Navarra Suma otra vez

UPN y PP se plantean según lo publicado (y ya conocido) un acercamiento de cara a una posible alianza en la siguiente cita con las urnas. La maniobra tiene sentido. En Navarra, por un lado, en unas generales sólo se reparten 5 diputados, por lo que la división siempre genera riesgos y la unidad genera oportunidades, aunque con algunos matices. También a veces se abarca más con dos partidos cuyos espectros ideológicos no se superponen (quizá no sea el caso de PP y UPN) que con una amalgama. Otrotanto podría decirse respecto a las elecciones autonómicas. La unidad no hace milagros y el principal riesgo foral para un partido es en realidad no llegar al umbral de 3% de representación y quedarse fuera del parlamento. En ese sentido PP, UPN y VOX parecen de momento tener expectativas holgadas para no encontrarse con ese problema. La principal virtud de un acuerdo entre PP y UPN la encontraríamos de cara a las elecciones municipales, donde la división ahí sí puede hacer ganar o perder absurdamente algunos ayuntamientos.

La alianza entre UPN y el PP no se encuentra sin embargo exenta de problemas, como ya se ha comprobado hasta la saciedad en el pasado. La principal cuestión a este respecto es, ¿qué quiere UPN? Si su expectativa es, como desde que se enunció la teoría del quesito, pactar con el PSOE para regresar al poder en Navarra, el pacto con el PP se convierte en un lastre, porque UPN no puede estar al mismo tiempo (o malamente) de la mano del PP en Madrid y de la mano del PSOE en Navarra. El asunto de fondo es que UPN hace tiempo que ha renunciado a gobernar con otra aritmética (porque no la cree posible) que no sea la suma de UPN y PSN. Es más, en los últimos año ya Esparza e Ibarrola planteaban abiertamente añadir en la coalición a Geroa. Obviamente un gobierno de UPN con el PSN, no digamos además con Geroa, implicaría renunciar a cualquier cambio de fondo de las políticas actuales, sino más bien a consolidarlas. No se puede desmantelar el marco nacional socialista de la mano de nacionalistas y socialistas. Otra cosa es que de lo que se trate sea meramente de sentar en la presidencia y las consejerías a los líderes de UPN.

Obviamente un pacto UPN-PSN pasaría por la previa caída del sanchismo. Con Sánchez en el gobierno y mayoría sanchista sólo serían posibles otros 4 años al menos de travesía del desierto. Si Sánchez cayera y se formara un gobierno alternativo, sin embargo, UPN espera que eso supusiera un retorno al mítico socialismo bueno que permitiera en Navarra un gobierno de coalición, o al menos un gobierno en minoría de UPN tolerado por el PSN. Esto suscita por tanto al menos un par de cuestiones.

En primer lugar, ¿es posible un socialismo bueno? ¿Qué PSOE podría surgir después del sanchismo? Para empezar hay quien piensa que Sánchez, después de hacerse con el control absoluto de la estructura del partido, podría seguir aferrado al liderazgo del PSOE aunque perdiera las elecciones. Puede que sí, o puede que no, aparte del horizonte judicial que le esperaría a Sánchez fuera de Moncloa. En todo caso, nadie garantiza que del PSOE post sanchista en la oposición no pudiera salir algo todavía pero que el sanchismo. La izquierda internacional, aunque pierda terreno, se encuentra en un proceso global de radicalización, no de moderación. De unas bases totalmente extremadas y radicalizadas como las del PSOE, por otro lado, no se puede esperar demasiado que brote en unas primarias tras Sánchez otra cosa que un líder extremista y radical, que además siga intentado captar voto de la descomposición de Sumar y Podemos. Todo sugiere, si no hay un pucherazo de por medio, que el PSOE va a sufrir un gran descalabro electoral, pero que este todavía sería mucho mayor sin estar quitándole voto a Sumar y Podemos. Puede que ya el PSOE no pueda ni queriendo girar hacia el centro. Lo deseable de hecho sería un nuevo partido de izquierda y que el PSOE quedara para lo que nació, para representar a la extrema izquierda.

En segundo lugar, si tras las elecciones generales y la hipotética caída de Sánchez efectivamente apareciera un PSOE más moderado y posibilista, puede que esto abriera la puerta a un acuerdo entre UPN y PSN en Navarra y a un gobierno de Ibarrola, ¿pero qué pasaría entonces con el PP? La alianza con el PP en Madrid pasaría a ser un obstáculo y el escenario que se abriría podría ser otra ruptura como la de Navarra Suma, la cual dio lugar a la rebelión el día de la votación de la reforma laboral y a la salida de UPN de Sayas y Adanero, ahora en el PP. La ruptura de UPN con el PP, pactada en Madrid entre Esparza y Cerdán, no fue por otro lado sino una repetición de la que ya escenificó en su día Miguel Sánz. Mientras gobernar Navarra no pase por una mayoría de partidos a la derecha del PSOE, las alianzas en Madrid pueden resultar complicadas. Bien es cierto que esas alianzas pueden ser más sencillas si el PSOE no gobierna la nación, de modo que UPN no tenga que estar al mismo tiempo gobernando con el PSOE a un nivel y contra un gobierno PSOE en otro nivel.

Por lo demás, el asunto esencial en Navarra, en realidad en España y en el mundo, no es sólo buscar sumas aritméticas con piezas de colores de Lego. Lo trascendental es convencer a una amplia mayoría social de otra visión del mundo. Crear una mayoría social que permita una mayoría electoral alternativa. Crear una mayoría electoral alternativa que permita no sólo cambiar de gobierno, sino de políticas. Eso es difícil en general y en Navarra en particular, pero es el único camino. Para cambiar el voto de la gente hace falta dar la famosa batalla de las ideas, por lenta y cruenta que sea esa lucha. Dando esa batalla es sólo dificilísmo cambiar el voto de la gente, pero sin dar esa batalla es completamente imposible.

No se trata por tanto únicamente de buscar pactos, sino de convencer a la mayoría de que es posible y beneficiosa otra política educativa (lo estamos viendo), otra política de inmigración y seguridad (no digamos), otra política sanitaria, otra política económica y fiscal, otra forma de abordar cuestiones como el aborto, la familia o las llamadas “políticas de género”. Al menos, tras muchos años de predominio woke, la batalla tiene a nuestro favor la evidencia de que todas las políticas izquierdistas en todos esos ámbitos nos conducen no al paraíso proletario, sino a la desestructuración y el colapso. No se trata por tanto, como suelen plantear PP y UPN, de presentarse frente al PSOE como partidos dispuestos a hacer lo mismo que el PSOE pero mejor. Lo mismo pero mejor gestionado. Como si el fracaso de las recetas socialistas fuera un problema sólo de gestión. Como si hubiera una forma de gestionar las cosas (nunca vista) que pudiera convertir en exitosas a largo plazo las fórmulas izquierdistas. Bienvenidas sean las alianzas que permitan formar un gobierno alternativo, siempre que lo alternativo sean las políticas y no solamente las caras.

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