La noticia no es que la policía detenga 26 vándalos borrokas, es que el partido del alcalde los apoye

La Policía Nacional, en el marco de la investigación por los graves disturbios del pasado 30 de octubre en Pamplona, ha detenido a 28 personas identificadas como miembros de la violenta manada abertzale que vandalizó el campus de la UNAV, Iturrama y Azpilagaña. Una visita de Vito Quiles a Pamplona sirvió de pretexto a la horda abertzale para agredir, vandalizar, destrozar y sembrar el caos por las calles de la capital. Periodistas y viandantes que les reprocharon su actitud agredidos, lanzamiento de objetos contra la policía, comercios atacados, contenedores volcados y, como los nazis, una estela de cristales rotos a su paso: ese fue el balance del desfile de la horda por las calles de Pamplona.

Vito Quiles podrá gustar más o menos, pero o lo que hace es legal o es ilegal. Si es ilegal, se interpone la correspondiente denuncia, si es legal está en su derecho a hacerlo se simpatice o no se simpatice con él. Lo que no se puede tolerar es que una partida de salvajes encapuchados impongan la ley del terror, decidiendo quién puede hablar o no y qué se puede o no se puede decir bajo el pretexto de que quien lo dice es fascista. Por supuesto son ellos los que deciden, a botellazos, quién es fascista y quién no. En realidad el procedimiento se encuentra al nivel de la sencillez de su pensamiento: es fascista todo el que no piensa como yo, ergo está justificado agredir a todo el que piensa como yo, y para poder agredir a todo el que no piensa como yo lo llamo fascista.

El fascismo atrajo a muchas personas sin un propósito en la vida, cuya única forma de visibilizarse y adquirir relevancia era el ejercicio de la violencia. Su vida con Hitler pasó a ser importante porque podían pegar al resto de la gente o decidir quién vivía y quién no. Es la forma más salvaje y primitiva de dar valor a una vida, a costa de la vida del resto, pero el nazismo se la ofrecía. Ese mismo perfil de personas siguen existiendo en nuestros días. De hecho ese tipo de personas no son consecuencia del fascismo u otros movimientos totalitarios, sino su presupuesto, su caldo de cultivo. En la Navarra actual y desde las últimas décadas quien ofrece un cauce para dar valor y propósito a sus vidas a este tipo de personas no es el fascismo, sino el nacionalismo vasco y la extrema izquierda, que en el caso de la izquierda abertzale se suman.

Siendo muy graves los hechos objetivos y la violencia material de la manada, más grave aún es el caldo político y social de cultivo del que brota esta horda, los medios y los partidos políticos que la apoyan. La noticia realmente grave por tanto no es que se haya detenido a 26 salvajes de la horda, sino que haya partidos que se opongan a las detenciones o lo que es lo mismo: que defiendan la violencia de la horda y su impunidad.

El apoyo de partidos como Bildu a la horda abertzale violenta no es inocente. Se trata de una justificación de la violencia contra la gente que no piensa como Bildu. Da igual que sea el campus de la UNAV o la calle Curia, siempre es la misma historia, antes y ahora. No han evolucionado nada. Llaman todavía presos políticos a los etarras y exigen su excarcelación porque no los consideran asesinos, porque por tanto los justifican, y los justifican porque consideran a sus víctimas merecedoras de su violencia, y porque les gusta que esa violencia contra quienes no piensan como ellos se pueda realizar con impunidad. La postura de Bildu respecto a la manada abertzale es recordarles que la estrategia en este momento no es matar, pero que al que piensa distinto sí se le puede pegar, y que para demostrar quién manda, o sea quién es el más violento, hay que hacer de vez en cuando una pequeña demostración. Esta es la gente que manda en Pamplona y la que sostiene a Chivite y a Sánchez en su sillón.

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