar que existan o que sea progresista el protagonista? Vemos algunos datos.

A la hora de buscar datos, sin embargo, nos encontramos con el primer problema. ¿Dónde están esos datos? España dedica cientos de millones a estudiar la igualdad, la violencia de género y los casos de violencia contra la mujer, pero de todos esos euros ni uno se destina a buscar datos que no reafirmen el discurso de género. Sin embargo son esos datos los que buscamos. Por ejemplo, ¿hay violencia dentro de las parejas del mismo género? ¿Más o menos violencia que entre las parejas heterosexuales? ¿Hay violencia entre las parejas de mujeres? Son cuestiones relevantes porque en principio no podría haber violencia racista entre personas de la misma raza o violencia de género entre personas del mismo género. ¿Por qué apenas se investiga sobre estos datos? ¿Acaso porque no gustan los resultados?

Los estudios más extensos que han tenido lugar sobre la violencia en todo tipo de parejas se han llevado a cabo en los Estados Unidos. Encuestas nacionales como la National Intimate Partner and Sexual Violence Survey (NISVS), del CDC de EE.UU, hablan de un 35% de violencia sufrida por las mujeres en parejas heterosexuales, pero es que esa violencia escala al 41% entre parejas de lesbianas y al 61% en parejas de bisexuales. Cabe señalar que ese tipo de violencia incluye la física y psicológica. Un 26% de hombres heterosexuales reportaron haber sido abofeteados en algún momento de su vida por parte de una mujer con la que estaban emparejados.

Estudios llevados a cabo en España o en la Unión Europea, dentro del escaso material que se puede encontrar al respecto, confirman de manera bastante aproximada las conclusiones de los estudios en los Estados Unidos. Un estudio de la Universidad de Murcia de 2019 concluyó que la violencia en pareja (física, psicológica, interpersonal y social) aparece de forma similar e independiente de la orientación sexual. No se encontraron diferencias significativas entre grupos. La violencia se presentaba en todos los tipos de parejas. En el informe COGAM (2017), el 30% de homosexuales reconoció haber ejercido violencia contra su pareja y un porcentaje equivalente haberla sufrido. En la Unión Europea, las encuestas de la FRA (European Union Agency for Fundamental Rights) se centran en la violencia contra las mujeres o contra personas LGTBI, las mujeres no heterosexuales (lesbianas y bisexuales) suelen reportar tasas más altas de violencia por pareja que las heterosexuales, similar al patrón de EE.UU.
¿Qué quiere decir todo lo anterior? Si la violencia en parejas del mismo sexo (intragénero) es comparable o superior a la de parejas heterosexuales, ¿cómo podemos hablar de violencia de género? Lo que llamamos violencia de género no debería existir en parejas del mismo género. Si también existe violencia entre las parejas del mismo género, ¿no es acaso la misma violencia que entre las parejas heterosexuales? ¿Por qué a una la llamamos de género y a otra no? ¿Para criminalizar a las parejas heterosexuales? ¿Para criminalizar al género masculino? Si observamos el mismo tipo de violencia en todas las parejas, ¿por qué no la llamamos violencia de pareja en vez de violencia de género? Cuantitativamente es evidente que hay más violencia entre las parejas heterosexuales, porque el 98% de las parejas son heterosexuales, ¿pero hay proporcionalmente más violencia entre las parejas heterosexuales o más bien lo contrario? Parece claro que hay más asesinos de mujeres que asesinas de hombres, pero no por un odio de género. Los hombres representan un porcentaje muy superior a la mujer en la comisión de cualquier delito violento, no sólo en la llamada violencia de género.

Un estudio llamativo que podríamos añadir a esta reflexión sería el de Mize y Shackelford de 2008, que analizó 51.007 homicidios en pareja entre 1976 y 2001, basándose en datos del FBI. El resultado fue que la tasa de homicidios por millón de parejas era de 63,72 entre parejas de hombres, de 21,2 entre parejas heterosexuales y de 9,07 entre parejas de mujeres. Es decir, que el tipo de pareja en el que hay más homicidios sería la pareja homosexual masculina. No sería sin embargo violencia de género, porque sería violencia intragénero. Alguien podría alegar que sí es violencia de género porque un miembro de la pareja asume el rol masculino y otro el femenino, pero esto por un lado sería casi negar el matrimonio homosexual y por otro a nadie se le ocurre reducir toda la violencia a violencia racista, y decir cuando la violencia es entre dos negros que uno asume el rol de blanco. Lo que está claro es que los hombres son más violentos que las mujeres, o al menos ejercen una violencia física mayor, lo que se traduce en un número mayor de asesinatos. Sin embargo esta mayor violencia no se explica por el género de la víctima porque los hombres son igual de violentos o más entre ellos y con su pareja masculina que con su pareja femenina. En caso de violencia psicológica o violencia física no letal resulta presente en todos los tipos de pareja, similar de hombres hacia mujeres que de mujeres hacia hombres, e incluso más entre las parejas homosexuales que entre las heterosexuales. Por tanto la pregunta de si existe violencia de género o en realidad deberíamos hablar de violencia de pareja tiene sentido. En este sentido también es evidente que la víctima de la violencia es la pareja, no una persona cualquiera al azar del otro género, lo que incide una vez más que el elemento diferenciador es la pareja y no el género. Lamentablemente los datos son escasos y harían falta estudios más concluyentes, pero da la impresión de que esta falta de de datos y estudios no es inocente, sino que se trata de una carencia destinada a que no se puedan poder en cuestión las teorías dominantes de género.