Orban ha perdido las elecciones en Hungría y el nuevo presidente del país, que podrá gobernar con una amplia mayoría, será Péter Magyar. La izquierda española lo celebra porque Orban, dicho sea en honor de Orban, ha sido el enemigo a batir durante 16 años, que a la izquierda europea se le han hecho larguísimos. La pregunta sin embargo es si la izquierda tiene realmente mucho que celebrar con estos últimos resultados, o puesto por pasiva si tiene la derecha mucho que lamentar.
Hungary’s Viktor Orban: “The election result, although not yet complete, is understandable and clear, painful for us, but unequivocal. The opportunity and responsibility of governing were not given to us, I congratulated the winning party.” pic.twitter.com/xWQR5nK7Nw
— Open Source Intel (@Osint613) April 12, 2026
Para ubicarnos todos en el tablero, el partido de Orban, Fidesz, pertenece en el Parlamento Europeo al grupo Patriotas por Europa, el mismo grupo de VOX. En cambio Tisza, el partido de Péter Magyar cuya victoria tanto celebra la izquierda, pertenece al Grupo Popular. Más aún, como a continuación veremos Tisza podría considerarse como el equivalente húngaro al PP, pero a la facción más a la derecha dentro del PP.
Para quien no entienda bien el húngaro, se lo traduzco yo: con el 14% de los votos escrutados, el “Partido Popular” húngaro lleva el 47.7% de los votos; el “Vox” húngaro el 43.6% y la “Falange” húngara el 6.1%. Y el “sistema electoral” de Orbán les da, respectivamente 125, 65 y 8… pic.twitter.com/bbjN4S1ZpS
— Carlos Flores Juberías (@FloresJuberias) April 12, 2026
Si Orban era de derechas, y Magyar tanmbién es de derechas, ¿cuál ha sido entonces el resultado electoral? Si tanto el partido en el gobierno como el principal partido de la oposición eran de derechas, ¿cuál es el papel de la izquierda en Hungría? ¿A qué ha quedado reducida la izquierda en Hungría? El partido de Péter Magyar, el equivalente al PP, ha conseguido el 53% de los votos, mientras que Fidesz, el partido de Orban, el equivalente de VOX, ha obtenido el 38%. Esto significa que entre el PP y el VOX rumano han conseguido el 91%. El otro 6% del único partido que ha conseguido representación corresponde a Mi Hazánk Mozgalom (Nuestra Patria), un partido que todavía se encuentra a la derecha de Orban. El Partido Socialista de Hungría no ha obtenido representación y sólo ha recabado el 0,5% de los votos. En definitiva, la izquierda está entusiasmada por unos resultados como consecuencia de los cuales en el parlamento húngaro sólo va a estar representada la derecha, la derecha de la derecha y la derecha de la derecha de la derecha. Alguno en la izquerda ya se empieza a dar cuenta de que los motivos para estar contentos son en realidad limitados.
Podemos celebra la derrota de Orbán pero avisa que la izquierda no debe alegrarsehttps://t.co/o6r2hTKleN pic.twitter.com/SQQbRvR04W
— Europa Press TV (@europapress_tv) April 13, 2026
Obviamente existen diferencias y matices entre Orban y Magyar, o entre Fidesz y Tisza, como por ejemplo el posicionamiento respecto a Rusia o el nivel de crítica al tipo de europeísmo que encarna von der Leyen, pero de hecho la campaña en Hungría no ha girado tanto sobre cuestiones ideológicas, que no son las que marcan extraordinariamente la diferencia entre ambos partidos, como sobre otros asuntos incluyendo la economía o la corrupción. Al gobierno de Orban, más que los debates ideológicos, le han tumbado algunos casos de corrupción alrededor del gobierno o la inflación, por si quiere tomar nota Pedro Sánchez. El sanchismo, eso sí, tiene la ventaja de contar con el respaldo multimillonario de los fondos europeos, que por cierto eso sí que es un arma política de Bruselas y no lo de Putin para quitar o poner gobiernos. Péter Magyar, por lo demás, era miembro del partido de Orban hasta 2024, ocupó diversos cargos y está casado con la ex ministra de Justicia de Orban. Es por eso que en el titular definíamos a Magyar como hijo político de Orban. En Hungría es legal el aborto, aunque de una manera más restringida que la media europea, y se aprobó en su momento el latido fetal, medida que no ha impugnado y contra la que no ha hecho campaña Péter Magyar, por poner un ejemplo. Magyar tampoco es welcome refugees ni viva la inmigración sin control. ¿Qué es entonces lo que se puede esperar de Magyar? Lo único que la izquierda puede celebrar es que ya no es Orban. Por el mapa político anteriormente descrito se evidencia que en Hungría no se puede hacer política con un discurso izquierdista, por consiguiente la única incógnita respecto a Magyar es si bajo la superficie puede ser más “centrista” de lo que puede haber dejado pensar durante la campaña electoral. En todo caso serán el tiempo y las políticas concretas las que nos darán la medida de la auténtica forma de gobernar de Magyar.
🗞️ Portada del 12 de abril.
— okdiario.com (@okdiario) April 12, 2026
🔴 El Gobierno gasta 1,7 millones en acelerar la nacionalidad para que 2,3 millones de ‘nietos del exilio’ puedan votar.
✍️ Segundo Sanz (@SegundoSanz).https://t.co/YOz8ON0AEv
Por lo demás, Orban ha dado una lección de educación y deportividad en la derrota. Esto implica dos cosas. Primero que podía ser derrotado normalmente en las urnas y que en Hungría, pese a que se presentaba a Orban como un peligro para la democracia, ha funcionado la democracia. Orban no es un Maduro de izquierdas. Los personajes como Maduro son un patrimonio exclusivo de la izquierda. Segundo que quien sí se ha revelado como una amenaza para la democracia en los últimos años es la izquierda europea tanto desde cada país europeo concreto como desde el politburó de Bruselas. Pensemos como ejemplo las elecciones suspendidas en Rumanía o las candidaturas vetadas de Georgescu y Marine Le Pen. Sumemos a eso el uso de los fondos europeos como herramienta antidemocrática de chantaje que se usa para financiar gobiernos afines como el de Sánchez o castigar gobiernos alternativos como el de Orban. Llegados a este punto, cuando las noticias son que Sánchez subsidia el voto con fondos europeos y prepara un asalto al censo con varios millones de votantes importados, la pregunta es si algún día Sánchez saldrá del poder con la misma limpieza y deportividad que Orban, o si es Sánchez el auténtico peligro europeo para la democracia aunque Von der Leyen, políticamente, lo mire con ojitos golosos y sea su sugar mami.