El muro entre izquierda y derecha y el muro, además, entre PP y VOX

El muro sanchista no es uno sino dos. Uno entre izquierda y derecha, y otro dentro de la propia derecha, separando al PP de VOX. A la izquierda no le basta con un muro para separar a la izquierda de los impuros, sino que necesita otro para separar a los impuros entre sí. Es la única forma de que la izquierda pueda gobernar para siempre, haciendo imposible una mayoría de derechas. Lo que pretende la izquierda con estos muros es o que la derecha no pueda gobernar nunca, porque no sume, o que no pueda gobernar sin la izquierda, porque aunque sume una parte de la derecha deba ser eliminada de la suma. Por supuesto no hay muros a la izquierda, la izquierda puede pactar con quien quiera en su lado del muro. No hay nadie tan extremista en la izquierda como para que no se pueda contar con él para hacer la suma. La lógica que la izquierda intenta imponer en la derecha no rige para la izquierda, lo sorprendente es que alguien en la derecha pueda comprar esta asimetría en la lógica.

Para poder gobernar para siempre, la izquierda necesita además del muro entre izquierda y derecha otro muro dentro de la propia derecha. Hay que dividir a la derecha y crear un muro dentro del muro para que sea imposible una mayoría excluyendo a esa parte de los que ya están al otro lado del muro. En realidad, para la izquierda todos los del otro lado del muro son impuros. No existía todavía VOX cuando la izquierda se inventó lo del cordón sanitario:“Tenemos la obligación irrenunciable —nos va la vida y el país en esto— de crear un cordón sanitario para evitar que esta derecha más que ultramontana, cerril, troglodita, casi gótica, se adueñe del pensamiento y el espíritu español”, dijo el actor argentino Federico Luppi ya en tiempos de ZP, dando carta de naturaleza a esta expresión. No existía tampoco VOX cuando Sánchez le dijo a Rajoy “no es no” en 2016. Cualquiera puede encontrar, por lo demás, reiteradas ocasiones en que los partidos de izquierdas califican de fascista al Partido Popular o a alguno de sus líderes. Suele pasar sin embargo que el PP otorga autoridad para llamar fascista a VOX a los mismos que otro momento llaman fascista al PP. Da la impresión de que el PP a veces llama ultraderecha a VOX no porque piense que VOX es ultraderecha, sino porque así se piensa que está evitando que le llamen ultraderecha a él. Sin embargo, en la medida en que la izquierda percibe que alguien teme hacer algo por miedo a que le llamen ultraderechista, le llama ultraderechista para que no lo haga. Naturalmente no te van a dejar de llamar ultraderechista por obedecer a la izquierda. Todo lo contrario, si ve que llamarte fascista funciona paralizarte la izquierda te llamará fascista cada vez que vayas a hacer algo que no le guste.

Dividir a la derecha en dos, para la izquierda, es por tanto algo meramente funcional. No responde a una realidad. Daría lo mismo que la división fuera entre la derecha franciscana y la derecha benedictina. De lo que se trata es de convertir en maldita a toda la derecha, y si eso no basta de convertir en especialmente maldita a una parte de la derecha. Si se divide la representación de la derecha y se convierte en impura una parte, sin esa parte impura nunca sumará mayoría suficiente la otra parte de la derecha, y entonces tendrá que pactar con la izquierda o quedar bajo su dependencia. Eso es lo que busca la izquierda. Conviene recordar esto ahora que los resultados de Extremadura vuelven a traer a colación la relación entre PP y VOX y la necesidad de unir fuerzas para sumar una aritmética alternativa a la izquierda. No sólo por Extremadura, sino porque es lo que previsiblemente va a suceder en casi todas las comunidades españolas y en su momento por supuesto en el gobierno de España. Conste que esto no significa que todo el mundo a la derecha tenga que pensar lo mismo o que sólo tenga que haber en la derecha un partido. Lo que no se puede admitir es que la izquierda construya a convenicencia muros alrededor de todas esas diferencias internas de la derecha.

Por lo demás, llamar nazi a Abascal o Feijóo debería ser un delito de blanqueamiento del fascismo. La gente no puede llegar a pensar que Hitler era algo así como Vito Quiles. Viendo cómo se compara a Corina Machado con Hitler, lo que puede llegar a pensar la gente es que tampoco sería tan malo Hitler entonces. Llamando Hitler a todo el que no piensa como la izquierda, para criminalñizarlo y reprimirlo, lo que hace la izquierda en el fondo es blanquear a Hitler e infantilizar el antifascismo. La realidad es que en España no hay un partido realmente fascista con representación en el Congreso. Irónicamente, la izquierda parece lamentar esto en vez de celebrarlo. VOX es un partido a la derecha del PP, pero es que hay tanto espacio entre el PP y la extrema derecha que en ese hueco cabe un partido conservador como VOX, el orfeón donostiarra, los pisos del Gran Wyoing y las chistorras que Koldo García llevaba de Navarra a Ferraz.

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