Suele repetirse a menudo, con ingenuidad, que ETA mata pero no miente. No es cierto. El nacionalismo miente y ETA era/es una organización terrorista y nacionalista que mata y miente. Todo el relato nacionalista sobre la historia es mentira y la mayor de la mentiras del relato nacionalista es su famoso mapa de Euskal Herria.

Políticamente, el mapa de Euskal Herria que constantemente airean los nacionalistas no ha existido nunca. Las provincias vascas, Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, han formado parte de Navarra sólo intermitentemente y sólo durante breves periodos de la historia. Salvo un período de 11 años a lo largo de la historia del Reino de Navarra-Pamplona, no han formado parte de Navarra además de modo simultáneo, de forma que, por ejemplo, la actual Guipúzcoa formó parte de Navarra en momentos en que no formaba parte Vizcaya.

No sólo eso, cuando las provincias vascas en algún momento formaron parte del Reino de Navarra, no eran las únicas provincias españolas que formaban parte del reino de Navarra. De este modo, cuando en el siglo XI las actuales provincias vascas pertenecieron a Navarra, también pertenecían a Navarra Nájera en La Rioja o Sobrarbe y Ribagorza en Aragón, ¿por qué se nos presenta el mapa de Euskal Herria como un mapa histórico cuando se mutila el territorio real de Navarra para que coincida con el proyecto independentista vasco actual? Naturalmente en aquella época el concepto de estado-nación como lo conocemos hoy no era el mismo, los reyes tenían territorios con los que negociaban y guerreaban, o agrupaban o dividían entre los hijos como si fueran los pisos de un patrimonio.

Políticamente, en todo caso Euskal Herria nunca ha existido. Euskal Herria, como la Hispanidad, es un concepto cultural y no político. La olvidada Nájera, en La Rioja, llegó a ser capital navarra y sin embargo nunca fue capital navarra ninguna de las capitales vascas. ¿Por qué la obsesión de los nacionalistas con el euskera y con imponerlo en todo el territorio del mapa que han inventado? Utilizan a Navarra para dar algún tipo de coherencia y legitimidad a ese mapa. El problema es que el mapa de Euskal Herria que se han inventado tampoco refleja una realidad lingüística, por eso hay que crearla y por eso para crearla hay que imponerla. La realidad es que si Euskal Herria es el territorio en que se habla el euskera o el ámbito de la cultura vasca, y que si para considerar euskerizado un territorio tiene que existir un porcentaje significativo de población vascoparlante, entonces el mapa de Euskal Herria se parecería bastante a esto y no al mapa falso que nos presenta el nacionalismo. Los nacionalistas hacen algo así como confundir España con La Hispanidad, presentar la Hispanidad como un estado político, y después añadir Brasil aunque no sea una zona castellanoparlante.

Aún podríamos decir más. Hasta la caída del reino visigodo, mientras que en Navarra habitaban los vascones, en las provincias vascas habitaban los várdulos, caristios y autrigones, pueblos de origen visigodo que no hablaban euskera y no tenían cuktura vasca. No fue hasta mucho más tarde, según muchos estudiosos, cuando sobre todo Alava y Vizcaya fueron “vasconizadas” o “vascongadas” desde Navarra, por lo que el nombre de Provincias Vascongadas le resulta particularmente doloroso al nacionalismo.

Por supuesto toda construcción histórica o cultural que se intente trasladar al ámbito político tendría su eje central en Navarra, que siempre ha sido un crisol multicultural. Lo que pretende el nacionalismo vasco euskadiano y uniformizador es sin embargo lo opuesto. Es Navarra la que quedaría anexionada a la CAV, es Navarra la que quedaría convertida en una mera provincia vasca sin apenas competencias ni capacidad de autogestión, es la ikurriña la bandera que representaría a ese territorio al que Navarra habría sido anexionada. Nos inundan Navarra con la ikurriña, pero en cambio no inundan la CAV con la bandera de Navarra. Nadie va a abrirse camino a golpes para desplegar una enorme bandera navarra cuando comiencen las fiestas de Bilbao, Vitoria o San Sebastián. No hay una disposición transitoria en la Constitución en la que sea la CAV la que pueda ser anexionada a Navarra y pasando a formar parte del régimen foral sino a la inversa. Una anexión, por cierto, que no prevé mecanismos de reversión. Se acusa a partidos como en su momento Ciudadanos, o ahora VOX, de querer eliminar el sistema autonómico, pero lo cierto es que los escenarios de Pradales y Otegui son una Euskadi de 4 provincias o una España de 16 autonomías. Más ofensivo que querer acabar con las 17 autonomías es querer acabar sólo con Navarra. Por todo esto el nacionalismo en Navarra nunca supera el 30%, por eso la ikurriña hay que meterla a golpes en el Chupinazo y por eso el relato nacionalista de la historia es una deformación construida con trozos y a martillazos.