La tasa de variación anual del Índice de Precios de Vivienda en Navarra dice el gobierno foral que “se modera” hasta el 10,5%. Por lo visto las subidas de precios de doble dígito son ahora ya moderadas en estos tiempos de justicia social, ecosostenibilidad feminista y progreso. Por tipología de vivienda, las casas de segunda mano crecen un 12,8% mientras que la vivienda nueva lo hace el 6,2%.

Lo cierto es que el precio de la vivienda nueva crece menos que hace unos trimestres, que no significa lo mismo que bajar. Es decir, los precios no bajan y ni siquiera se mantienen, sino que siguen subiendo sólo que suben un poco menos, siempre que hablemos de vivienda nueva y siempre que llamemos menos a cifras en torno al 6%, cosa que sólo podemos hacer cuando venimos de subidas de precio del 16%. En el precio de vivienda usada seguimos de hecho en máximos y con subidas de doble dígito.

Como puede apreciarse, la “moderación” en el precio de la vivienda nueva no es un fenómeno particular de Navarra sino general en toda España y en casi todas las comunidades, por tanto no es una peculiaridad o una medalla que se pueda anotar el gobierno foral. Donde el gobierno foral sí intenta sacar pecho es en el precio del alquiler, que en las zonas tensionadas baja un 2%. Eso sí, baja un 2% al precio de que la oferta se reduzca un 20%. ¿Qué significa esto? Pues que si va usted al supermercado chavista de la esquina los plátanos serán un 2% más baratos, sólo que no hay plátanos en el supermercado.

Navarra como el conjunto de España, aunque un poco más por la peculiaridad negativa de nuestro ejecutivo foral, es victima de la normalización de una serie de políticas que hace unos años sólo defendían partidos y plataformas de extrema, extrema, extrema izquierda, cuya referencia intelectual y moral era la Venezuela chavista. Persiguiendo a los propietarios, interviniendo los precios, creando una burocracia y una fiscalidad infernales, y negando que falten viviendas y que por tanto haya que construirlas, estamos como estamos pero nos podemos dar por contentos, porque mañana estaremos peor mientras no haya algún cambio.